LA CAUSA DE LOS POBRES, CAUSA DE DIOS.

 

  

PADRES DE LA IGLESIA (SIGLOS I-V)

 

San Basilio

 

SAN BASILIO

 

La mayor parte de los ricos no pone tan­to afán en tener dinero por razones de co­mida y vestido, sino que el diablo se ha dado buenas mañas en sugerir a los ricos infinitos pretextos para gastar; de modo que se busca lo inútil como necesario y nada les basta para sus necesidades ima­ginarias.

Pero las riquezas nos han sido dadas para administrarlas, no para gastarlas en placeres y quien se despren­de de ellas ha de alegrarse como quien de­vuelve lo ajeno.

¿Qué responderás al Juez tú que revistes las paredes y dejas desnudos a seres humanos? ¿Tú que ador­nas a los caballos y ni siquiera te dignas mirar a tu hermano cubierto de harapos? Cuando entro en casa de un rico, vie­jo y tonto, me doy cuenta de que adorna lo que carece de alma y deja sin adorno alguno a su alma. ¿De qué te apro­vecha llevar tu mano iluminada por pie­dras preciosas? ¿A quién se le perdonó la muerte por consideración a sus riquezas?

(Homilía contra los ricos, PG 31, 280ss)

 

San Gregorio de Nisa

 

S. GREGORIO DE NISA

 

Considera quiénes son los pobres y des­cubrirás su dignidad: el Señor, por su bon­dad, les restó su propia persona a fin de que conmuevan a los que son duros de co­razón y enemigos de los pobres que son los despenseros de los bienes que espera­mos, los porteros del reino de los cielos, los que abren a los buenos y cierran a los malos. Ellos son, a la vez, duros acusado­res y excelentes defensores. Y defienden y acusan no por lo que dicen sino por el hecho de ser vistos por el Juez.

Mientras hay todos esos lujos en tu casa, ahí a la puerta están tendidos mil Lázaros y si llegan a molestar un poco más en las puertas, salta de cualquier rincón un portero canallesco del amo cruel y los echa a palos o llama a los perros. Y así, los amigos de Cristo tienen que mar­charse llevándose de propina insultos y golpes, ellos que son el resumen de todos los mandamientos.

(Homilía sobre el amor a los pobres, PG 46,455-68)

 

San Juan Crisóstomo

 

CRISOSTOMO

 

Salimos de la iglesia y contemplamos hileras de pobres que forman como mura­llas a ambos lados. Y pasamos de largo sin conmovernos como si viéramos columnas y no cuerpos humanos. Apretamos el pa­so como si viéramos estatuas sin alma en lugar de hombres que respiran. «Es que vamos con hambre» me decís. Pues precisamente el hambre os habría de persuadir a deteneros porque, como dice el refrán: «vientre lleno desconoce al hambriento»; sólo el que pasa gana reconoce la necesi­dad ajena por la suya propia.

Y des­pués de tanta inhumanidad nos atrevemos a levantar las manos al cielo y pedir a Dios misericordia. No pensemos que bas­ta para nuestra salvación traer a la iglesia un cáliz de oro y pedrería después de ha­ber despojado a viudas y huérfanos. Si tu alma sigue siendo peor que el plomo o una teja ¿de qué vale entonces el cáliz de oro? En la última Cena no era de pla­ta la mesa ni la copa en que el Señor dio a sus discípulos su propia sangre. Porque Dios no tiene necesidad de vasos de oro sino de almas de oro; y la iglesia no es un museo de oro y plata sino una reunión de ángeles.

¿Os digo acaso que lo tiréis todo? No. Disfruta de lo tuyo pero una vez hayas cu­bierto tu necesidad haz algo necesario con lo inútil y superfluo y distribúyelo entre los que se mueren de hambre y tiritan de frío. Tu Señor anda por ahí muerto de hambre y tú dándote a la gula. Que no sea todo nuestro afán acumular rique­zas a toda costa y más que nadie. Piensa lo que serías tú en su lugar. ¿Qué querrías entonces que hicieran los demás por ti? Si nos avergonzamos de quienes Cristo no se avergüenza, nos avergonza­mos del mismo Cristo. Un esclavo no teme a su amo ausente, pero el rico lleva por todas partes a su propio tirano.

Dios no ha hecho nada malo; todo es bueno y muy bueno. También las riquezas a condición de que no dominen a quienes las poseen y remedien la pobreza. Una luz que no desterrara las riquezas sino que las aumentara nos sería luz: de modo semejante no es verdadera riqueza la que no destierra la pobreza sino que la aumenta.

Me diréis «ya estás otra vez metién­dote con los ricos».  Pero yo os digo: ¡ya estáis otra vez vosotros contra los po­bres! No estoy hablando contra los ri­cos sino a favor de los ricos: porque te quiero librar del pecado, te saco de tu ra­piña y te hago amigo de todos y amable a todos.

