“Red Mundial de Oración del Papa”

Preparando el examen final

 

Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el 2 de diciembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo.

Un viaje mortal a Nueva York

Cuando salieron del aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, aquellos cinco amigos argentinos no sabían lo cerca que estaba su día y su hora. Si lo hubieran sabido, no habrían hecho ese viaje. Pero la muerte los habría sorprendido, más tarde, en cualquier otro sitio y hora. Como aquel matrimonio que salvo la vida al perder el vuelo de Air France que se hundió en el Atlántico, y murió meses después en un accidente de automóvil. “Estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”.

Vigilar no es vivir angustiado

San Luis Gonzaga estaba un día jugando al frontón y le preguntó un compañero: “Hermano Luis, si supieras que ibas a morir dentro de poco, ¿qué harías?” Y él respondió: “Seguir jugando”. ¿Cómo se conjugan la vigilancia y el juego? La parábola de hoy puede ayudarnos a comprenderlo.

La parábola de las diez muchachas

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.” Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.” Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos. “Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompa­ñaba al novio a recoger a la novia para acompañarlo a la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encon­tramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repues­to. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.

Mientras, las diez se han quedado dormidas. Y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.

La conclusión de la parábola es desconcertante: “Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”. Es desconcer­tante, porque ninguna de la diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. ¿Qué significa esto en la práctica?

Lo que quiere decir la parábola es que hay que prepararse con antelación, porque entonces será demasiado tarde. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Cosa a la que los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.

La clave de la 1ª lectura

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, ofrece una perspectiva muy interesante. Se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de las cinco muchachas.

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta, en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.

En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que se encuentra sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.

Con esto, la parábola adquiere un sentido nuevo. ¿Cómo podemos estar preparados? ¿En qué consiste la vigilancia? En tener ese contacto con Jesús, pensar en Él, hablar con Él, dejarnos encontrar por Él. Para que no nos ocurra lo que dice el novio a las cinco muchachas insensatas: “No os conozco”. La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas. Sin olvidar que el segundo mandamiento es igual que el primero: el amor y la preocupación por el prójimo tampoco se improvisan a última hora.

 

CONCLUSIÓN

El evangelista pretende conseguir un doble propósito: mantener viva la certeza del retorno del Señor y así indicar una sana sugerencia sobre cómo comportarse durante este tipo de vigilancia.

Los peligros existen y deben ser superados por el cristianismo, es decir, vivir con vigilante impaciencia, despreocupado de los afanes de este mundo, eso sería, EVASIÓN; y afanarse por las cosas del mundo, de una manera obsesiva, eso sería MUNDANIZACIÓN. La parábola ofrece una sabia enseñanza: hay que ser previsores y estar preparados ante cualquier eventualidad, sin desanimarse con facilidad o hacer excesivos cálculos.

Sería un riesgo olvidarse del Señor, de las cosas de Dios, el no tener paciencia para esperar su vuelta, lo mismo que relajarse mucho y descuidar la actitud vigilante.

No es lo más importante si la vuelta de Jesús es inminente o se demora mucho; lo importante es “ESTAR PREPARADOS”, porque los momentos son decisivos para la salvación.

La sabiduría del cristianismo está en un planteamiento prudente de la vida y no en teorías especulativas.

La serenidad del momento presente exige preparación y compromiso personal.

Cuando solo aquellas que tienen las lámparas con aceite suficiente entrarían con él a la boda. Los no preparados, no previsores, se encontrarán la puerta cerrada, excluidos definitivamente del Reino.

Será inútil golpear la puerta; la respuesta sonará así: “les aseguro que no los conozco”. (v.2)

La sabiduría de Dios – (1ª. Lectura) llena de vida, fe y constancia evangélica está estrechamente vinculada con el anhelo del corazón por las realidades del más allá por la espera vigilante del Señor, el Esposo, que debe venir, es un impulso que nos manifieste fieles al cielo y a la tierra.

“Señor nos hiciste para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”.

 

 

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LOS VIVOS Y LOS MUERTOS

 

 El  Ser humano es extraño… se pelea con los vivos y lleva flores para los muertos.

Lanza a los vivos a la calle y pide un “buen lugar para los muertos”. Se aparta de los vivos y se mira desesperado cuando éstos mueren.

Queda años sin conversar con un vivo y se disculpa y hace homenajes cuando éste muere.

No tiene tiempo para visitar al vivo, más tiene todo el día para ir al velorio del muerto. Critica, habla mal, ofende al vivo, más lo santifica cuando este muere.

No le hace caso, no abraza, no se importa con  los vivos, más se autoflagela cuando estos mueren…

A los ojos ciegos del hombre, el valor del ser humano está en su muerte y no en su vida. ¡Sería bueno que repensáramos esto, en cuanto estamos vivos!

