INTENCIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN ENERO 2018

Por la evangelización: Minorías religiosas en Asia

Para que en los países asiáticos los cristianos, como también las otras minorías religiosas, puedan vivir su fe con toda libertad.

 

Que este compromiso, aquí en Bangladesh, donde el derecho a la libertad religiosa es un principio fundamental, sea una llamada de atención respetuosa pero firme hacia quien busque fomentar la división, el odio y la violencia en nombre de la religión.

Esto requiere más que una simple tolerancia. Nos estimula a tender la mano al otro en actitud de comprensión y confianza recíproca, para construir una unidad que considere la diversidad no como amenaza, sino como fuente de enriquecimiento y crecimiento. Nos exhorta a tener apertura de corazón, para ver en los otros un camino, no un obstáculo.

Permitidme explorar brevemente algunas características esenciales de esta «apertura del corazón», que es la condición para una cultura del encuentro.

En primer lugar, es una puerta. No es una teoría abstracta, sino una experiencia vivida. Nos permite entablar un diálogo de vida, no un simple intercambio de ideas. Requiere buena voluntad y capacidad de acogida, pero no debe ser confundida con la indiferencia o la reticencia al expresar nuestras convicciones más profundas. Implicarse fructuosamente con el otro significa compartir nuestra identidad religiosa y cultural, pero siempre con humildad, honestidad y respeto.

La apertura del corazón es también similar a una escalera que se eleva hacia el Absoluto. Recordando esta dimensión trascendente de nuestra actividad, nos damos cuenta de la necesidad de purificar nuestros corazones, para poder ver las cosas en su justa perspectiva. A cada paso nuestra visión se hará más clara y recibiremos la fuerza para perseverar en el compromiso de comprender y valorizar a los demás, con sus puntos de vista. De este modo, encontraremos la sabiduría y la fuerza necesarias para tender a todos una mano amiga.

La apertura del corazón es además un camino que conduce a la búsqueda de la bondad, la justicia y la solidaridad. Nos impulsa a buscar el bien de nuestros vecinos. En su carta a los cristianos de Roma, san Pablo exhorta: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12,21). Este es un sentimiento que todos nosotros podemos imitar. La solicitud religiosa por el bien de nuestro prójimo, que emana de un corazón abierto, corre como un gran río, irrigando las tierras áridas y desiertas del odio, la corrupción, la pobreza y la violencia, que dañan las vidas humanas, dividen a las familias y desfiguran el don de la creación.

Un espíritu de apertura, aceptación y cooperación entre los creyentes no contribuye simplemente a una cultura de armonía y paz, sino que es su corazón palpitante. ¡Cuánto necesita el mundo de este corazón que late con fuerza, para combatir el virus de la corrupción política, las ideologías religiosas destructivas, la tentación de cerrar los ojos a las necesidades de los pobres, de los refugiados, de las minorías perseguidas y de los más vulnerables! ¡Cuánta capacidad de apertura se necesita para acoger a las personas de nuestro mundo, especialmente a los jóvenes, que a veces se sienten solos y desconcertados en la búsqueda del sentido de la vida!

PAPA FRANCISCO.

  

 COMENTARIO  PASTORAL

 

 

La diversidad no es una amenaza, dice el Papa, sino fuente de enriquecimiento y crecimiento. Nos cuesta aceptar ese pensamiento. Vemos fácilmente lo que nos diferencia de los demás – sean condiciones étnicas, sociales, religiosas y culturales – y no vemos las semejanzas, que son mayores, sobre todo la realidad de que todos somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza. Nos enriquecemos con el pensamiento y sentimientos de los demás, lo cual constituye una de las principales fuentes de crecimiento del ser humano. ¿Por qué no aceptamos esta realidad tan prometedora? Algunos dirán que por inseguridad, porque sentimos que nos amenazan las diferencias; otros dirán que por fanatismo, lo cual es peor, porque queremos imponer a los demás nuestra manera de pensar y de vivir; otros dirán que por ignorancia, porque nos encerramos en nuestro pequeño mundo. Pero también es verdad que estamos avanzando hacia el entendimiento entre las religiones cristianas. Una muestra de ello es la información que ofrece wikipedia, que no distingue entre las diferentes confesiones cristianas cuando presenta los números de Asia:

 

“Asia es el continente más grande y más poblado, con una gran variedad de religiones. La religión más grande de Asia es el Islam con aproximadamente 1.100 millones de seguidores. Asia fue el lugar de nacimiento de muchas religiones como el islam, el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el confucianismo, el taoísmo, el jainismo, el sijismo, el zoroastrismo, pero todas las principales tradiciones religiosas se practican allí y nuevas formas están surgiendo constantemente.”

“Los países asiáticos con grandes poblaciones cristianas son Filipinas (84 millones), China (68 millones), India (24 millones), Indonesia (23 millones), Kazajstán (16,5 millones), Corea del Sur (15 millones), Vietnam (7 millones). Georgia (4.6 millones), ​Armenia (3,2 millones), ​Malasia (2,6 millones), Japón (2,5 millones), Pakistán (2,5 millones), Uzbekistán (2,5 millones), ​Siria (1,8 millones), ​Sri Lanka (1,5 millones) ​ y Taiwán (un millón).”

(https://es.wikipedia.org/wiki/Religi%C3%B3n_en_Asia)

Casi todas las religiones han nacido en Asia y muchas de ellas cultivan un sentido de la vida interior y de comunión con la naturaleza que se ha perdido bastante en Occidente. Los cristianos tenemos que aprender de esa espiritualidad, que es más social que individual, algo diferente de la que cultivamos entre nosotros. Vamos a pedirle al Señor en este mes de enero que nos lo haga comprender y que los cristianos de Asia puedan vivir en mayor libertad de la que tienen en muchos países asiáticos, a fin de contagiar su espiritualidad a todo el mundo a su alrededor.

Javier Duplá s.j.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante el período Helenístico, los ancianos tuvieron más oportunidades al tratarse de una sociedad más abierta y que daba menos importancia a la

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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