INTENCIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN OCTUBRE 2018

 

 

INTENCIÓN DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN OCTUBRE 2018

 

 

 

Por la evangelización: La misión de los consagrados

“Para que los consagrados y las consagradas despierten su fervor misionero y estén presentes entre los pobres, los marginados y con los que no tienen voz”.

 

“El primer objetivo del Año de la Vida consagrada es mirar al pasado con gratitud. Cada Instituto viene de una rica historia carismática. En sus orígenes se hace presente la acción de Dios que, en su Espíritu, llama a algunas personas a seguir de cerca a Cristo, para traducir el Evangelio en una particular forma de vida, a leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, a responder creativamente a las necesidades de la Iglesia.

Este Año nos llama también a vivir el presente con pasión. La memoria agradecida del pasado nos impulsa, escuchando atentamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy, a poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de nuestra vida consagrada.

El Año de la Vida Consagrada nos interpela sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado. Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy? ¿Hay algo que hemos de cambiar? ¿Tenemos la misma pasión por nuestro pueblo, somos cercanos a él hasta compartir sus penas y alegrías, así como para comprender verdaderamente sus necesidades y poder ofrecer nuestra contribución para responder a ellas? En una sociedad del enfrentamiento, de difícil convivencia entre las diferentes culturas, de la prepotencia con los más débiles, de las desigualdades, estamos llamados a ofrecer un modelo concreto de comunidad que, a través del reconocimiento de la dignidad de cada persona y del compartir el don que cada uno lleva consigo, permite vivir en relaciones fraternas.

Abrazar el futuro con esperanza quiere ser el tercer objetivo de este Año. Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, sobre todo en el mundo occidental, los problemas económicos como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social… Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: «No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr 1,8).

Espero de vosotros, además, lo que pido a todos los miembros de la Iglesia: salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales. «Id al mundo entero», fue la última palabra que Jesús dirigió a los suyos, y que sigue dirigiéndonos hoy a todos nosotros (cf. Mc 16,15). Hay toda una humanidad que espera: personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino…”

(Carta Apostólica del Santo Padre Francisco )

  

  

COMENTARIO PASTORAL

 

 

El papa vuelve a repetir un punto que nunca falta en ninguna alocución: “ir a las periferias existenciales” cumpliendo el mandato del Resucitado: vayan al mundo entero. Se refiere en concreto a “personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino”. Pide “gestos concretos de acogida a los refugiados, de cercanía a los pobres, de creatividad en la catequesis, en el anuncio del Evangelio, en la iniciación a la vida de oración”.

Lo más llamativo de este mundo, en lo que más reluce que es una situación de pecado, es la acentuación galopante de las diferencias por el número creciente de desechados del sistema. Por eso, ir a las periferias, tal como las describe el papa es signo inequívoco de trascendencia, que no podrá llevarse a cabo sin ese anclaje en Jesucristo que es el motivo de fondo de toda la carta.

Él sabe que eso no será posible si lo que hay es intocable, por eso pide y espera “que se aligeren las estructuras, se reutilicen las grandes casas en favor de obras más acordes a las necesidades actuales de evangelización y de caridad, se adapten las obras a las nuevas necesidades”. Un verdadero cambio estructural en una dirección trascendente.

El papa pide que no se dé por supuesto nada, que no sobreentendamos que, por ser religiosos, hacemos lo que Dios quiere de nosotros. Nos pide que escuchemos y respondamos al grito de los pobres. En esta situación de pecado, no es una de tantas cosas, es en la que se juega nuestra fidelidad fundamental al Señor Jesús que nos ha llamado a su seguimiento. Por eso concluye el punto diciendo: “Sólo con esta atención a las necesidades del mundo y con la docilidad al Espíritu, este Año de la Vida Consagrada se transformará en un auténtico kairòs, un tiempo de Dios lleno de gracia y de transformación”. Dios quiere salvar a la vida religiosa y le quiere dar un tiempo de gracia, pero eso sólo acontecerá cuando la vida religiosa se ponga en camino de ayudar con todas sus fuerzas a la salvación de los desechados por el orden establecido.

Naturalmente que para que se dé esta salvación de los de abajo, es imprescindible también la solidaridad de muchos profesionales y la conversión de muchos endiosados que provocan el empobrecimiento y la exclusión. Por eso el papa se refiere también a la necesidad de reunirse, tanto los institutos de vida contemplativa como los destinados a ejercer la caridad para encontrar juntos “la forma de acoger y acompañar a los que están en busca de una vida espiritual más intensa o tienen necesidad de apoyo moral o material”. Pero entendiendo que no son dos direcciones desligadas, ya que, como bien va diciendo a través de toda la carta, sólo si nos afincamos en Cristo, iremos a las periferias y el ir a ellas es el mayor signo de conversión.