Author Archive Padre Lacasta

VIRGEN DE COROMOTO PATRONA DE VENEZUELA

Virgen y Madre nuestra de Coromoto, que siempre has preservado la fe del pueblo venezolano. En tus manos pongo sus alegrías y esperanzas, las tristezas y sufrimientos de todos tus hijos.

Implora sobre los Obispos y Presbíteros los dones del Espíritu, para que, fieles a sus promesas sacerdotales, sean infatigables mensajeros de la Buena Nueva, especialmente entre los más pobres y necesitados.

Infunde en los religiosos y religiosas el ejemplo de tu entrega total a Dios, para que en el servicio abnegado a los hermanos los acompañe en sus trabajos y necesidades. Madre de la Iglesia, alienta a los fieles laicos, comprometidos con la Nueva Evangelización, para que, con la promoción humana y la evangelización de la cultura, sean auténticos apóstoles en el Tercer Milenio.

Protege a todas las familias venezolanas, para que sean verdaderas Iglesias domésticas, donde se custodie el tesoro de la fe y de la vida, donde se enseñe y se practique siempre la caridad fraterna. Ayuda a los católicos a ser sal y luz para los demás, como auténticos testigos de Cristo, presencia salvadora del Señor, fuente de paz, de alegría, de esperanza.

Reina y Madre Santa de Coromoto, ilumina a quienes rigen los destinos de Venezuela, para que trabajen por el progreso de todos, salvaguardando los valores morales y sociales cristianos. Ayuda a todos y cada uno de tus hijos e hijas, para que, con Cristo Nuestro Señor y Hermano, caminen juntos hacia el Padre, en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.

Oración de San Juan Pablo II a Nuestra Señora de Coromoto.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN -NOVIEMBRE 2019

Universal: Diálogo y reconciliación en el Cercano Oriente
“Para que en el Cercano Oriente, donde los diferentes componentes religiosos comparten el mismo espacio de vida, nazca un espíritu de diálogo, de encuentro y de reconciliación”.
“Es tradición que los Papas, cuando viajan a otros países como parte de su misión, se encuentren también con las autoridades y las comunidades de otras religiones. Sin esta apertura al encuentro y al diálogo, una visita papal no respondería plenamente a su finalidad, como yo la entiendo, en la línea de mis venerados predecesores. En esta perspectiva, me complace recordar de manera especial el encuentro que tuvo el Papa Benedicto XVI en este mismo lugar, en noviembre de 2006.
En efecto, las buenas relaciones y el diálogo entre los dirigentes religiosos tienen gran importancia. Representa un claro mensaje dirigido a las respectivas comunidades para expresar que el respeto mutuo y la amistad son posibles, no obstante las diferencias. Esta amistad, además de ser un valor en sí misma, adquiere especial significado y mayor importancia en tiempos de crisis, como el nuestro, crisis que en algunas zonas del mundo se convierten en auténticos dramas para poblaciones enteras.
Hay efectivamente guerras que siembran víctimas y destrucción; tensiones y conflictos interétnicos e interreligiosos; hambre y pobreza que afligen a cientos de millones de personas; daños al ambiente natural, al aire, al agua, a la tierra.
La situación en el Medio Oriente es verdaderamente trágica, especialmente en Irak y Siria. Todos sufren las consecuencias de los conflictos y la situación humanitaria es angustiosa. Pienso en tantos niños, en el sufrimiento de muchas madres, en los ancianos, los desplazados y refugiados, en la violencia de todo tipo. Es particularmente preocupante que, sobre todo a causa de un grupo extremista y fundamentalista, enteras comunidades, especialmente – aunque no sólo – cristianas y yazidíes, hayan sufrido y sigan sufriendo violencia inhumana a causa de su identidad étnica y religiosa. Se los ha sacado a la fuerza de sus hogares, tuvieron que abandonar todo para salvar sus vidas y no renegar de la fe. La violencia ha llegado también a edificios sagrados, monumentos, símbolos religiosos y al patrimonio cultural, como queriendo borrar toda huella, toda memoria del otro.
Como dirigentes religiosos, tenemos la obligación de denunciar todas las violaciones de la dignidad y de los derechos humanos. La vida humana, don de Dios Creador, tiene un carácter sagrado. Por tanto, la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz. El mundo espera de todos aquellos que dicen adorarlo, que sean hombres y mujeres de paz, capaces de vivir como hermanos y hermanas, no obstante la diversidad étnica, religiosa, cultural o ideológica.
A la denuncia debe seguir el trabajo común para encontrar soluciones adecuadas. Esto requiere la colaboración de todas las partes: gobiernos, dirigentes políticos y religiosos, representantes de la sociedad civil y todos los hombres y mujeres de buena voluntad. En particular, los responsables de las comunidades religiosas pueden ofrecer la valiosa contribución de los valores que hay en sus respectivas tradiciones. Nosotros, los musulmanes y los cristianos, somos depositarios de inestimables riquezas espirituales, entre las cuales reconocemos elementos de coincidencia, aunque vividos según las propias tradiciones: la adoración de Dios misericordioso, la referencia al patriarca Abraham, la oración, la limosna, el ayuno… elementos que, vividos de modo sincero, pueden transformar la vida y dar una base segura a la dignidad y la fraternidad de los hombres. Señor Presidente, expreso nuevamente gratitud a usted y a sus colaboradores por este encuentro, que llena de gozo mi corazón. Agradezco también a todos ustedes su presencia y las oraciones que tendrán la bondad de ofrecer por mi servicio. Por mi parte, les aseguro que yo rogaré igualmente por ustedes. Que el Señor nos bendiga a todos.
Francisco.