*(Papa Francisco)*

 

 

 

 

 

 

 

APRENDER  A  MORIR  VIVIENDO

          

La celebración el 2 de noviembre del “Día de los Muertos” me brinda una excelente oportunidad de ofrecer algunas reflexiones sobre la muerte. Los seres humanos somos los únicos que sabemos que vamos a morir. En cierto sentido, podríamos decir con propiedad que el hombre, como lo definió el filósofo alemán Heidegger, es un “ser-para-la-muerte”. Venimos a la vida para abandonarla y desde que nacemos empezamos a morir. Por lo general, la muerte crea una gran angustia al que va a morir, y un inmenso dolor a los seres queridos. De ahí la necesidad de enfrentar la muerte propia y la de los demás con serenidad. Necesitamos todos aprender a morir y aceptar la muerte de los demás de un modo digno, sin convertirla en espectáculo o desesperanza, ya que la muerte es inevitable. Hay que saber vivir y hay que saber morir.

 

Si a vivir se aprende durante toda la vida, toda la vida debería ser un aprendizaje de la muerte. Confucio decía “Aprende a vivir y sabrás morir bien” y Montaigne escribió: “quien le enseña al hombre a vivir, le enseña a morir”. Porque nos sabemos mortales, la muerte tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre la vida. Reconocer que vamos a morir debería potenciar la vida, hacernos más auténticos y amables, más solidarios y humanos, más pacíficos y menos violentos, más misericordiosos y menos rencorosos, más generosos y menos egoístas, pues sólo nos llevaremos de esta vida lo que hayamos dado.

 

En realidad, sólo los que no han vivido en serio, los que se esclavizaron a sus pasiones o ambiciones, los que sembraron dolor y muerte a su alrededor, tienen miedo a morir. Los que aceptaron su vida y se atrevieron a vivirla con sencillez y humildad, los que la vivieron como don que se entrega, aceptan su muerte y la esperan de un modo sereno y libre, como el debido descanso después de una jornada trabajosa y fecunda. Porque la vida mereció la pena, también vale la pena morir.

 

Todos deberíamos esforzarnos por hacer de la vida un aprendizaje de la muerte, y de la muerte una lección de vida. Hay muchas formas de vivir y también de morir. Hay muertes que más allá del inevitable dolor que causan a familiares y amigos, provocan paz, agradecimiento, ganas de vivir en serio, de levantarse de la superficialidad y el individualismo, de superar el rencor y la venganza. Cada persona vive la muerte a su manera. Algunos, como Jesús, los mártires y numerosas personas generosas, fueron capaces de elegir con serenidad la muerte, incluso una muerte afrentosa y muy dolorosa, en defensa de sus ideales que, para ellos, valían incluso más que la vida. Vivieron para dar vida y murieron para defenderla. Vivieron la vida como entrega y su muerte fue una consecuencia lógica de su modo de vivir. El recuerdo de sus vidas y sus muertes sigue germinando ganas de vivir con autenticidad, de gastar la vida en defensa de la vida.

 

Amar la vida no significa aferrarse a ella a toda costa, reduciéndola a un mero vegetar o a un alargamiento artificial que imposibilita un mínimo de calidad de vida y alarga sus sufrimientos y los de los familiares y amigos. El que ama la vida desea, en el fondo, morir con dignidad, cuando le llegue su hora.

Antonio Pérez Esclarín

 

 

 

 

 SEÑOR, ENSEÑANOS A ORAR

 

 

 

 En la vida no es suficiente trabajar, dormir y comer, también es necesario orar, y orar de una manera justa, a partir de la idea y de la visión que tengamos de Dios.

* Jesús al enseñarnos a orar nos enseña que el Dios a quien nos dirigimos es un “papa”, que da su Reino de Paz y Amor a quien se lo pide con confianza.

* En la plegaria del Padre Nuestro pedimos el alimento suficiente para cada día y el perdón misericordioso por los pecados, por nuestras culpas.

* Las peticiones son necesarias porque todos los hombres estamos expuestos cada día al peligro de la tentación, es decir al peligro de poder perder la vida del cielo por nuestra obstinación.

* En la oración del Padre nuestro aparece el sentido de Dios y el sentido del hombre, aparece la bondad infinita del Padre y de la limitación de los hombres y mujeres necesitados de todo, desde el alimento y el perdón, la incapacidad nuestra para aceptar el Reino de Dios, sobre la incapacidad humana, por nuestra pobre condición de hombres y las sombras y nieblas de la vida cotidiana.

* En el Padre nuestro aparece también, todo el camino nuestro de hombres limitados constituido de grandeza y miseria, llamados a ser hijos y hermanos de todo el mundo, de nuestros semejantes, pero al mismo tiempo estamos tentados de responder de una manera negativa. Pero nada nos puede quitar ni cancelar el comienzo sencillo, inolvidable de la oración del Padre nuestro, sin comparación con nada: <<Abbá, papá>>

“Señor, enséñanos a orar, como también Juan ha enseñado a sus discípulos”, y Jesús les respondió: “vosotros cuando oréis, decid: “Padre”.

Algo importante. La escuela de oración de Jesús presupone la escuela de la vida que llevaba Jesús, es decir, que vivamos proyectados hacia los demás, que vivamos para Dios, para sanar la vida de los demás, como Jesús.

