INTENCIÓN UNIVERSAL AGOSTO 2018

 

 INTENCIÓN DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN – AGOSTO 2018

 

 

 

Universal: La familia, un tesoro

“Para que las grandes opciones económicas y políticas protejan la familia como el tesoro de la humanidad”.

Dice el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia:

La familia es el ámbito no sólo de la generación sino de la acogida de la vida que llega como regalo de Dios. Cada nueva vida «nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que jamás deja de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes: los hijos son amados antes de que lleguen» [Juan Pablo II, Familiaris consortio]. Esto nos refleja el primado del amor de Dios que siempre toma la iniciativa, porque los hijos «son amados antes de haber hecho algo para merecerlo». Sin embargo, «numerosos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro.

Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo. ¡Esto es vergonzoso! […] ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos humanos o de los derechos del niño, si luego castigamos a los niños por los errores de los adultos?» [Catequesis del papa Francisco, 8 abril 2015].

Si un niño llega al mundo en circunstancias no deseadas, los padres, u otros miembros de la familia, deben hacer todo lo posible por aceptarlo como don de Dios y por asumir la responsabilidad de acogerlo con apertura y cariño. Porque «cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres».

El don de un nuevo hijo, que el Señor confía a papá y mamá, comienza con la acogida, prosigue con la custodia a lo largo de la vida terrena y tiene como destino final el gozo de la vida eterna. Una mirada serena hacia el cumplimiento último de la persona humana, hará a los padres todavía más conscientes del precioso don que les ha sido confiado. En efecto, a ellos les ha concedido Dios elegir el nombre con el que él llamará cada uno de sus hijos por toda la eternidad [Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 51].

Las familias numerosas son una alegría para la Iglesia. En ellas, el amor expresa su fecundidad generosa. Esto no implica olvidar una sana advertencia de san Juan Pablo II, cuando explicaba que la paternidad responsable no es «procreación ilimitada o falta de conciencia de lo que implica educar a los hijos, sino más bien la facultad que los esposos tienen de usar su libertad inviolable de modo sabio y responsable, teniendo en cuenta tanto las realidades sociales y demográficas, como su propia situación y sus deseos legítimos».

 

COMENTARIO PASTORAL

 

Cada uno de los lectores de las intenciones del Papa Francisco puede pensar con toda razón a propósito de la intención de este mes de agosto: Yo estoy vivo porque mis padres me quisieron desde antes de nacer. Si hubieran sido padres abortivos yo no existiría. Soy un regalo de Dios, que a través de mis padres me trajo a esta vida y a este mundo maravilloso. Gracias, Dios mío; gracias, padres queridos.

No hay nada comparable a la familia, porque en ella existe el amor más puro, el más cercano a la creación gratuita de Dios. La familia es un tesoro de más quilates que el oro, mucho más rico, valioso y vivo que el metal. Es el tesoro de la humanidad, su futuro. Una niña o un niño con padres amorosos crecen seguros de sí mismos, alegres, abiertos al bien. Si tienen hermanos menores, les trasladarán el amor que reciben. Serán educados en el afecto a los demás, en el respeto, en el deseo de ayudarles, en la conciencia de cuidar la Tierra y no excederse en el consumo. La familia es nido, escuela, altar, empresa, club, equipo. No hay institución semejante a ella.

Bien dice el Papa que las opciones económicas y políticas deben proteger la familia como el tesoro de la humanidad. Los que gobiernan tienen que estar convencidos de que solamente dentro de familias amorosas puede el ser humano vislumbrar la felicidad. Las familias estables dan estabilidad a toda la sociedad y la hacen más gobernable.

Parece que hay gobernantes que nunca crecieron en una familia estable y amorosa, porque lo único que les interesa al gobernar es mantener el poder y enriquecerse con el dinero de todos, aunque se destruyan hogares por su culpa. ¿Hay hombres de empresa que sólo piensan en medrar a costa de los demás, en conquistar mercados, aunque haya familias que pasan hambre y toda clase de necesidades? Confiemos en que no sean muchos los que ponen sus intereses particulares por encima del bien común, que no significa simplemente tener cubiertas las necesidades básicas, sino que hace posible que la gente viva en paz, en deseo de ayudar, en amor, tal como se aprende en la familia.

Pidamos al Señor, que vivió en familia con José y María, que abra los ojos y los corazones de tanta gente que necesita la preciosa experiencia de formar una familia como la de Nazaret.

P. Fco. Javier Duplá

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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