COMENTARIO PASTORAL

La intención del Papa para la oración de este mes se dirige a uno de los mayores dramas que actualmente sufre la humanidad: la guerra civil en Siria que está costando millares de víctimas y ha obligado a varios millones de personas, sobre todo cristianos, a huir fuera de su tierra, y la violencia en Irak, que sigue causando mucho dolor. Este drama muestra la crueldad de los dirigentes políticos que no piensan en su pueblo y a quienes solo les importa mantenerse en el poder. Las personas religiosas, sea cual sea su religión, podemos y debemos colaborar a que no se repitan situaciones como esa en nuestros países. ¿Cómo hacerlo? Con nuestra oración fervorosa y con nuestra acción solidaria con aquellos que sufren por causa de estas situaciones.
La vida humana tiene un carácter sagrado y ninguna ideología política o religiosa justifica la violencia. Los grupos terroristas como Boko Haram son rechazados por todas las naciones civilizadas. Hubo épocas en que se quiso obligar a todos a aceptar una misma fe religiosa y se castigaba a los que no lo aceptaban. Gracias a Dios, ya pasó esa época, pero sigue presente la violencia por motivos políticos. Los dirigentes religiosos son muy importantes para conseguir la paz, sobre todo en Medio Oriente, donde la religión sigue siendo el fundamento de la sociedad. El Papa enumera algunos de los valores comunes a los cristianos y a los musulmanes: la fe en un Dios único, la adoración en las iglesias y mezquitas, el ayuno, la oración y la limosna, como signo de amor y compasión hacia los necesitados. La cercanía afectiva, el trabajo bien hecho, la participación en instituciones que ayudan a los más necesitados… son expresión de los valores cristianos que tanto necesitamos en nuestro país. Vamos a pedirle este mes especialmente por la paz en el Medio Oriente y en todos aquellos países donde la violencia sigue activa.
P. Fco. Javier Duplá sj.