¿Eso es aborrecerte o más bien amarte? No te persigo a ti sino a tu pasión. El no dar parte de lo que se tiene ya es un género de rapiña porque el princi­pio y raíz de toda riqueza es siempre forzosamente la injusticia: porque al princi­pio Dios no hizo rico a uno y pobre a otro. Y, si miramos las cosas hasta el fondo, el mayor placer está en la sobriedad.

(Selección de varias homilias)

 

 

San Jerónimo

 

Jeronimo_30Septiembre

 

Con razón habla el evangelio de rique­za injusta, pues todas las riquezas no tie­nen otro origen que la injusticia y no se puede uno hacer dueño de ellas a no ser que otro las pierda o se arruine. Por tanto, si tienes más de lo que necesitas pa­ra vestir, distribúyeselo a los que no tie­nen y reconoce que eres deudor de ello. (Carta a Hebidia, PL 22, 984)

 

 

San Ambrosio

 

SAN AMBROSIO

¡Ay ricos! ¿Hasta dónde pensáis llevar vuestra codicia insensata? ¿Es que sois acaso los únicos habitantes de la tierra? ¿Por qué expulsáis de vuestras posesiones a los que tienen vuestra misma naturaleza y reivindicáis para vosotros solos la pose­sión de toda la tierra? Cuanto más tie­nes más deseas. Y aunque lo adquirieras todo seguirías siendo un indigente: pues la avaricia se inflama con el lucro en lu­gar de extinguirse.

 El rico es más tolera­ble cuanto menos tiene, lo que Dios hi­zo nacer para muchos por medio de ti, tú te lo reservas para ti solo o, mejor dicho, lo pierdes para ti solo. Muchos ricos de­cís que no debemos bendecir al que Dios maldice y quiere que pase necesidad. Pero yo te digo que los pobres no son malditos. La tierra es de todos, no sólo de los ricos. Pero son muchos más los que no go­zan de ella que los que la disfrutan. Lo que das al necesitado te aprovecha también a ti, porque es el propietario el que debe ser dueño de la propiedad y no la propiedad señora del propietario.

(Libro de Nabot el israelita, PL 14, 765ss)

 

Los misterios de la fe no requieren oro. Y lo que no se puede comprar con el oro tam­poco se dignifica más con el oro.

(Sobre los deberes de los ministros de la Iglesia, PL 16, 62)

 

 

San Agustín

 

Saint_Augustine_by_Philippe_de_Champaigne

 

Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas mismas son injustas ya que tú tienes y otro no tiene, tú abundas y otro vive en la mi­seria. El oro y la plata pertenecen só­lo a aquel que sabe usarlos.  Uno es digno de poseer cuando lo usa bien. Y quien no usa justamente no posee legíti­mamente y si se proclama dueño de algo no será esta palabra de poseedor jus­to sino de usurpador sinvergüenza.

(Sermón 50, PL 38, 327)

 

 

San Pedro Crisólogo

 

PedroCrisologo-30Julio

 

Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye lo aho­rrado sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Por tan­to, hermanos míos, cuando ayunemos coloquemos nuestro sustento en la mano del pobre para que ella nos guarde lo que he­mos quitado a nuestro estómago.

(Sermón 8, PL 52, 209)

 

 

EDAD MEDIA (SIGLOS VI-XV)

 

San Pedro Damián

 

damin

 

Igual que la leña nunca sacia al fuego, del mismo modo el dinero acumulado nunca sacia el ardor de la avaricia.

(Opúsculo a los cardenales, 2; PL 145, 532)

 

San Bernardo

 

bernardo

 

Claman los desnudos, los hambrien­tos se quejan: decidnos, obispos, ¿qué hace el oro en el freno? ¿Acaso el oro del freno sirve para aplacar el frío o el ham­bre? Cuando nosotros morimos mi­serablemente de hambre y frío ¿de qué os sirve tantos vestidos extendidos en largas perchas o doblados en las fundas? Nues­tro es lo que malgastáis, a nosotros nos quitáis cruelmente lo que gastáis super­fluamente. También nosotros somos he­churas de Dios como vosotros y estarnos redimidos por la sangre de Cristo. Somos hermanos vuestros. Mirad pues si es ra­zón que lo que es herencia y lote de vuestros hermanos lo convirtáis en pompa delante de vuestros hermanos. […] Todo lo que aumenta vuestras vanidades se le quita a nuestras necesidades.

(Tratado sobre las costumbres y deberes de los obispos, 2,7; PL 182 815)

No es la miseria sino la misericordia lo que hace dichoso al hombre. Pero el lu­gar propio de ésta es la miseria.

