INTENCIÓN UNIVESAL FEBRERO DE 2019

 

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RMOP – FEBRERO 2019

 

 

 

 “Por la acogida generosa de las víctimas de la trata de personas, de la prostitución forzada y de la violencia”.

“El pan sucio de la corrupción”

 

Seguramente sobre el tema de la trata hay mucha ignorancia. Pero a veces parece que haya también poca voluntad de comprender la dimensión del problema. ¿Por qué? Porque toca de cerca nuestras conciencias, porque es escabroso, porque nos avergüenza. Hay además quien, conociéndolo, no quiere hablar de ello porque se encuentra al final de la «cadena de consumo», como usuario de los «servicios» que son ofrecidos en la calle o en internet. Está, finalmente, quien no quiere que se hable, por estar implicado directamente en las organizaciones criminales que de la trata obtienen buenos beneficios. Sí, es necesaria valentía y honestidad, «cuando encontramos o tratamos en la vida cotidiana con víctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con probabilidad podrían haber sido realizados mediante la explotación de otras personas».

El trabajo de sensibilización debe empezar en casa, por nosotros mismos, porque solo así seremos capaces después de concienciar a nuestras comunidades, estimulando a comprometerse para que ningún ser humano sea víctima de la trata.

Para los jóvenes esto parece una tarea más fácil, dado que son menos estructurados en el pensamiento, menos ofuscados por los prejuicios, más libres de razonar con la propia cabeza. La voz de los jóvenes, más entusiasta y espontánea, puede romper el silencio para denunciar las injusticias de la trata y proponer soluciones concretas. Adultos que estén preparados para escuchar pueden ser de gran ayuda.

Por mi parte, como habréis notado, no he perdido nunca ocasión para denunciar abiertamente la trata como un crimen contra la humanidad. Es «una verdadera forma de esclavitud, lamentablemente cada vez más difundida, que atañe a cada país, incluso a los más desarrollados, y que afecta a las personas más vulnerables de la sociedad: las mujeres y las muchachas, los niños y las niñas, los discapacitados, los más pobres, a quien proviene de situaciones de disgregación familiar y social».

También he dicho que «es necesaria una toma de responsabilidad común y una más firme voluntad política para lograr vencer en este frente. Responsabilidad hacia quienes cayeron víctimas de la trata, para tutelar sus derechos, para asegurar su incolumidad y la de sus familiares, para impedir que los corruptos y criminales se sustraigan a la justicia y tengan la última palabra sobre las personas».

Los jóvenes ocupan una posición privilegiada para encontrar a los supervivientes de la trata de seres humanos. Id a vuestras parroquias, a una asociación cerca de casa, encontrad a las personas, escuchadlas. Desde ahí, crecerá una respuesta y un compromiso concreto de vuestra parte. Veo de hecho el riesgo de que esto se convierta en un problema abstracto, pero no es abstracto. Hay signos que podéis aprender a «leer», que os dicen: aquí podría haber una víctima de trata, un esclavo. Necesitamos promover la cultura del encuentro que lleva en sí una riqueza inesperada y grandes sorpresas. San Pablo nos da un ejemplo: en Cristo, el esclavo Onésimo no es más un esclavo sino mucho más, es un hermano querido (cf. Filemón 1, 16).

La esperanza, vosotros jóvenes, la podéis encontrar en Cristo, y a Él lo podéis encontrar también en las personas migrantes, que han huido de casa, y permanecen atrapadas en las redes. No tengáis miedo de encontrarles. Abrid vuestro corazón, hacedles entrar, estad preparados para cambiar. El encuentro con el otro lleva naturalmente a un cambio, pero no es necesario tener miedo de este cambio. Será siempre el mejor. Recordad las palabras del profeta Isaías: «ensancha el espacio de tu tienda» (cf. 54, 2).

La Iglesia debe promover y crear espacios de encuentro, por este motivo he pedido abrir las parroquias a la acogida. Es necesario reconocer el gran compromiso en respuesta a mi llamamiento, ¡gracias! Os pido a vosotros aquí presentes hoy trabajar a favor de la apertura al otro, sobre todo cuando está herido en la propia dignidad. Haceos promotores de iniciativas que vuestras parroquias puedan acoger. Ayudad a la Iglesia a crear espacios de compartir experiencias e integración de fe y de vida.

También las redes sociales representan, sobre todo para los jóvenes, una oportunidad de encuentro que puede parecer sin límite: internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos, y esto es algo bueno, es un don de Dios. Sin embargo, para cada instrumento que se nos ofrece, es fundamental la elección que el hombre decide hacer. El ambiente comunicativo puede ayudarnos a crecer o, al contrario, a desorientarnos. No es necesario infravalorar los riesgos inherentes en algunos de estos espacios virtuales; a través de las redes muchos jóvenes son atraídos y arrastrados en una esclavitud de la cual después se convierte en más allá de las propias capacidades para liberarse.

En este ámbito los adultos, padres y educadores —también los hermanos y primos un poco más grandes— están llamados a la tarea de vigilar y proteger a los jóvenes. Vosotros tenéis que hacer lo mismo con vuestros parientes y compañeros. Percibir y señalar vulnerabilidades particulares, casos sospechosos sobre los cuales sea necesario arrojar luz.

Usad por tanto las redes para compartir una historia positiva de vuestras experiencias de encuentro con nuestros hermanos en el mundo, contad y compartid las buenas prácticas y desencadenad un círculo virtuoso.

 Papa Francisco.

 

  

COMENTARIO PASTORAL

 

Las modernas esclavitudes nos indican que el ser humano ha cambiado poco desde la antigüedad. Los esclavos de entonces no tenían libertad para nada, trabajaban mucho en la casa y en las haciendas, mantenidos por unos amos que abusaban de ellos con frecuencia todo lo que querían, vivían apiñados en viviendas sucias y estrechas, sin higiene alguna y los amos abusaban sexualmente de las esclavas o mataban a los esclavos díscolos. Era un mundo infrahumano.

Después de tantos siglos la esclavitud se ha vuelto refinada, pero no menos cruel. Se basa en la necesidad y en el engaño. Las jóvenes que alquilan su cuerpo lo hacen muchas veces por la necesidad de sobrevivir y de alimentar a su familia. Los niños y niñas que son secuestrados o seducidos, pasan a formar parte del harén de sus captores. 

Hay otras formas de abuso humano, como la captura de niños para hacerlos soldados, la extirpación y comercio de órganos y, por supuesto, los salarios de hambre, que ahora son cada vez más frecuentes en Venezuela.

¿Qué se puede hacer ante tanto abuso malvado? Rezar, por supuesto, para que el Señor cambie los corazones. Pero el Papa propone también dar acogida, ayudar con el consejo y el afecto a que se hagan menos frecuentes esas situaciones que llevan al abuso. Y si alguien puede ayudar económicamente o laboralmente a que disminuya la prostitución, el abuso y la violencia, pues tanto mejor.

Este papa tan moderno habla también de las redes sociales, que han servido muchas veces para extender la pornografía y capturar a menores para el vicio. Propone usar las redes para hacer un círculo no vicioso sino virtuoso. Ahí puede florecer en los jóvenes una gran creatividad para difundir el bien sin fronteras y combatir el vicio. En las parroquias, en los hogares, en las escuelas católicas, en los centros juveniles tenemos que animar a los niños y jóvenes para que orienten su imaginación a crear programas atractivos que inviten a desplegar lo mejor de sí mismos a niños y jóvenes. Pidámosle al Señor en este mes que así lo hagan y lo hagamos todos los que queremos un mundo mucho mejor.

Fco. Javier Duplá sj.

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