Apostolado

LA ADORACIÓN DEL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

 

 

 

 El Corazón de Jesús comenzó a latir en armonía con el Corazón Inmaculado de María en las entrañas de la Santísima Virgen. El Corazón de san José, “custodio de los Corazones de Jesús y María”, en unión con el Corazón de María fueron los primeros adoradores del Corazón de Jesús en el seno virginal de María, en la noche de Belén, durante toda su vida mortal y eternamente en el Cielo. Pues bien, el Corazón de Jesús palpita escondido en la Hora Santa. Jesús mismo, verdadero Dios y verdadero hombre, está ahí, vivo, real y sustancialmente presente bajo las especies consagradas del pan y vino.

Jesús, sin embargo, no viene a quedarse en el copón y  en el cáliz, quiere venir a nuestro corazón, como nos enseña santa Teresita. Es una llamada universal, a todos: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54). Eso sí, debemos estar bien dispuestos para recibir a Jesús.

El Señor “nos ama hasta el extremo” y “permanece con nosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Así, en el sacramento de la Eucaristía se renueva el sacrificio redentor de Cristo, su pasión, muerte y resurrección. En palabras de san Pío de Pietrelcina: “En la Misa está todo el Calvario”. Por la invocación al Padre para que haga descender el don del Espíritu y por la proclamación eficaz de las mismas palabras de la institución eucarística pronunciadas por el sacerdote que actúa in persona Christi capitis, lo que antes era pan y vino se convierte en el cuerpo y la sangre de Jesús, es el misterio de la Transubstanciación, esto es, los accidentes permanecen y la sustancia cambia.

Ese amor sin límites debe suscitar en nosotros el amor como respuesta. Amor con amor se paga. Pero ¿cómo podemos corresponder a ese amor? La cima de nuestro amor ofrecido junto al de Cristo en su pasión y muerte, seguros de que así llegaremos a la resurrección con Él. En otras palabras: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Nuestro amor a Dios se manifiesta diariamente aceptando su voluntad, conformando nuestra voluntad a la suya, es lo que Claudio De La Colombière denomina “el abandono confiado a la Divina Providencia”.

Otro modo de amar a Dios que se encuentra perfectamente entrelazado con el amor en la prueba, amor hasta la muerte, y el amor que se abandona confiadamente a la Divina Providencia, es el amor de Jesús cuando le adoramos. Precisamente en esta comunicación se tratará de este amor a Cristo-Amor-Eucaristía que intenta corresponder al amor infinito de Dios. La adoración  del Corazón de Jesús presente en la Eucaristía comienza en la Santa Misa y se prolonga ante Jesús expuesto en la custodia o reservado en el sagrario. Acudiendo a Jesús sacramentado, le consolamos, según el carisma del beato  Francisco Marto, y también reparamos nuestros pecados y los del mundo entero, siguiendo el carisma de la beata Jacinta Marto, al tiempo que le bendecimos, le agradecemos por todos los dones y le pedimos lo que necesitamos. Le tratamos como nuestro Redentor y amigo, de Corazón a corazón. Dios que se hace hombre por nosotros, que está vivo en la Eucaristía, tiene sed de nuestro amor, tiene sed de almas, tiene sed de que le conozcamos a Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad, y al Padre, que con el amor infinito en el Espíritu Santo.

El encuentro con Jesús-Eucaristía debe también llevarnos a amar al prójimo, especialmente al más necesitado, incluso al enemigo y, si es voluntad de Dios, pagándolo con la propia vida.

Joxe Mari Azcoaga Lasheras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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UNA PARTICIPACIÓN EN LA DINÁMICA DEL CORAZÓN DE JESÚS

 

 

Hemos iniciado la recreación del Apostolado de la Oración hace casi diez años. Son procesos espirituales largos que no dependen de nuestras fuerzas o capacidades sino de nuestra disponibilidad al Espíritu del Señor, pues es Él quien conduce. Esta recreación ha sido necesaria para que este tesoro espiritual de la Iglesia se pueda comunicar a más personas, especialmente a las nuevas generaciones, y también para que seamos más fieles a la misión que la Santa Sede nos confía desde finales del siglo XIX. Nuestra misión es orar y vivir los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia expresados en las intenciones de oración del Papa. Esto no es posible sin una profunda comunión con el Corazón de Jesús, por eso proponemos a los que quieren formar parte de esta red un itinerario espiritual, el “Camino del Corazón”, que conduce a nuestro corazón a estar profundamente unidos al Corazón de Jesús, en una misión de compasión por el mundo.