*El Padre nuestro es la oración en la que nunca se dice “yo”, nunca se dice “mío”.

Es la oración en la cual uno se libra de la esclavitud de este “yo” egoísta, que siempre quiere estar en el centro.

La primera actitud para orar es salir del “yo” para aprender a decir: Tu nombre Padre, Tu Reino Jesús, Tu voluntad. Quiero decir que se trata de aprender a decir: Tú nombre Padre, Tu Reino, Jesús, Tu voluntad. Quiero expresar, que no se trata de aprender a decir: <<nosotros>>, nuestro pan, nuestras deudas, nuestro mal.

*El secreto del Padre nuestro es la relación con los demás. En el Padre nuestro unimos, conjugamos los creyentes la pasión por el cielo con la pasión por la tierra.

En esta plegaria escuchamos la voz de Dios que nos dice:

Vete al hombre.

Vete al Padre.

*No se puede orar si no se ama con la misma intensidad el cielo y la tierra.

El Padre nuestro es la plegaria de los apasionados; ella ha nacido de una inmensa pasión y no está destinada a los hombres mediocres, grises, sino a personas muy apasionadas por Dios y por los hombres.

*Jesús decía: <<Abbá>> es la palabra con la que los niños se dirigían familiarmente a su padre. Fuera de la casa, el hijo que encontraba a su padre le llamaba <<señor>>. Pero en su casa, incluso el hijo, ya casado, se dirigía a su padre con la palabra<<Abbá>>. Esta es la palabra más cálida, más afectuosa, más familiar.

*Jesús en un diálogo con Dios, utiliza la lengua de casa, y no la que se emplean en los documentos, utiliza el dialecto del corazón.

A ninguno se le ocurría emplear esta expresión familiar para referirse a Dios, llamándolo <<papá>>. Habría sido una falta de respeto hacia Dios.

*¿Qué pasa con un niño cuando llama al padre o a la madre? No los llama por el nombre, Francisco, Cecilia, sino diciendo <<papá>> o <<mamá>>. Papá o mamá no es un nombre entre muchos otros, todo lo contrario, ellos expresan la relación, donde la identidad es el amor.

Jesús se nos ha revelado de esta forma: Dios se encuentra en medio de nosotros con bondad, con misericordia, con ternura; podemos confiarnos a su cuidado, como el niño se entrega, confiado y sereno, a su padre o a su madre. “Si no os volvéis como niños, no entrareis en el Reino…” (Lc 18,17).

Niño es aquel que vive del amor, aquel cuya mañana depende del amor, se encuentra en una red tejida de amor y de confianza.

De esta forma descubrimos que tenemos un Padre, que todo se encuentra bajo el signo de la paternidad.

Por eso la primera palabra de oración es Padre, mejor dicho, papá. La raíz de la oración y de la fe y de toda la religión es aquello que Dios ha hecho por mí, no aquello que yo he realizado por Dios.

En definitiva sólo quien hace la experiencia de ser amado, será después capaz de amar. <<El Padre nuestro>> es la memoria de lo esencial: tener un Padre, el Pan, y la lucha contra el mal.

 

 

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La corrupción es una forma de blasfemia

 

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El Papa afirmó que la corrupción es una forma de blasfemia, a la vez que se refirió al lenguaje de Babilonia según el cual “no hay Dios” sino que sólo existe “el dios dinero, el dios bienestar, el dios explotación”. Francisco recordó asimismo que en la última semana del Año litúrgico la Iglesia invita a reflexionar sobre el fin del mundo y sobre nuestro fin.

 

El Pontífice se refirió ante todo a la Lectura del Apocalipsis que alude a tres voces. La primera es el grito del ángel: “Ha caído Babilonia”, la gran ciudad, “la que sembraba la corrupción en los corazones de la gente” y que nos lleva “a todos nosotros por el camino de la corrupción”. “La corrupción es el modo de vivir en la blasfemia, la corrupción es una forma de blasfemia” – continuó explicando el Santo Padre – “el lenguaje de esta Babilonia, de esta mundanidad, es una blasfemia, no hay Dios: existe sólo el dios dinero, el dios bienestar, el dios explotación”. Y añadió que esta mundanidad que seduce a los grandes de la tierra caerá:

 

“Pero ésta caerá, esta civilización caerá y el grito del ángel es un grito de victoria: ‘Ha caído’, ha caído ésta que engañaba con sus seducciones. Y el imperio de la vanidad, del orgullo, caerá, como ha caído Satanás, caerá”.

 

Contrariamente al grito del ángel, que era un grito de victoria por la caída de “esta civilización corrupta”, hay otra voz potente, el grito de la muchedumbre que alaba a Dios: “Salvación, gloria y potencia son de nuestro Dios”:

 

“Es la voz poderosa de la adoración, de la adoración del pueblo de Dios que se salva y también del pueblo en camino, que aún está en la tierra. El pueblo de Dios, pecador pero no corrupto: pecador que sabe pedir perdón, pecador que busca la salvación de Jesucristo”.