(PL 182, 841)

 

 

Concilio de Aquisgrán (836)

 

CONCILIO

 

 

 

 

 

 

 

 

Conviene que los obispos sepan que los bienes de la Iglesia les han sido confia­dos no como sus propios bienes sino por el Señor y para cumplir las necesidades de los demás. Que sepan también que los bienes de la Iglesia no son otra cosa que los deseos de los fieles, el precio de los pe­cados y el patrimonio de los pobres. Por tanto hay que procurar al máximo que nin­gún obispo (ya sea por avaricia propia o por miedo a los poderosos o afán por sus parientes) desvíe hacia otros aquello que fue dado para los servicios de la Iglesia. No sea que lo que a otros les sirva para perdón de los pecados, a él le sea argumento para su condena. Más bien procure, tras atento examen, hacerlos llegar a los po­bres a través de los ministros de la Iglesia. (Canon 19)

 

 

Maestro Eckhart

 

eckhart

 

Aun en el caso de que el gozo sea efectivamente amor, tampoco es lo mejor.

Prueba de ello es que, a veces, debe el hombre renunciar a ese júbilo por algo de más calidad amorosa […]. Como he expli­cado otras veces, si un hombre estuviera en éxtasis como san Pablo y supiera que un enfermo tiene necesidad de una sopita, tengo por mejor que dejara el éxtasis y sirviera al necesitado con gran amor.

(Reden der Unterweisung, 11)

 

 

San Antonio de Padua

 

antoniodepadua

 

 

El avaro es un pobre hombre, no po­seedor sino poseído: que no dispone de sí sino que las riquezas disponen de él.

(Sermón en el 2° domingo de Pentecostés)

Ancho es el camino que lleva a la per­dición. Pero […] no para los pobres de Cristo que entran por la vía estrecha, sino para los usureros de manos rapaces que se están convirtiendo en los amos del mundo […]. Y ¡qué casualidad! Son esas mismas manos, todavía manchadas de la sangre de los pobres, las que luego se tienden para dispensar limosnas.

(Sermones dominicales et. festivi, Padua 1979, 1, 33)

 

 

Santa Catalina de Siena

 

catalina_siena

La confianza en las riquezas empobrece y mata el alma, hace al hombre cruel con­sigo mismo […]. Los que se basan en ellas pierden el dominio de sí mismos y se ha­cen sus esclavos. Insaciables porque aman las cosas que son menos que ellos, pues todas han sido creadas para el hombre, pa­ra que le sirvan y no para que le conviertan en su esclavo. […] Hay tantos pobres por­que los ricos, a causa del afecto desorde­nado, poseerían todo el inundo si les fuese posible. […] Si bien lo consideras, de este desordenado deseo y voluntad de las rique­zas procede todo pecado.

(Diálogo, 150)

 

 

San Bernardino de Siena

 

BernardinoSiena-20Mayo

 

Lo admirable de este asunto es que, por lo general, los mendigos reciben más en limosnas de los pobres que de los ri­cos. Y esto pone muy en claro hasta qué punto las riquezas aumentan la insaciabili­dad y la sequedad en los corazones de los avaros. Que si un árbol con agua da menos frutos que otro en tierra seca, señal es de que se trata de un árbol malo. […] Tanto afecto desordenado tiene su origen en el amor propio e individualista, y fácilmente arrastra la conciencia a su modo de sentir. […] ¡Fijaos cuántos usureros tienen la conciencia cegada por su misma pasión hasta el punto de parecerles que son jus­tas las ganancias que sacan de sus usuras!

(Cita tomada de E. Mollat, Les pauvres

au moyen Áge, 314)

 

 

¿Qué significa «pobres de espíritu»?

 

pobres-en-spiritu_large

 

Dichosos los pobres de espíritu quiere decir: los que no por necesidad, sino por voluntad de entrega viven para Dios des­preciando todas las otras cosas.

(S. Anselmo, Homilía 2 sobre san Mateo; PL 198, 595)

  1. Dichosos los pobres de espíritu: fijate que no habla de los pobres sin más. No se refiere a aquellos que son pobres por una necesidad miserable, sino por una voluntad loable. […] Pobres de espíritu significa pobres por tira voluntad del Espíritu, po­bres con tina finalidad y un deseo espiritual.

(S. Bernardo, Sermón de todos los santos, PL 183, 456)4

 

 

PADRES DE LA IGLESIA – RENACIMIENTO (SIGLOS XVI-XVII)

 

 Ignacio de Loyola

 

ignacio loyola

 

 

Se muestra cuánto aprecia Dios la pobreza viendo cómo los escogidos amigos suyos, sobre todo en el Nuevo Testamento, comenzando por su santísima Madre y los apóstoles y siguiendo por todos los que van de tiempo hasta nosotros comúnmente fueron pobres […]. Son tan grandes los pobres en la presencia divina que principalmente para ello fue enviado Jesucristo a la tierra […] y tanto los prefirió a los ricos que quiso Jesucristo elegir todo el santísimo colegio de entre los pobres y vivir y conversar con ellos […]. Los pobres serán sus asesores: tan excelso es su estado. La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey eterno. […] Si esto es verdad de los pobres no voluntarios ¿qué diremos de los voluntarios? […] Sólo esto os diré: que aquellos que aman la pobreza deben amar el séquito de ella, en cuanto de ellos dependa, como el comer, vestir, dormir mal y el ser despreciado.