Este proceso de recreación no cambia el Apostolado de la Oración en algo totalmente nuevo o diferente, sino que nos ayuda a ir más en profundidad y fidelidad al Corazón de Jesús. Muchas veces se generan malentendidos relacionados con miedos e inseguridades. Esto es normal y esperable, pues en estos procesos resulta dificultoso comprender la dinámica que la continuidad está asociada a la novedad. Es decir que lo nuevo viene a dar continuidad a lo que ya existe. ¿No es lo que dice Jesús cuando habla del paño nuevo en el vestido viejo? (Mc 2, 8-22). Como nos lo muestra el Evangelio siempre hay malentendidos cuando el Espíritu del Señor hace cosas nuevas.

El actual proceso de recreación llevado adelante y conducido por el Espíritu del Señor, encuentra su fuente en la reforma que hizo en 1861 el Padre Henri Ramière. Este sacerdote jesuita tuvo que dar un nuevo dinamismo al Apostolado de la Oración, explicando a sus miembros que la devoción al Corazón de Jesús era parte del camino  propuesto. Con la publicación de la primera revista del Mensajero del Corazón de Jesús, invitó a orar por las intenciones del Corazón de Jesús. A partir de 1879 estas intenciones fueron formuladas cada mes por el Papa y confiadas al Apostolado de la Oración. A través de esta invitación, Ramière dejó ver que esta oración era apostólica y abierta al mundo y, que por medio de la oración de ofrecimiento nos unimos al Corazón de Jesús, al servicio de su misión.

La oración apostólica o misionera es una oración que nos dispone a la misión de Cristo en nuestra vida cotidiana. Por la oración de ofrecimiento nos hacemos disponibles a su misión. Esta actitud de disponibilidad interior a la misión es apertura del corazón y docilidad al Espíritu del Señor. Por eso el título del documento de recreación del Apostolado de la Oración lleva por nombre: “un camino con Jesús en disponibilidad apostólica”. Lo que el Padre Ramière llamaba “oración y celo” (en el sentido de cuidado, diligencia, compromiso) por el Reino de Cristo, hoy, lo llamamos “oración y acción”, pues la verdadera oración nos dispone a la acción, nos abre a los demás y al mundo.

Ramière sintetizó el Apostolado de la Oración en tres características: “[a] la oración, como medio universal de acción; [b] la asociación, como condición necesaria para que sea eficaz la oración, [c] la unión con el Corazón de Jesús, como fuente de vida para la asociación”. Lo que se llamaba «asociación » hoy lo llamamos « red », palabra que expresa mejor la intención original. Claramente lo explicaba Ramière, al decir que, « no es una asociación como otra, ni una obra nueva que se añadiría a las demás, sino una conexión nueva que une todas las asociaciones eclesiales en un mismo enfoque » para la misión de la Iglesia (Ver publicación “L’Apostolat de la Prière” 1861). Al expresar que el Apostolado de la Oración era la “Santa liga de corazones cristianos unidos al Corazón de Jesús” es equivalente a la expresión actual “una red de corazones unidos al Corazón de Jesús”.

Esta red de corazones es la Red Mundial de Oración del Papa, a la que el Santo Padre le encomienda rezar sus intenciones de oración, las cuales expresan desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Desafíos que resultan fruto de su mirada y discernimiento universales y que son las intenciones del Corazón de Jesús. Formar parte de esta Red de Oración nos conduce a crecer en disponibilidad a la misión de compasión de Jesús por el mundo, a entrar en la dinámica del Corazón de Jesús.

¿Cómo formar parte? Se ofrece dos modalidades de participación: una forma “abierta” y otra de “pertenencia y compromiso”, que a su vez se presenta a nivel personal o comunitario. Estas modalidades son una reinterpretación actualizada de los tres grados de participación de los Estatutos de 1896, que estaban presentes en varios países.