 

Este pueblo se alegra cuando ve el fin, y la alegría de la victoria se hace adoración. No se puede permanecer sólo con el primer grito del ángel, sin “esta voz poderosa de la adoración de Dios”. Pero para los cristianos “no es fácil adorar”: “Somos buenos cuando rezamos pidiendo algo”, pero la oración de alabanza “no es fácil hacerla”. Sin embargo, es necesario aprenderla, “debemos aprenderla desde ahora para no tener que aprenderla de prisa cuando llegaremos allá” a la vez que subrayó la belleza de la oración de adoración ante el Tabernáculo. Una oración que sólo dice: “Tú eres Dios. Yo soy un pobre hijo amado por ti”.

 

En fin, la tercera voz es un susurro. El ángel que pide que se escriba: “¡Bienaventurados los invitados al banquete nupcial del Cordero!”. En efecto, la invitación del Señor no es el grito, sino “una voz suave”. Como cuando Dios habla a Elías.  Subrayó la belleza de hablar al corazón con voz suave. “La voz de Dios cuando habla al corazón es así: como un hilo de silencio sonoro”. Y esta invitación a las “bodas del Cordero” será el final, “nuestra salvación”.

 

En efecto, aquellos que hayan entrado al banquete, según la parábola de Jesús, son los que estaban en las encrucijadas de los caminos, “buenos y malos, ciegos, sordos, cojos, todos nosotros pecadores, pero con la suficiente humildad como para decir: ‘Soy un pecador y Dios me salvará’”. “Y si tenemos esto en el corazón Él nos invitará” y sentiremos “esta voz susurrada” que nos invita al banquete.

 

“Y el Evangelio termina con esta voz: ‘Cuando comiencen a suceder estas cosas – o sea la destrucción de la soberbia, de la vanidad, todo esto – levántense y eleven la cabeza, su liberación está cerca’, es decir, te están invitando a las bodas del Cordero. Que el Señor nos dé la gracia de esperar aquella voz, de prepararnos a sentir esta voz: ‘Ven, ven, ven siervo fiel – pecador pero fiel– ven, ven al banquete de tu Señor”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

 

 

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SECTARISMO CATÓLICO:

UN GRAVE RIESGO PARA LA IGLESIA

 

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Hablar de sectarismo y de “catolicidad” al mismo tiempo es una contradicción en cuanto a términos se refiere, sin embargo, la realidad humana ha logrado que estos términos sean bastante semejantes en la práctica.

La Iglesia Católica pretende ser un “Sacramento de Salvación” para la humanidad. En palabras sencillas, debe ser un “Signo sensible” (esto quiere decir sacramento) del amor de Dios por todos los hombres. La palabra Católico, proviene del Griego “Katá” (Sobre, encima de) y de “olós” (Todo).

De aquí se deriva la consecuencia inmediata de que aquel que se autodenomine católico tenga la primera obligación de saber que su fe no debe excluir a nadie sino, por el contrario, acoger a todos y envolverlos a todos, la principal característica de la fe católica es que conlleva un llamado Universal a encontrarse con el amor de Dios.

Lejos de esta realidad utópica, podemos comprobar que a lo largo de la historia de la Iglesia han surgido grupos y comunidades religiosas que han buscado excluir de la salvación al resto de los seres humanos, imponiendo altos estándares morales (que ni ellos mismos pueden cumplir) a los miembros que forman parte de dichos grupos.

El Sectarismo es contrario al auténtico espíritu católico

La fe en Jesucristo, el hijo de Dios, es muy sencilla: Existe un Dios que te ama y que está dispuesto a hacerlo todo con tal de que tú te salves, este “Todo” contempla incluso sacrificarse a sí mismo con tal de que tengas una “Fuente inagotable de misericordia” a la que te puedes acercar a beber sin importar la gravedad de las faltas que hayas cometido.

Esta es la fe católica auténtica, la de la parábola del Hijo Pródigo que podemos encontrar en el Evangelio de Lucas, capítulo 15 entre los versículos 1 y 32.

El problema es que el “Hermano Mayor” que se encuentra en esta parábola de Jesucristo es un personaje bastante más real de lo que imaginamos.

El Hermano Mayor, el gran sectario

En la Parábola del Hijo Pródigo se narra que un hijo pidió a su padre la herencia que le correspondía para malgastarla con mujeres de “moral distraída” lo mismo que en bebidas y comilonas tremendas.

Después de haberse acabado toda “la lana” se da cuenta de que no le queda otra alternativa que trabajar para seguir viviendo y, después de conseguir un trabajo poco agradable frente al estilo de vida al que estaba acostumbrado, decide volver a la casa del padre.

Sin detenernos de más en el hecho de que su padre (figura literaria de Dios Padre) lo recibe con los brazos abiertos, debemos voltear a ver al hermano mayor que no tolera el buen trato que recibe “El pecador que es su hermano”:

 “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu herencia con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!” Lc 15, 31

Definitivamente a él no le alegra el regreso de su hermano porque para él LA LEY y su cumplimiento es mucho más importante que SU HERMANO.

Sectas Católicas, encarnación del hermano mayor.