(Carta a los jesuitas de Padua. Obras, Madrid 1963, 701-704)

 

Fray Francisco de Osuna

 

 

OSUNA

 

 

Tengamos en mucho a los pobres tan estimados de Dios […]. Padres nuestros son en representamos a Cristo […]. Y permitió Cristo, habiendo sido pobre, que su iglesia tuviese grandes rentas para mantener a los pobres; donde todas las rentas de los beneficios y de las dignidades eclesiásticas, todas se ordenaron para servir a los pobres, porque la necesidad no les hiciese pecar ni el descontento de la vida trabajosa les hiciese desesperar o ser impacientes contra Dios. Si hallas duro al pobre, duro hallarás tú a Dios […].

(Ley del amor santo, cap. 38)

 

 

San Juan de Ávila

 

avila

 

 

El obispo, el señor de vasallos, el cura: éstos han de andar buscando a los que tienen necesidad. Los que no tienen estos cargos no son obligados a más de lo que se les ofreciere. […] En negocio de caridad no creáis a todos aunque sean predicadores […]. Quien tiene caridad, si había de traer sayo de seda, pasa con un sayo de paño.

« ¡Oh! ¡Que conviene para la decencia de mi estado! ». «Más tengo que amar la vida del prójimo que la decencia de mi estado». [… ] ¿A qué llamáis «estado»? «El que inventó la mujer loca y el sastre del diablo». […] Cuando lo que nos sobra gastamos en vanidades, robamos las cosas ajenas.

«No me sobra». Mirad no os engañéis. Si de verdad decís eso bien está. Más sospecho que tenéis engaño. Si el estado lo medís por el uso, vais muy engañados.

Decimos a Dios «Padre nuestro»; luego todos somos hermanos. Quien no quiere el nuestro no quiere a Dios por Padre.

(Comentario a la Primera carta de Juan, 3,17. Obras completas, Madrid 1970, IV, 349-354)

 

 

Juan Luis Vives

 

LUIS VIVES 5

 

 

Si socorriéramos a los pobres con prontitud y tiempo, sin duda se seguiría el grande y público bien de que […] mudaran sus costumbres: pero en el día dejamos a los mendigos que se pudran en su necesidad; pues ¿qué pueden sacar ellos de sus inmundas miserias sino todos los vicios que ya hemos referido? Por eso sus culpas son miserias humanas y, de algún modo, necesarias; pero las nuestras son voluntarias, libres y casi diabólicas.

Porque ¿qué es una ciudad cristiana donde se lee diariamente el evangelio […] vivir de tan diverso modo del que allí se prescribe? Tú no puedes ir vestido sino de seda y al otro le falta aún un pedazo de jerga con que cubrirse […]. A ti, por estar ya tan harto, te dan fastidio y ganas de vomitar los capones, perdices y otros manjares muy delicados y de grandísimo precio; y a tu hermano le falta hasta un pan de salado con que sustentarse y mantener a su pobre mujer y niños tiernecillos; y echas tu mejor pan a tus perros […]

Dirá alguno […]: «hago esto de lo que es mío». […] Ya mostré el buen sentido en que nadie tiene cosa suya. Ladrón es y robador todo aquel que desperdicia el dinero en el juego, que lo retiene en su casa amontonado en las arcas, que lo derrama en fiestas y banquetes, el que lo gasta en vestidos muy preciosos o en aparadores llenos de varias piezas de oro y plata, aquel a quien se le pudren en casa los vestidos, los que consumen su caudal en comprar con frecuencia cosas superfluas o inútiles […]. No hemos de medir nuestras necesidades de modo que contemos entre ellas el lujo, ostentación y demasía […]. Ni es agradable a Dios la limosna de lo que el rico ha quitado y tiene del sudor y hacienda del pobre: porque ¿a dónde va a parar, despojar tú a muchos con engaños, mentiras y fuerza, para dar un poco a algunos? […] A ninguno tengo por verdadero cristiano que al prójimo necesitado no le socorre en cuanto puede.

