Monthly Archive julio 2015

LA ADORACIÓN DEL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

 

 

 

 El Corazón de Jesús comenzó a latir en armonía con el Corazón Inmaculado de María en las entrañas de la Santísima Virgen. El Corazón de san José, “custodio de los Corazones de Jesús y María”, en unión con el Corazón de María fueron los primeros adoradores del Corazón de Jesús en el seno virginal de María, en la noche de Belén, durante toda su vida mortal y eternamente en el Cielo. Pues bien, el Corazón de Jesús palpita escondido en la Hora Santa. Jesús mismo, verdadero Dios y verdadero hombre, está ahí, vivo, real y sustancialmente presente bajo las especies consagradas del pan y vino.

Jesús, sin embargo, no viene a quedarse en el copón y  en el cáliz, quiere venir a nuestro corazón, como nos enseña santa Teresita. Es una llamada universal, a todos: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54). Eso sí, debemos estar bien dispuestos para recibir a Jesús.

El Señor “nos ama hasta el extremo” y “permanece con nosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Así, en el sacramento de la Eucaristía se renueva el sacrificio redentor de Cristo, su pasión, muerte y resurrección. En palabras de san Pío de Pietrelcina: “En la Misa está todo el Calvario”. Por la invocación al Padre para que haga descender el don del Espíritu y por la proclamación eficaz de las mismas palabras de la institución eucarística pronunciadas por el sacerdote que actúa in persona Christi capitis, lo que antes era pan y vino se convierte en el cuerpo y la sangre de Jesús, es el misterio de la Transubstanciación, esto es, los accidentes permanecen y la sustancia cambia.

Ese amor sin límites debe suscitar en nosotros el amor como respuesta. Amor con amor se paga. Pero ¿cómo podemos corresponder a ese amor? La cima de nuestro amor ofrecido junto al de Cristo en su pasión y muerte, seguros de que así llegaremos a la resurrección con Él. En otras palabras: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Nuestro amor a Dios se manifiesta diariamente aceptando su voluntad, conformando nuestra voluntad a la suya, es lo que Claudio De La Colombière denomina “el abandono confiado a la Divina Providencia”.

Otro modo de amar a Dios que se encuentra perfectamente entrelazado con el amor en la prueba, amor hasta la muerte, y el amor que se abandona confiadamente a la Divina Providencia, es el amor de Jesús cuando le adoramos. Precisamente en esta comunicación se tratará de este amor a Cristo-Amor-Eucaristía que intenta corresponder al amor infinito de Dios. La adoración  del Corazón de Jesús presente en la Eucaristía comienza en la Santa Misa y se prolonga ante Jesús expuesto en la custodia o reservado en el sagrario. Acudiendo a Jesús sacramentado, le consolamos, según el carisma del beato  Francisco Marto, y también reparamos nuestros pecados y los del mundo entero, siguiendo el carisma de la beata Jacinta Marto, al tiempo que le bendecimos, le agradecemos por todos los dones y le pedimos lo que necesitamos. Le tratamos como nuestro Redentor y amigo, de Corazón a corazón. Dios que se hace hombre por nosotros, que está vivo en la Eucaristía, tiene sed de nuestro amor, tiene sed de almas, tiene sed de que le conozcamos a Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad, y al Padre, que con el amor infinito en el Espíritu Santo.

El encuentro con Jesús-Eucaristía debe también llevarnos a amar al prójimo, especialmente al más necesitado, incluso al enemigo y, si es voluntad de Dios, pagándolo con la propia vida.

Joxe Mari Azcoaga Lasheras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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UNA PARTICIPACIÓN EN LA DINÁMICA DEL CORAZÓN DE JESÚS

 

 

Hemos iniciado la recreación del Apostolado de la Oración hace casi diez años. Son procesos espirituales largos que no dependen de nuestras fuerzas o capacidades sino de nuestra disponibilidad al Espíritu del Señor, pues es Él quien conduce. Esta recreación ha sido necesaria para que este tesoro espiritual de la Iglesia se pueda comunicar a más personas, especialmente a las nuevas generaciones, y también para que seamos más fieles a la misión que la Santa Sede nos confía desde finales del siglo XIX. Nuestra misión es orar y vivir los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia expresados en las intenciones de oración del Papa. Esto no es posible sin una profunda comunión con el Corazón de Jesús, por eso proponemos a los que quieren formar parte de esta red un itinerario espiritual, el “Camino del Corazón”, que conduce a nuestro corazón a estar profundamente unidos al Corazón de Jesús, en una misión de compasión por el mundo.