Con sólo leer este pasaje, puede ser que a nuestra mente vengan muchos grupos moralistas católicos donde el gran orgullo de los mismos es el respeto a “La Santa Regla”, al “Carisma del Fundador”, a la “Espiritualidad que hemos recibido”…

Es ésta la gran tentación que todos los católicos podemos enfrentar: el deseo de ser llamados buenos, santos, maestros…

No es un deseo malo en sí mismo, es, de hecho una muestra del gran amor que todos queremos demostrar hacia el buen Dios, sin embargo, el enemigo del espíritu sabe que al pecador se le tienta ofreciéndole el pecado y al santo ofreciéndole santidad.

Por eso, cuando el respeto por la ley, por el carisma, por el apostolado, por la coordinación de los catequistas parroquiales o el orden del grupo de reflexión sobre la Sagrada Escritura es superior al amor al prójimo, tenemos problemas… el grupo puede convertirse rápidamente en una secta que el maligno utilizará para dar mal ejemplo a los que quieren acercarse a la fe y que lastimará a los miembros implicados en ella: Se volverán la encarnación del hermano mayor despreciando al hermano que no cumple las mismas reglas que él.

No se puede ser católico y sectario al mismo tiempo.

En su última entrevista a la revista “La Civiltà Cattolica” (La Civilización Católica) que puedes descargar dando clic aquí, el Papa Francisco nos recuerda a los fieles algunas  premisas fundamentales para que huyamos de la tentación de convertirnos en el “Hermano Mayor” de la parábola

  1. El proselitismo (ganar adeptos para una causa a través de la presión) es una actitud pecaminosa.
  2. La Iglesia no crece por el proselitismo, sino por la atracción que sus miembros crean cfr. Benedicto XVI
  3. Querer sumar más y más prosélitos o conversos a la fe sería como convertir a la Iglesia en una empresa u organización (desinteresada de la vida de las personas que están dentro de ella)…. Es aquí donde el proselitismo y el sectarismo se encuentran.

Cuando la Iglesia se convierte en una empresa u organización que contabiliza a sus prosélitos, pierde inmediatamente su carácter “Católico” o Universal para pasar a ser una “secta humana”, indiferente ante el sufrimiento de sus empleados/miembros/prosélitos y enfocada en conseguir un falso objetivo de evangelización que en realidad es solamente crecimiento numérico sin sentido.

Este sectarismo es un gran mal que se debe evitar a toda costa

No considerar estos pensamientos provoca que nos volvamos moralistas evangelizadores que, lejos de alegrarse por el bien que implica vivir “en la casa del padre” o en la gracia de Dios empecemos  a convertirnos en jueces del mundo, a dictaminar en todo momento lo que es bueno y lo que es malo y, tarde o temprano, a despreciar sistemáticamente a aquellos que no vivan como nosotros lo hacemos…

Evitemos el sectarismo y el proselitismo y mostremos a los que nos rodean, crean o no, el rostro del Dios de la Misericordia que Jesús nos vino a enseñar, viviendo con alegría cada día que se nos ha regalado en la vocación y estado de vida a los que Dios nos haya llamado.

 Doctrina de la Iglesia Católica – Opinión

 

 

 

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PAPA FRANCISCO:

CUIDADO CON LA HIPOCRESÍA, LLEVA 

 A  LA  ESQUIZOFRENIA  ESPIRITUAL

 

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Para seguir al Señor es fundamental no engañarse, no decir mentiras y así no caer en la hipocresía, esa esquizofrenia espiritual que nos hace decir muchas cosas pero no practicarlas.

Levadura buena y levadura mala: los dulces de la abuela

En el Evangelio del día, Jesús nos invita a guardarnos de la “levadura de los fariseos”, es decir de la hipocresía. Se observa que “hay una levadura buena y una mala. La levadura que hace crecer el Reino de Dios y la levadura que solo es apariencia en el Reino de Dios. La levadura, hace crecer siempre, cuando es buena lo hace de forma consistente, sustanciosa, se hace un buen pan, una buena pasta: crece bien. Pero la levadura mala no hace crecer bien”.

Para explicarlo, Francisco cuenta una anécdota de la infancia: “Recuerdo que en Carnaval, cuando éramos niños, la abuela nos hacía dulces. Era una pasta muy fina, muy fina. Después la freía en aceite y la pasta se hinchaba, se hinchaba, pero cuando te la comías te dabas cuenta de que estaba vacía. La abuela nos decía, en dialecto llamaban mentiras a estas pastas, “estas son como las mentiras, parecen grandes, pero no tienen nada dentro, no hay nada de verdad, no hay nada de sustancia”. Y Jesús nos dice: ‘Tened cuidado con la levadura mala, la de los fariseos’ ¿Cuál es? La hipocresía. Absteneos de la levadura mala, la de los fariseos que es la hipocresía”.

Hipocresía, esquizofrenia espiritual e  idealismo existencial

La hipocresía, es cuando se invoca al Señor con los labios, pero el corazón está lejos de Él.