(Tratado del socorro de los pobres, -1528.Madrid 1931, pp. 44-74)

 

Francisco de Vitoria

 

Francisco de Vitoria

 

El hombre, en cuanto a su persona, y por consiguiente en cuanto a sus bienes, más es de la república que de sí mismo. […] Así que, mediando una justa causa, puede disponer la república de los bienes de cualquier particular, porque los bienes de éste más son de la república que suyos […]. (Por eso) el que se exime fraudulentamente de pagar los tributos no puede estar tranquilo en conciencia y está obligado a restituir […]. Es una manera de iniquidad que se grave más con tributos a los que deberían estar menos gravados. Esto es no sólo contra del derecho civil sino contra el derecho natural y así se hace ahora: que, exentos los ricos, pagan tributos los pobres.

(Sentencias morales 1, 93.194,132).

La división de las cosas no se hizo por derecho natural […] ni por derecho divino positivo. Ni por derecho divino ni por derecho natural, nadie en todo el orbe es dueño temporal de las cosas, es decir no hay ningún propietario. Por una causa razonable o de buen gobierno pueden las cosas comunes ser reguladas por la ley positiva. Sin embargo, no deben ser repartidas como lo están en la actualidad, a saber: que los ricos tengan más y los pobres permanezcan en su necesidad, Deben ser divididas sin injuria para nadie. […] Para los que se encuentran en extrema necesidad todas las cosas son comunes, y de forma que las cosas que se necesitan ya no son en ese caso propias del rico sino del que padece la necesidad.

(Comentario a la II, Ilae, III, 74-75 y 260 – 270)

 

 

 Santa Teresa de Jesús

  

teresa-jesus1

 

[El rico] si entendiese, no comería con tanto contento ni se daría a gastar lo que tiene en cosas impertinentes y de vanidad. Ansí vosotras, hijas siempre mirad con lo más pobre que pudieres pasar, ansí de vestidos como de manjares. […] Siempre procurad servir a su divina Majestad de manera que no comáis lo que es de los po­bres.

(Meditación de los Cantares, 2,11)

Muy mal parece, hermanas mías (que) de la hacienda de los pobrecitos, que a muchos les falta, se hagan grandes casas. No lo permita Dios: sino pobrecita en to­do y chica.

(Camino de perfección, ed. Ese. 9)

Decid a un regalado y rico que es vo­luntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato para que coman otros si­quiera pan, que mueren de hambre; saca­rá mil razones para no entender eso sino a su propósito. Es la voluntad de Dios que­rer tanto para su prójimo como para sí. (Camino de perfección, 57)

 

Fray Luis de Granada

 

fray luis

¡Oh maravillosa excelencia del pobre pues en él se representa la persona de Dios! De manera que Dios viene a escon­derse en el pobre y éste es el que tiende la mano, mas Dios el que recibe lo que se ofrece y el que ha de dar el galardón. Si los pobres fueran reyes o príncipes de la tierra, no me maravillara yo tanto que así los recomendara; mas siendo como son las heces del mundo, que los junte Dios consigo y los ponga en su lugar, ¿qué co­sa puede ser de mayor nobleza y de ma­yor bondad y misericordia? [… ] No abris­te las puertas de tu casa al pobre, no te abrirá Dios las del cielo […] ¿Por qué, si piensas, tú eres rico y aquel pobre? […] Mira pues lo que haces en tener lo que no sólo a ti mas también a tu prójimo perte­nece. Mira que de los pobres es el pan que injustamente guardas y de los desnudos la vestidura que en tu arca tienes, y del que anda descalzo el zapato que en tu casa se envejece y del pobre el dinero que escon­des en la tierra. […]Algunos se contentan con dar a los pobres una nonada, que pa­rece que les dan más por redimir su veja­ción y ahorrar de aquella inoportunidad, que por socorrer a su necesidad.

(Tratado de la oración y meditación, en Obras de E L. de G., Madrid 1096, p. 604 ss. Selección de frases)

 

Antonio de Montesinos

 

15enero-montesinos-623x320

 

Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes […] ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? […] ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que, en el es­tado en que estáis, ¡no os podéis salvar más que los moros o los turcos que care­cen y no quieren la fe de Jesucristo! (Sermón pronunciado en La Española, el 21/12/1511, cuarto domingo de Adviento).

 

 

Bartolomé de las Casas

 

bartolome

 

¿En qué juicio de hombre cristiano puede caber que, para dorar una tiranía crudelísima y acérrima que consume a tantos pueblos y gentes sólo para satisfa­cer la codicia de los hombres y por darles oro, se tomase el título de hacerles ense­ñar la fe por aquellos que ni para sí la sa­ben y (con ese título) les entregasen a los inocentes para que sacasen de su sangre las riquezas que (los españoles) tienen por dios? […] Los españoles, por sólo su in­terés temporal, han infamado a los indios con las mayores infamias que nadie ima­ginara decir [… ]. Los han infamado y acu­sado cien mil millares de veces después que cayeron en la cuenta de que podían enriquecerse [sólo con] servirse de ellos y robarles sus haciendas y personas.