Este proceso de recreación no cambia el Apostolado de la Oración en algo totalmente nuevo o diferente, sino que nos ayuda a ir más en profundidad y fidelidad al Corazón de Jesús. Muchas veces se generan malentendidos relacionados con miedos e inseguridades. Esto es normal y esperable, pues en estos procesos resulta dificultoso comprender la dinámica que la continuidad está asociada a la novedad. Es decir que lo nuevo viene a dar continuidad a lo que ya existe. ¿No es lo que dice Jesús cuando habla del paño nuevo en el vestido viejo? (Mc 2, 8-22). Como nos lo muestra el Evangelio siempre hay malentendidos cuando el Espíritu del Señor hace cosas nuevas.

El actual proceso de recreación llevado adelante y conducido por el Espíritu del Señor, encuentra su fuente en la reforma que hizo en 1861 el Padre Henri Ramière. Este sacerdote jesuita tuvo que dar un nuevo dinamismo al Apostolado de la Oración, explicando a sus miembros que la devoción al Corazón de Jesús era parte del camino  propuesto. Con la publicación de la primera revista del Mensajero del Corazón de Jesús, invitó a orar por las intenciones del Corazón de Jesús. A partir de 1879 estas intenciones fueron formuladas cada mes por el Papa y confiadas al Apostolado de la Oración. A través de esta invitación, Ramière dejó ver que esta oración era apostólica y abierta al mundo y, que por medio de la oración de ofrecimiento nos unimos al Corazón de Jesús, al servicio de su misión.

La oración apostólica o misionera es una oración que nos dispone a la misión de Cristo en nuestra vida cotidiana. Por la oración de ofrecimiento nos hacemos disponibles a su misión. Esta actitud de disponibilidad interior a la misión es apertura del corazón y docilidad al Espíritu del Señor. Por eso el título del documento de recreación del Apostolado de la Oración lleva por nombre: “un camino con Jesús en disponibilidad apostólica”. Lo que el Padre Ramière llamaba “oración y celo” (en el sentido de cuidado, diligencia, compromiso) por el Reino de Cristo, hoy, lo llamamos “oración y acción”, pues la verdadera oración nos dispone a la acción, nos abre a los demás y al mundo.

Ramière sintetizó el Apostolado de la Oración en tres características: “[a] la oración, como medio universal de acción; [b] la asociación, como condición necesaria para que sea eficaz la oración, [c] la unión con el Corazón de Jesús, como fuente de vida para la asociación”. Lo que se llamaba «asociación » hoy lo llamamos « red », palabra que expresa mejor la intención original. Claramente lo explicaba Ramière, al decir que, « no es una asociación como otra, ni una obra nueva que se añadiría a las demás, sino una conexión nueva que une todas las asociaciones eclesiales en un mismo enfoque » para la misión de la Iglesia (Ver publicación “L’Apostolat de la Prière” 1861). Al expresar que el Apostolado de la Oración era la “Santa liga de corazones cristianos unidos al Corazón de Jesús” es equivalente a la expresión actual “una red de corazones unidos al Corazón de Jesús”.

Esta red de corazones es la Red Mundial de Oración del Papa, a la que el Santo Padre le encomienda rezar sus intenciones de oración, las cuales expresan desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Desafíos que resultan fruto de su mirada y discernimiento universales y que son las intenciones del Corazón de Jesús. Formar parte de esta Red de Oración nos conduce a crecer en disponibilidad a la misión de compasión de Jesús por el mundo, a entrar en la dinámica del Corazón de Jesús.