“Es una división interna, la hipocresía. Se dice una cosa y se hace otra. Es una especie de esquizofrenia espiritual. El hipócrita es un actor: parece bueno, cortés pero dentro de sí tiene un puñal. Pensemos en Herodes: con cuánta cortesía, y mucho miedo interiormente, recibió a los Magos. Después en el momento de la despedida dice: ‘Id y después volved, y decidme dónde está ese niño para poder ir yo a adorarle’. ¡Para matarle! El hipócrita que tiene doble cara. Es un actor”.

“Jesús, hablando de los doctores de la ley dice: ‘Estos dicen y no hacen’. Es otra forma de hipocresía. Es un nominalismo existencial: los que creen que diciendo las cosas, está todo hecho. No. Las cosas se hacen, no solo se dicen. El hipócrita es un nominalista, cree que con decir las cosas se hacen solas. Después el hipócrita es incapaz de acusarse a sí mismo: nunca encuentra en sí mismo una mancha: acusa a los demás. Pensemos en la paja y en la viga, ¿no? Así podemos describir esta levadura que es la hipocresía”.

Decirse la verdad y no mentiras

 El Papa invita a hacer un examen de conciencia para entender si crecemos con la levadura buena o la mala preguntándonos: ¿Con qué espíritu hago las cosas? ¿Con qué espíritu rezo? ¿Con qué espíritu me dirijo a los demás? ¿Con qué espíritu construyo? ¿Con el espíritu que se convierte en aire?”.

Importante, es no engañarse a uno mismo, decirnos la verdad y no mentiras. ¡Con cuánta sinceridad se confiesan los niños! Nunca, nunca mienten en la confesión, no dicen cosas abstractas. ‘He hecho esto, esto y aquello…’ concretos. Los niños cuando están delante de Dios y de los demás dicen cosas concretas. ¿Por qué? Porque tienen la levadura buena, la levadura que hace crecer como crece el Reino de los Cielos. Que el Señor nos dé, a todos nosotros, el Espíritu Santo y la gracia de la lucidez para decirnos con que levadura crezco y actúo. ¿Soy una persona leal, transparente o soy un hipócrita?

Papa Francisco.

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¿QUIERES VIVIR? “HAZ TU LO MISMO”…

 

El buen samaritano 1

 

El momento de tomar la iniciativa no depende del compromiso político o religioso para ejercitar la “compasión”. El principio de la proximidad no está fuera sino dentro de nosotros. Las ocasiones de actualizarlo se nos presentan continuamente en la vida. Quien quiera la plenitud de vivir debe saber cómo alcanzarla y puede examinarse sobre su camino. Las ocasiones que tal vez han prevalecido en nosotros como trancarnos o cerrarnos, la discriminación que hemos tenido con los heridos, el miedo a ser molestados o comprometidos por aquellos que con distintas necesidades esperaban nuestra ayuda confirmarán nuestra compasión o decepción de los heridos al borde del camino de la vida.

A lo largo de la historia, cada vez que los hombres y las mujeres han sido capaces de responder a los acontecimientos del mundo tomándolos como ocasiones para madurar su propio corazón se ha abierto una fuente inagotable de generosidad y de vida nueva, entreabriendo una esperanza que superaba toda predicción humana. Si pensamos en las personas que nos han infundido esperanza, reforzando nuestro espíritu, descubrimos con frecuencia que no eran en absoluto profesionales del consejo, de la amonestación y de la moral, sino sólo personas capaces de expresar, con sus palabras y sus acciones la condición humana de la que participaban, y que nos han incitado a hacer frente a los hechos reales de la vida.

Los predicadores que reducen lo inexplicable a problema, ofreciendo soluciones de servicios médicos de urgencias, nos deprimen porque evitan la piadosa solidaridad de donde proviene la curación. Ni Kierkegaard, ni Sartre, ni Camus, ni siquiera Solzhenitsin han ofrecido nunca soluciones. Sin embargo, muchos de los que les leen encuentran energías para proseguir en la búsqueda. Quien no huye de nuestros dolores, sino que los toca piadosamente nos cura y nos refuerza.

A decir verdad, la paradoja consiste en el hecho de que el comienzo de la curación está en la solidaridad en ese dolor. En nuestra sociedad, orientada hacia las soluciones, cada vez es más importante darse cuenta de que pretender aliviar el dolor sin compartirlo es como pretender salvar a un niño de una casa en llamas sin correr el riesgo de quemarse.

Hacer por todos los heridos y desconocidos en cualquier curva del camino de la vida todo lo que contribuya para rescatar su dignidad, es la dinámica que Jesús quiere introducir en todo el mundo. Se trata de responder a situaciones comunes de los heridos inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida y dignidad.

¿Acaso nos interesa aprehender a quién debemos amar y a quien podemos excluir de nuestro amor?

Cuando vemos a un herido, todavía nos preguntamos ¿si es prójimo o no? ¿Nos conmovemos y hacemos por él todo lo que se puede?