La caridad nos manda y enseña que amemos a nuestros prójimos como a noso­tros mismos, haciéndoles bien y quitán­doles y preservándoles del mal […] Dios, que es justísimo y verdadero y sumo rey de todos, está muy indignado, enojado y ofendido con grandes ofensas y pecados que han cometido los de España en las In­dias, afligiendo y oprimiendo, tiranizando y robando y matando a tantas gentes […] las cuales eran gentes de ánimas raciona­les, criados y formados a imagen y semejanza de la altísima Trinidad, todos vasallos de Dios y redimidos por su pre­ciosa sangre.

Aunque fuese posible que Vuestra ma­jestad perdiese todo su real señorío y que nunca fueran cristianos los indios […], no sería inconveniente que Vuestra Majestad dejara de ser señor de ellos y ellos nunca fuesen cristianos […]. Grandes reales son inexpiables pecados y dignos de conde­nación eterna, querer matar a los infieles con título de salvarlos, o matar a unos por salvar a otros. No quiere Dios tal ganan­cia con tanta pérdida.

(Frases selectas de Obra indigenista, 367­449)`

Dejo en las indias a Jesucristo nuestro Dios, azotado y afligido y abofeteado y crucificado, no una sino railes de veces [… ] de parte de los españoles que asuelan y destruyen aquellas gentes y les quitan el espacio de su conversión […]. He rogado y suplicado muchas veces al consejo del rey […] que no permitan ir españoles a cierta parte de tierra firme donde los reli­giosos siervos de Dios han comenzado a predicar el evangelio […] y me respon­dieron que no ha lugar porque sería tener la tierra ocupada los frailes sin que de ella tuviese renta el rey […].

(Obras Completas, ed. BAC, p. 511)

A Vuestra Beatitud humildemente su­plico que haga un decreto en el que de­clare por excomulgado y anatematizado a cualquiera que dijese que es justa la gue­rra que se hace a los infieles […], y al que dijere que los gentiles no son verdaderos señores de lo que poseen o al que afirma­re que son incapaces del Evangelio y sa­lud eterna por más rudos y de tardo inge­nio que sean, lo cual ciertamente no son los indios. [… ] Vuestra Santidad mande que los obispos defiendan esta causa po­niéndose por muro de ellos hasta derramar su sangre como por ley divina son obli­gados […]. Suplico humildemente que les mande aprender la lengua de sus ovejas, declarando que son a ello obligados por ley divina y natural.

(Carta al papa Pío V, Ibid, p. 541-42)

 

 

Erasmo de Rotterdam

Erasmus_of_Rotterdam

 

Dios no escucha nada más que a los pobres. Y ¿qué le queda sino la muerte plena a aquel a quien Dios no escucha? Y de eso no está excluido nadie por más que sea rey o emperador, o sátrapa o cardenal o sumo pontífice.

(Comentario al salmo 85, Opera omnia, V 516)

Cristo quiere que sus beneficios no los devuelvas a él sino a tu prójimo. Mira pues qué puedes tú y qué necesita él […] Si un miembro tuyo rechina los dientes de hambre ¿vas a estar eructando perdices? Tu hermano desnudo tiembla de frío y a ti se te comen las polillas y la carcoma tus muchos vestidos. Tú pierdes una noche en el juego mil escudos de oro y esa misma noche una pobre cría se prostituye empu­jada por la necesidad […] ¿Y piensas que con esos criterios puedes llamarte cristia­no cuando ni siquiera mereces ser llama­do hombre?

(Enchiridion inilitis christiani, Ibid. 45ss)

Con dificultad me parece que se pue­den excusar de pecado mortal los que con superfluos y demasiados gastos edifican o adornan los monasterios e Iglesias, sin par­ticular necesidad del culto divino, viendo tantos templos vivos de Dios perecer de hambre, encogidos de frío, afligidos con necesidad de otras cosas necesarias […]. Si quieren rescatar sus pecados para con Dios, estos gastos que hacen en dorar y es­culpir las piedras de las iglesias, los harían secretamente en socorrer a los verdaderos pobres. Pero no buscan la gloria de Dios sino la suya propia […] Si las obras que nos harán merecer el Reino [… ] son vestir, albergar, visitar a Jesucristo y otras tales, yo tengo por gran desvarío darle de comer donde él no ha hambre, de beber donde no ha sed, de vestir donde no está desnudo, albergarle donde no le falta casa pues, se­gún él dice, ninguna de estas cosas pade­ce él sino donde su pobres las padecen.