¿Cómo formar parte? Se ofrece dos modalidades de participación: una forma “abierta” y otra de “pertenencia y compromiso”, que a su vez se presenta a nivel personal o comunitario. Estas modalidades son una reinterpretación actualizada de los tres grados de participación de los Estatutos de 1896, que estaban presentes en varios países.

La modalidad de participación abierta, accesible a todo bautizado, consiste en orar por las intenciones de oración del Papa, en particular el primer viernes de cada mes, “Jornada mensual de oración por sus intenciones”.

La modalidad de pertenencia y compromiso es un compromiso más activo a nivel personal o comunitario. A nivel personal asume como parte de la vida cotidiana tres momentos de oración al Señor en la vida cotidiana.

Estas propuestas de oración están presentes en nuestra plataforma de oración Click To Pray:

  • “Con Jesús por la mañana” propone una oración de ofrecimiento
  • “Con Jesús durante el día” es una oración que nos permite calibrar el corazón y relanzar lo que resta de la jornad
  • “Con Jesús en la noche” es una relectura para reconocer nuestra disponibilidad a la misión que el Señor nos ha dado.

Como dicen los estatutos: “esta oración y disponibilidad apostólica está siempre unida a María, la Reina de los Apóstoles” (2.1).

Para quienes experimenten un llamado a vivir más estrechamente unidos al Corazón de Jesús y deseen formalizar su entrega personal, compromiso y servicio en este sentido, se les propone la consagración o “alianza con Jesucristo”. Esto hace de ellos “apóstoles de la oración”, asumiendo el compromiso de estar disponibles para el servicio en sus comunidades, parroquias, escuelas,  etc.,  como  integrantes  de la Red  Mundial  de Oración  del  Papa (incluyendo  el Movimiento Eucarístico Juvenil).

A nivel comunitario una parroquia o comunidad cristiana puede desear manifestar su compromiso con este servicio eclesial, hoy obra pontificia, al reunirse específicamente para rezar por las intenciones del Papa y, en particular, al asumir los primeros viernes de mes como día destinado a este fin.

Nuestro compromiso comunitario más numeroso y esencial son los grupos del Apostolado de la Oración, nacidos de nuestra tradición espiritual y presentes en las parroquias. Estos grupos forman la Red Mundial de Oración del Papa, son en muchos países la parte visible del iceberg que formamos. Sin estos grupos, que mantienen fielmente la llama del tesoro espiritual que el Señor nos ha confiado, nunca hubiéramos podido iniciar la recreación de este servicio eclesial. En muchos países tienen una estructura diocesana y en algunos casos cuentan con su instructivo o reglamento interno. Ellos están invitados a integrarse, a su ritmo, en el proceso de “recreación” para profundizar su fuente espiritual y volver en encontrar la dinámica del Corazón de Jesús de los inicios.

Este proceso de recreación de los grupos del Apostolado de la Oración requiere tiempo pues se tiene que respetar el ritmo de cada uno. Las personas que descubren la Red Mundial de Oración del Papa pueden constituir comunidades que asumen ya completamente la “refundación”. El Camino del corazón es el itinerario espiritual que encarna esta refundación.

Estas comunidades no solamente oran y asumen una actitud interior de disponibilidad para colaborar con la misión de la Iglesia, sino que se movilizan concretamente, buscando la manera de ponerse al servicio de los desafíos de la humanidad y de las necesidades de la Iglesia. Las personas que integran estas comunidades se comprometen, personal y grupalmente, a vivir según la dinámica del Corazón de Jesús. Asimismo, dicen los estatutos (2.2) apoyarán a nuestra rama juvenil el Movimiento Eucarístico Juvenil allí donde exista, o la pastoral juvenil (parroquia o colegio, etc.).

Todo proceso de recreación puede crear malentendidos, tensiones y miedos. Lo importante es poner nuestra confianza en el Señor, pues es Él quien nos conduce. La Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) es esencial para la misión de la Iglesia, pues no hay misión, dócil al Espíritu del Señor, sin oración. Hoy como ayer el Señor le da su fuego, el de su Corazón.

Frederic Fornos SJ  Director Internacional