Nadie pone en duda que el ser humano está hecho para amar y ser amado. Nadie lo pone en duda. Su deseo intrínseco es vivir en comunión y solidaridad. Pero con qué frecuencia lo olvidamos en una y otra ocasión, deformada y desviada por mil problemas y pretextos personales, preocupaciones y centros de interés. A quien le falta capacidad de dar y recibir amor compasivo le falta lo esencial en la vida. Podríamos decir que está “ENFERMO”. Por eso una persona inteligente, activa y eficaz, sin capacidad de compasión, da miedo. Un individuo hábil y poderoso, insensible al amor es un peligro, una responsabilidad en el tiempo y de cara a la eternidad.

Vivirás acogiendo, acompañando, sirviendo, dando y recibiendo amor. Sin esto la vida queda mutilada y pervertida. Esta es la convicción más profunda de Jesús, el cual nos dice que solo hay una forma de tener “vida”. Cuando se escucha sinceramente las palabras de Jesús, sabemos que se nos llama a pasar de la hostilidad a la hospitalidad.

Sabemos que se nos urge a vivir de otra manera, creando en nuestra vida y en nuestro corazón un espacio más amplio para quienes nos necesitan. Sabemos que no podemos escondernos detrás de “nuestras ocupaciones” ni refugiarnos en hermanos teorías. Lo concreto es lo real. Se ama a la humanidad cuando se ama a los hombres concretos que caminan a nuestro lado.

NO PASAR DE LARGO

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“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del “buen samaritano”. En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano. En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia.

En el horizonte aparecen dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: “ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo”. Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana?  Por el camino viene un tercer personaje.

No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar, “ve al herido, se conmueve y se acerca”. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús quiere introducir en el mundo.

Lo primero es no cerrar los ojos. Saber “mirar” de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada nos puede liberar del egoísmo y la indiferencia que nos permiten vivir con la conciencia tranquila y la ilusión de inocencia en medio de tantas víctimas inocentes. Al mismo tiempo, “conmovernos” y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros.  Lo decisivo es reaccionar y “acercarnos” al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir de cerca que es un ser necesitado que nos está llamando. Nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana. Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida y su dignidad. Jesús concluye con estas palabras. “Vete y haz tú lo mismo”.

Los predicadores que reducen lo inexplicable a problema, ofreciendo soluciones de servicios médicos de urgencias, nos deprime porque evitan la piadosa solidaridad de donde proviene la curación.  Ni Kirkegaard, ni Sartre, ni Camus, ni siquiera Solzhenitsin han ofrecido nunca soliciones. sin embargo, muchos de los que les leen encuentran energías para proseguir en la búsqueda. Quien no huye de nuestros dolores, sino que los toca piadosamente, nos cura y nos refuerza.

A decir verdad, el problema consiste en el hecho de que en el comienzo de la curación está en la solidaridad en ese dolor.  En nuestra sociedad, orientada hacia las soluciones, cada vez es mas importante darse cuenta de que pretender aliviar el dolor sin compartirlo es como pretender salvar a un niño de una casa en llamas sin correr el riesgo de quemarse.

(H.J.Nouwen – J.A. Pagola – A. Lacasta sj).

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COMPASIÓN

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A nuestro juicio, para el ser humano una vida «felizmente vivida» no es aquella en la que uno solo experimenta sentimientos de alegría o eufo­ria. La vida felizmente vivida incluye, al menos, esfuerzo (por tanto ago­tamiento), amor (por tanto, olvido de sí), compasión (por tanto, sufrir con la suerte del otro), sentido (por tanto, elección y renuncia). Sin olvi­dar los otros vectores, nos vamos a fijar en la compasión y su importan­cia en la convivencia con la pérdida de salud mental e integral.

 

  1. Strauss, experto investigador de enfermedades mentales graves y sus tratamientos, narra cómo, cuando una persona en fase de recuperación de alguna de esas enfermedades habla de lo que le ha ayudado a salir adelante, la más importante fuente de mejora suele ser: «alguien a quien he importado». Es algo muy impactante cuando se está investigando sobre diversas técnicas o terapias sofisticadas, y de pronto aparece como una herramienta terapéutica esencial algo tan sencillo y tan espontáneo en el ser humano sano y digno como es la mirada afectuosa hacia quien sufre.

 

Retomando el comienzo de nuestras reflexiones, parece que aprender a vivir y convivir con la fragilidad humana, tanto propia como ajena, es esencial para que el ser humano viva feliz. Al lado de una cultura des­bordada por el empeño de algunos sectores, ligados al consumismo, por esconder la imperfección humana en todos los órdenes, que da como re­sultado individuos víctimas de un egocentrismo vanidoso muy destruc­tivo, vivimos tiempos en los que va cobrando forma un paradigma an­tropológico que tiene a la compasión como elemento sine qua non.

 Ciertamente, en el tema que nos ocupa, es el único antídoto contra la mencionada estigmatización.

Para la persona que vive desde un ideal antropológico caracterizado por la fragilidad y la imperfección, empezando por la propia, el enfermo no es visto como alguien vergonzante, atemorizador, ajeno a uno mismo y desprovisto de los atributos que le caracterizan como humano. El enfer­mo es compasivamente percibido como un semejante, es decir, alguien con sus luchas interiores, anhelos y desesperanzas, iguales o parecidas a las de quienes se ven más saludables.

