INTENCIÓN POR LA EVANGELACIÓN ENERO 2019

 

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN – ENERO 2019

 

 

 

 

Por la evangelización: Jóvenes en la escuela de María

 

“Por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan al llamado del Señor para comunicar la alegría del Evangelio al mundo”.

María

«Te he llamado por tu nombre» (Is 43,1). El primer motivo para no tener miedo es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. El ángel, mensajero de Dios, llamó a María por su nombre. Poner nombres es propio de Dios. En la obra de la creación, él llama a la existencia a cada criatura por su nombre. Detrás del nombre hay una identidad, algo que es único en cada cosa, en cada persona, esa íntima esencia que sólo Dios conoce en profundidad. Esta prerrogativa divina fue compartida con el hombre, al cual Dios le concedió que diera nombre a los animales, a los pájaros y también a los propios hijos (Gn 2,19-21; 4,1). Muchas culturas comparten esta profunda visión bíblica, reconociendo en el nombre la revelación del misterio más profundo de una vida, el significado de una existencia.

Cuando Dios llama por el nombre a una persona, le revela al mismo tiempo su vocación, su proyecto de santidad y de bien, por el que esa persona llegará a ser alguien único y un don para los demás. Y también cuando el Señor quiere ensanchar los horizontes de una existencia, decide dar a la persona a quien llama un nombre nuevo, como hace con Simón, llamándolo «Pedro». De aquí viene la costumbre de asumir un nuevo nombre cuando se entra en una orden religiosa, para indicar una nueva identidad y una nueva misión. La llamada divina, al ser personal y única, requiere que tengamos el valor de desvincularnos de la presión homogeneizadora de los lugares comunes, para que nuestra vida sea de verdad un don original e irrepetible para Dios, para la Iglesia y para los demás.

Queridos jóvenes: Ser llamados por nuestro nombre es, por lo tanto, signo de la gran dignidad que tenemos a los ojos de Dios, de su predilección por nosotros. Y Dios llama a cada uno de vosotros por vuestro nombre. Vosotros sois el «tú» de Dios, preciosos a sus ojos, dignos de estima y amados (cf. Is 43,4). Acoged con alegría este diálogo que Dios os propone, esta llamada que él os dirige llamándoos por vuestro nombre.

Valentía en el presente

La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros: valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla.

Sí, cuando nos abrimos a la gracia de Dios, lo imposible se convierte en realidad. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31). La gracia de Dios toca el hoy de vuestra vida, os «aferra» así como sois, con todos vuestros miedos y límites, pero también revela los maravillosos planes de Dios. Vosotros, jóvenes, tenéis necesidad de sentir que alguien confía realmente en vosotros. Sabed que el Papa confía en vosotros, que la Iglesia confía en vosotros. Y vosotros, ¡confiad en la Iglesia!

A María, joven, se le confió una tarea importante, precisamente porque era joven. Vosotros, jóvenes, tenéis fuerza, atravesáis una fase de la vida en la que sin duda no faltan las energías. Usad esa fuerza y esas energías para mejorar el mundo, empezando por la realidad más cercana a vosotros. Deseo que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad. Os invito a seguir contemplando el amor de María: un amor atento, dinámico, concreto. Un amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma. Una Iglesia repleta de estas cualidades marianas será siempre Iglesia en salida, que va más allá de sus límites y confines para hacer que se derrame la gracia recibida. Si nos dejamos contagiar por el ejemplo de María, viviremos de manera concreta la caridad que nos urge a amar a Dios más allá de todo y de nosotros mismos, a amar a las personas con quienes compartimos la vida diaria. Y también podremos amar a quien nos resulta poco simpático. Es un amor que se convierte en servicio y dedicación, especialmente hacia los más débiles y pobres, que transforma nuestros rostros y nos llena de alegría.

Quisiera terminar con las hermosas palabras de san Bernardo en su famosa homilía sobre el misterio de la Anunciación, palabras que expresan la expectativa de toda la humanidad ante la respuesta de María: «Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta. También nosotros esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida. Esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Oh Virgen, da pronto tu respuesta» (Homilía 4, 8-9: Opera Omnia, Ed. Cisterciense, 4 [1966] 53-54).

Queridos jóvenes: el Señor, la Iglesia, el mundo, esperan también vuestra respuesta a esa llamada única que cada uno recibe en esta vida. A medida que se aproxima la JMJ de Panamá, os invito a prepararos para nuestra cita con la alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura. La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?>

Papa Francisco

 

COMENTARIO PASTORAL

 

Los jóvenes de América Latina y particularmente de Venezuela confrontan el gran reto de vivir su fe religiosa en sociedades y en gobiernos que son hostiles a ella. Advierten con arrojo pero también con temor que expresar la fe y conformar su vida y su conducta a esa fe les exige ser valientes y atrevidos. Oponerse de palabra y obra a los discursos mentirosos, al bachaqueo, a la corrupción, al incumplimiento de las leyes, a la impunidad de los violentos y asesinos, a la destrucción del país… exige un ánimo grande y compartido con otros muchos jóvenes que desean un país diferente.

El papa Francisco les anima en ese propósito de ser valientes y les pone como ejemplo a María. Ella sabía que Dios le invitaba a seguir un camino desconocido y difícil, pero dijo que sí y lo emprendió confiada en Él. Nos dio a todos un ejemplo de confianza ilimitada en Dios y especialmente a los jóvenes como ella. José su esposo, que al principio la creyó infiel, luego vio la acción de Dios en ella y la aceptó. Y cuando reclamó a su hijo de 12 años en el templo, Jesús le explicó una razón que María no entendió pero aceptó con fe. Y cuando confió tanto en Jesús que le impulsó a hacer su primer milagro nos dio también ejemplo de una confianza ilimitada. Y cuando lo tuvo en sus brazos bajado de la cruz sintió un dolor inmenso como madre, pero confió en que Jesús sabría vencer el dolor y la muerte como lo hizo.

El papa habla con frecuencia de compartir la alegría del evangelio, de la buena noticia de colaborar para hacer posible un mundo más pacífico, equilibrado y respetuoso de la creación. Es lo que el Señor quiere de nosotros, especialmente de los jóvenes: que vivan la fe con alegría, como dice el título de ese gran movimiento educativo y de promoción social que fundó el jesuita P. José María Vélaz y que hoy educa a más de millón y medio de jóvenes en 23 países de América y África, y pronto de Asia.

 El Señor nos llama a cada uno por nuestro nombre porque nos conoce y nos quiere, quiere lo mejor para nosotros y sabe de lo que somos capaces. Los jóvenes tienen por delante toda una vida, que pueden elegir vivirla de muchas maneras. El papa les invita a vivirla en toda su plenitud con alegría y entusiasmo, que reciben como regalo los que se apuntan al llamado de Jesús, que nos invita a vivir como él.

  1. Fco. Javier Duplá s.j.