La modalidad de participación abierta, accesible a todo bautizado, consiste en orar por las intenciones de oración del Papa, en particular el primer viernes de cada mes, “Jornada mensual de oración por sus intenciones”.

La modalidad de pertenencia y compromiso es un compromiso más activo a nivel personal o comunitario. A nivel personal asume como parte de la vida cotidiana tres momentos de oración al Señor en la vida cotidiana.

Estas propuestas de oración están presentes en nuestra plataforma de oración Click To Pray:

  • “Con Jesús por la mañana” propone una oración de ofrecimiento
  • “Con Jesús durante el día” es una oración que nos permite calibrar el corazón y relanzar lo que resta de la jornad
  • “Con Jesús en la noche” es una relectura para reconocer nuestra disponibilidad a la misión que el Señor nos ha dado.

Como dicen los estatutos: “esta oración y disponibilidad apostólica está siempre unida a María, la Reina de los Apóstoles” (2.1).

Para quienes experimenten un llamado a vivir más estrechamente unidos al Corazón de Jesús y deseen formalizar su entrega personal, compromiso y servicio en este sentido, se les propone la consagración o “alianza con Jesucristo”. Esto hace de ellos “apóstoles de la oración”, asumiendo el compromiso de estar disponibles para el servicio en sus comunidades, parroquias, escuelas,  etc.,  como  integrantes  de la Red  Mundial  de Oración  del  Papa (incluyendo  el Movimiento Eucarístico Juvenil).

A nivel comunitario una parroquia o comunidad cristiana puede desear manifestar su compromiso con este servicio eclesial, hoy obra pontificia, al reunirse específicamente para rezar por las intenciones del Papa y, en particular, al asumir los primeros viernes de mes como día destinado a este fin.

Nuestro compromiso comunitario más numeroso y esencial son los grupos del Apostolado de la Oración, nacidos de nuestra tradición espiritual y presentes en las parroquias. Estos grupos forman la Red Mundial de Oración del Papa, son en muchos países la parte visible del iceberg que formamos. Sin estos grupos, que mantienen fielmente la llama del tesoro espiritual que el Señor nos ha confiado, nunca hubiéramos podido iniciar la recreación de este servicio eclesial. En muchos países tienen una estructura diocesana y en algunos casos cuentan con su instructivo o reglamento interno. Ellos están invitados a integrarse, a su ritmo, en el proceso de “recreación” para profundizar su fuente espiritual y volver en encontrar la dinámica del Corazón de Jesús de los inicios.

Este proceso de recreación de los grupos del Apostolado de la Oración requiere tiempo pues se tiene que respetar el ritmo de cada uno. Las personas que descubren la Red Mundial de Oración del Papa pueden constituir comunidades que asumen ya completamente la “refundación”. El Camino del corazón es el itinerario espiritual que encarna esta refundación.

Estas comunidades no solamente oran y asumen una actitud interior de disponibilidad para colaborar con la misión de la Iglesia, sino que se movilizan concretamente, buscando la manera de ponerse al servicio de los desafíos de la humanidad y de las necesidades de la Iglesia. Las personas que integran estas comunidades se comprometen, personal y grupalmente, a vivir según la dinámica del Corazón de Jesús. Asimismo, dicen los estatutos (2.2) apoyarán a nuestra rama juvenil el Movimiento Eucarístico Juvenil allí donde exista, o la pastoral juvenil (parroquia o colegio, etc.).

Todo proceso de recreación puede crear malentendidos, tensiones y miedos. Lo importante es poner nuestra confianza en el Señor, pues es Él quien nos conduce. La Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) es esencial para la misión de la Iglesia, pues no hay misión, dócil al Espíritu del Señor, sin oración. Hoy como ayer el Señor le da su fuego, el de su Corazón.

Frederic Fornos SJ  Director Internacional