Entre los varios sistemas motivacionales que se entrelazan como motores del comportamiento humano, ocupa un lugar preeminente la denomi­nada «hetero-conservación»: la necesidad de proteger y cuidar de los otros. Autores como H. Bleichmar afirman sin dudar que es «una fuerza tan poderosa que hace que algunas personas sean capaces de sacrificar su auto-conservación, y su vida misma, en aras de satisfacer el deseo de conser­var al otro, de protegerlo […]; el cuidado de la vida corporal y mental del otro (hetero-conservación) es una motivación indispensable a considerar en el interjuego de las motivaciones del psiquismo humano».

 

Que el ser humano centrado en el cuidado de otros es profundamente feliz, es una verdad antropológica incuestionable a la luz de la experien­cia de toda cultura en todo tiempo. Ahora bien, aunque la hetero-conservación es una motivación con un sustrato genético importante, al ser­vicio del cuidado de la especie, que produce un estado de felicidad cuan­do se satisface, también es cierto que requiera un cierto «entrenamiento» (el que dan la crianza y la educación) para que no se vea sobrepasada por motivaciones más apremiantes que dan lugar a satisfacciones más inme­diatas, como las que vienen de parte de la propia auto-conservación o del narcisismo. Dicho desde otro punto de vista, difícilmente se comprende la naturaleza e importancia de la compasión si no se posee la experiencia de que ha habido un «otro» compasivo que, saliendo de sí mismo, ha sido «alguien a quien he importado»`. No es poesía; es antropología; so­mos así.

Por eso es importante caer en la cuenta del efecto multiplicador de las actitudes y los comportamientos auténticamente compasivos. Desde el punto de vista educativo, debería ser una apuesta muy clara y meditada el pro­mover contextos educativos y familiares que transmitan esta dimensión antropológica muy en crisis en un mundo demasiadas veces caracterizado por alentar rivalidades y por promover egocentrismos vanidosos.

 

Traído a nuestra preocupación, solo un marco relacional compasivo puede ayudar a convivir con personas con problemas de salud mental y manejarse en esa difícil situación sin desfallecer física o psíquicamente. Además, es un ingrediente esencial para ayudar a seguir adelante y tener esperanza a quien padece o va padeciendo limitaciones psicológicas. Aho­ra bien, infundir esperanza no es solo invitar a imaginar que llegará la cu­ración, porque en más de una ocasión esto es muy poco realista y termina sonando a hueco; más bien, se trata de ofrecer a otra persona un hombro en’ el que apoyarse («alguien a quien importo») mientras los procesos si­guen su dramático curso en la dirección que sea. Ahí reside, a nuestro jui­cio, un factor esencial para que ambas partes tengan una vida humana fe­lizmente vivida a pesar de la enfermedad.

R.Meana, S.J.

Transferido del Sal Terrae

Marzo 2016

 

 

 

 

EL miércoles 6 de enero se proyectó “el video del Papa” en el cual el mismo Papa Francisco intervendrá en un video cada mes.

El director internacional de la “Red Mundial de Oración del Papa”, el padre jesuita Frédéric Fornos explica los detalles a Radio Vaticano:

“El Apostolado de la Oración, que también se llama la “Red Mundial de Oración del Papa”, cada mes nos ayuda a conocer las intenciones de oración del Papa. Estos grandes desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia que cada mes nos presenta”.

“Estas intenciones para el Papa son muy importantes porque expresan desafíos del mundo de hoy, situaciones importantes no solamente para la Iglesia, sino para todos. Por ejemplo, este mes cuando nos habla de la importancia de un diálogo sincero entre las religiones para que puedan dar realmente fruto de paz y de justicia”.

 

“Estos desafíos son esenciales para todos pero muchas veces son poco conocidos, para eso tenemos que encontrar medios de dar a conocer a toda la Iglesia pero mucho más a otras personas que desean movilizarse con nosotros sobre estos grandes desafíos. Debemos encontrar medios y uno de ellos es el video que es lo más viral, lo más conocido. Videos de alta calidad, con creatividad, con equipos internacionales que lo hayan preparado con lo mejor que se puede hacer hoy en día…”

“El Papa habla de una cultura de la indiferencia… una manera de salir es justamente rezar juntos, con personas de todas las culturas de todos los países, juntos por estos grandes desafíos… cuando rezamos juntos salimos de la indiferencia, cuando rezamos juntos nuestro corazón se abre a los demás, se abre a las situaciones de este mundo y nos movilizamos hacia esos desafíos…”

“Este video del Papa se proyectó el día de la epifanía, un video que será en diez idiomas. En inglés, español, portugués, francés, italiano, alemán y hasta en árabe y chino… y poco a poco en otros idiomas como holandés y hebreo para dar a conocer estos desafíos y poder rezar juntos… Todo está preparado por nuestra agencia de comunicación La Machi”.  “El Papa nos va a invitar a través de este video a rezar con él”.