(Coloquios, Madrid 1947, 122ss)

 

 

Santo Tomas Moro

TomasMoro-22Junio

 

No hay castigo tan horrible que pue­de evitar que roben los que no tienen otros medios de subsistencia. […] Se destinan a los ladrones grandes y horribles casti­gos, cuando mucho antes se hubiese debi­do tomar precauciones para que hubiera algunos medios con los que pudieran ga­narse la vida, de modo que nadie tuviera que llegar a ese extremo de necesidad […]. Pues casi todo ha caído en manos de unos pocos ricos que no necesitan vender más que cuando les place, y no les place más que cuando pueden vender tan caro como les place […]. Así, la irrazonable codicia de unos pocos ha convertido en una completa ruina […] lo que debía ser la principal fortuna de vuestro reino. […] Y, para arreglar la cosa, a estas desgracias mendicidad y miserable pobreza se añade un gran desenfreno, lujos superfluos y desórdenes excesivos. ¿Qué hacéis sino crear ladrones y luego castigarlos? […] Nosotros los cristianos apartamos la vista de la mayoría de las cosas que Cristo nos enseñó […]. Los predicadores han retor­cido y desviado su doctrina y, como una regla de plomo, la han adecuado a las cos­tumbres de los hombres.

Donde las propiedades son privadas, donde todo el peso se apoya en el dinero, es difícil y casi imposible que la repúbli­ca pueda ser gobernada justamente y florezca en la prosperidad [… ]. A menos que penséis que la prosperidad florece donde todo está repartido entre unos pocos, los cuales no cabe duda de que viven sus vi­das muy acomodadamente, y el resto vive miserablemente, desgraciadamente y en la mendicidad.

(Selección de frases de Utopía, Madrid 1985, pp. 85-113)

BARROCO (SIGLO XVIII)

San José de Calasanz

San José de Calasanz

 

Prácticamente en todas las naciones los pobres son la mayoría de la población y no pueden soportar por mucho tiempo el estudio de sus hijos. […] Con sus fa­tigas ellos sostienen al mundo, por así decir, y los mayores trabajos y las elucu­braciones más difíciles son los pensamientos de los hombres pobres que, para llegar a cualquier cosa, trabajan y velan, mientras los ricos duermen y sólo apare­cen en escena a cosas hechas.

(Constituciones 20, 9 y Regula Calasan­cia 14,60)

San Vicente de Paul

Vincen-de-paul1

 

Para Dios es un honor que entremos en sus sentimientos más íntimos, hagamos lo que Él hizo y realicemos lo que Él ha or­denado. Pues bien. Sus sentimientos más íntimos han sido preocuparse de los pobres para amarlos, consolarlos, socorrerlos y recomendarlos. En ellos es en quienes po­nía todo su afecto. Y él mismo quiso nacer pobre, recibir en su compañía a los pobres, servir a los pobres, ponerse en lugar de los pobres hasta decir que el bien y el mal que les hacemos lo toma como hecho a su mis­ma persona. No hay ninguna diferencia en­tre amarle a Él y amar a los pobres. […J

¿Pensáis cristianos que podéis quedaros tranquilos diciendo que no lo creéis? ¡Qué dureza de corazón! Porque no os falta na­da cerráis la puerta a la compasión, a la ayuda a favor de esos pobres que langui­decen […]. Como dice san Ambrosio: «no le has asistido, luego le has matado».

(Citas tomadas de: A. Orcajo, San Vicente de Paul, espiritualidad y escritos, 539 y de J. Ma Ibáñez, Vicente de Paul y los pobres de su tiempo, 360-362)

 

 

 

 

Bossuet

Bossuet_1Mirror

 

En el mundo los ricos tienen todas las ventajas y ocupan los primeros puestos. En el reino de Jesucristo la preeminencia per­tenece a los pobres, primogénitos y verda­deros hijos de la Iglesia. En el mundo los pobres están sometidos a los ricos y parece que no han nacido más que para servirles.

En la santa Iglesia, por el contrario, no se admite a los ricos más que con la condición de servir a los pobres. En el mundo los favo­res y los privilegios son para los ricos y los poderosos; los pobres no tienen parte en ellos más que con el apoyo de los ricos. Mientras que en la Iglesia de Jesucristo las gracias y las bendiciones son para los pobres.

La Iglesia en su plan original fue cons­truida solamente para los pobres y ellos son los verdaderos ciudadanos de esta fe­liz ciudad […]. Jesús no tiene necesidad de ricos en su santa Iglesia. […] No bus­ca a los ricos por ellos mismos. ¿Para qué le servirían en su reinado? No creáis que se complace con sus adornos […]. La sen­cillez de que hace gala el culto de la nue­va alianza es para demostrar a los ricos que ya no necesita de ellos más que para el servicio de los pobres. […] Venid ricos a su Iglesia: tenéis la puerta abierta. Pero os ha sido abierta a favor de los pobres y a condición de que les sirváis. Por amor a sus hijos es por lo que permite la entrada a esos extraños. […] Para eso fundó su Iglesia en la que recibe a los ricos pero a condición de que sirvan a los pobres.

