INTENCIÓN EVANGELIZADORA MARZO 2019

 

 

Por la evangelización: Reconocimiento de los derechos de las comunidades cristianas.

“Por las comunidades cristianas, en especial aquellas que son perseguidas, para que sientan la cercanía de Cristo y para que sus derechos sean reconocidos”.

 

[…] Este encuentro me ofrece la oportunidad de expresar una vez más mi cercanía a todos aquellos que sufren por los conflictos que azotan desde hace décadas la Tierra Santa. La incertidumbre de la situación y la falta de entendimiento entre las partes siguen causando inseguridad, restricción de los derechos fundamentales y abandono de la propia tierra por parte de muchos. Por eso invoco la ayuda de Dios y pido a todos los sujetos involucrados que redoblen sus esfuerzos para crear las condiciones de una paz estable basada en la justicia y el reconocimiento de los derechos de todos.

Con este fin, se debe rechazar con firmeza el recurso a cualquier tipo de violencia, a cualquier tipo de discriminación y a todas las manifestaciones de intolerancia contra las personas o lugares de culto judíos, cristianos y musulmanes. La Ciudad Santa, cuyo status quo debe ser defendido y preservado, debería ser un lugar donde todos pudieran vivir juntos pacíficamente; de lo contrario, la espiral del sufrimiento continuará para todos y sin fin.

Deseo dirigir un pensamiento especial a todos los miembros de las diversas comunidades cristianas de Tierra Santa. Espero que siempre sean reconocidos como parte integrante de la sociedad y que, como ciudadanos y creyentes de pleno derecho, sean incansables en su contribución al bien común y a la construcción de la paz, comprometiéndose a ser artífices de la reconciliación y la armonía. Esta contribución será más eficaz en la medida en que se logre una sintonía cada vez mayor entre las diferentes Iglesias de la región.

Sería particularmente importante una cooperación creciente para sostener a las familias y a los jóvenes cristianos de modo que no se vean obligados a tener que dejar su tierra. Trabajando juntos en este ámbito tan delicado, los fieles de varias confesiones también podrán conocerse mejor y desarrollar relaciones cada vez más fraternales. Por lo tanto, en obediencia a la sentida oración de Jesús por los suyos en el Cenáculo: «Que todos sean uno… para que el mundo crea» (Juan 17, 21), quiero reiterar el deseo sincero y el compromiso de avanzar en el camino hacia la plena unidad entre nosotros. Sé que algunas de las heridas del pasado siguen dejando señales en la memoria de tantos. No se puede cambiar la historia, pero sin olvidar las graves carencias de caridad durante siglos, volvamos juntos los ojos a un futuro de reconciliación plena y de comunión fraterna y esforcémonos ahora, como quiere el Señor. No hacerlo sería la culpa más grave de hoy, sería no tener en cuenta la urgente invitación de Cristo y los signos de los tiempos que el Espíritu siembra en el camino de la Iglesia. Animados por el mismo Espíritu, no dejemos que los recuerdos de épocas caracterizadas por el silencio recíproco o el intercambio mutuo de acusaciones, las dificultades del presente y un futuro incierto nos impidan caminar juntos hacia la unidad visible, rezar juntos y trabajar juntos para anunciar el Evangelio y servir a los necesitados.

También el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos, que continúa, y en el que el Patriarcado greco ortodoxo de Jerusalén participa activa y constructivamente es, en este sentido, un signo de esperanza, que nos conforta a lo largo del camino. Qué hermoso sería decir de los católicos y los ortodoxos que viven en Jerusalén lo que el evangelista Lucas dijo de la primera comunidad cristiana: «Todos los creyentes vivían unidos […] un solo corazón y una sola alma» (Hechos 2, 44; 4, 32).

Papa Francisco

COMENTARIO PASTORAL

La historia de las guerras religiosas es uno de los mayores baldones que afean a la humanidad, sobre todo las guerras entre las diversas confesiones cristianas que azotaron Europa en los comienzos de la Edad Moderna. ¡Cómo es posible que en nombre de Dios y destruyendo su voluntad de paz y de unión se hayan cometido tales aberraciones! Pero así es el ser humano y por eso es bueno conocer la historia para distanciarnos de semejantes degradaciones.

No es eso lo que nos enseñan los Hechos de los Apóstoles en su capítulo 2°, que muestran una comunidad unida en un solo corazón y una sola alma, socorriendo a los necesitados y atendiendo a sus necesidades. Este espíritu de unión y de amor se ha expresado a lo largo de la historia de la Iglesia en la fundación de muchas obras de caridad y congregaciones religiosas que atienden a los pobres, a los ancianos desamparados, a los niños abandonados, a los enfermos. Es maravillosa la obra que la Iglesia ha desarrollado durante siglos y sigue haciéndolo en estos tiempos de tanta precariedad en comida y medicinas.

La unión de todas las iglesias cristianas y el entendimiento con otras religiones como la musulmana son un mandato de Dios para el mundo de hoy. La persecución de los cristianos y su huida de Siria y otros países para defender su vida, es un crimen que clama al cielo y que muestra lo lejanos que estamos de convivir como seres humanos queridos por el mismo Dios que todas las religiones invocan. No queremos que se repitan casos como el de Asia Bibi que ha conmovido al mundo entero.

La intención del Apostolado para este mes abarca todas las comunidades cristianas, no sólo a las católicas, que están siendo perseguidas en países de minoría cristiana. Para que los cristianos sientan la cercanía de ese Cristo que también fue perseguido y para que se respeten los derechos humanos reconocidos por todas las naciones civilizadas, que comprenden el derecho a pensar y sentir, a expresarse, a reunirse, a pertenecer a una religión.

Fco. Javier Duplá sj.