(Sermón de septuagésima en 1569 sobre la eminente dignidad de los pobres en la Iglesia; Oeuvres Complétes, 1862, II, 155ss)

El Apóstol señala muy acertadamente las dos principales enfermedades de los ricos: la primera el gran apego a sus bienes; y la segunda la gran estima que, por lo ge­neral, tienen a su propia persona: porque ven que sus riquezas hacen que el mundo les tenga en consideración… Pues bien, ricos, poderosos del mundo, sacad esta conclusión: que si de acuerdo con las le­yes del mundo los pobres no han nacido más que para serviros, según las leyes del cristianismo sois vosotros los que habéis nacido para servir a los pobres y aliviar sus necesidades.

(Sermón de Viernes Santo en 1662; Oeuvres, 1615).

 

San Juan Eudes

san juan eudes

[El presbítero] es un verdadero padre del pueblo de Dios que tiene el corazón lleno de amor por los suyos. Pero, sobre todo, es el padre, el abogado, el procurador, el protector, «el defensor de los pobres, de las viudas huérfanos y extran­jeros» y el refugio de todos los miserables. Que tiene su gusto en conversar con ellos, vestirlos, consolarlos y servirlos. En asu­mir en su propia mano la causa de los pobres, velar por sus intereses y defen­derlos contra aquellos que los aplastan y oprimen.

(Memorial de la vida eclesiástica; en Oeuvres choisies, Paris 1935, VI, 38-39)

San Juan Bautista de La Salle

 

DELASALLE

 

Debéis abrigar para con los hijos de los pobres particularísimos sentimientos de ternura […] por considerarlos como los miembros de Jesucristo y sus predilectos. La fe debe moveros a honrar a Jesucristo en sus personas y a preferirlos sobre los más acaudalados de la tierra porque son imágenes vivas de Jesucristo […] ¿Hon­ráis a Jesucristo en sus personas? […] ¿Los preferís a los niños de familias aco­modadas y tenéis con aquellos más mira­mientos que con éstos? Profesad tanto amor a la pobreza como tienen los ricos a las riquezas […]. Cuanto más améis a los pobres, en mayor medida perteneceréis a Jesucristo.

(Selección de frases de Meditaciones, Madrid 1970, pp. 245ss.)

 

 

 

SIGLO XIX

Carta del obrero Claude Corbon al obispo Dupanloup (1877)

Corbon,_Claude_Anthime

Nos habéis apostrofado preguntando ¿quién me dirá por qué nos abandona el pueblo? […] Pues bien. Os abandonarnos porque vosotros nos abandonasteis hace algunos siglos. […] No pretendo decir que nos hayáis rehusado «las ayudas de la religión» […]. Lo que quiero decir es que habéis abandonado nuestra causa tempo­ral y que vuestro influjo se ha dirigido a impedir nuestra redención social más que a favorecerla. […] Y sin embargo debo reconocer gustoso que hubo un tiempo en que [… ] a diferencia de lo que hacéis hoy, solíais identificar vuestra causa con la nuestra […]. Luego cambió vuestra ense­ñanza, sobre todo la dirigida a las clases bajas. Se procuró expresamente apartar­las de toda idea de redención en este mundo. No se les recomendó más que la sumisión absoluta a todos los poderes establecidos (¡con la condición de que fueran devotos de la Iglesia!). Se les hizo creer que la más absoluta resignación a su miserable suerte era agradable a Dios. Os empeñasteis en hacerles pensar que, cuanto más se resignaran a ser humilla­dos, pisoteados, aplastados en este mundo, tanto más se granjearían una feliz com­pensación en la otra vida.

(Citado por F. Isambert, Christianisine et classe ouvriére, Paris 1061, 238ss)

N.B. Es la primera vez que un texto de este tenor aparece en esta antología. ¿Cuáles son las causas de ese cam­bio? Daniel Rops señala entre ellas la extracción cortesana de casi todos los obispos. Así: «un cardenal D’Astros no ve «en la triste desigualdad» de las condiciones más que el orden de la Pro­videncia. […] Ignoramos si K. Marx leyó las pastorales de Mons. D’As­tros; en todo caso habría hallado en ellas excelentes citas para probar que la religión es el opio del pueblo […]. El despertar de los católicos a las pre­ocupaciones sociales ocurre al mar­gen de la jerarquía». Añadamos la tergiversación de la re­volución francesa que acaba reducida a una revolución burguesa (como la independencia de América Latina), des­vinculando «libertad, igualdad y fra­ternidad» de su matriz cristiana y per­siguiendo a la Iglesia, pese a que en los estados generales de 1789 había casi una tercera parte de clero. Lo cual hace que la misma Iglesia se dedique más a defenderse a sí misma que a defender a los oprimidos de la nacien­te revolución industrial. Ello explica el carácter excepcional y el valor de los tres testimonios que vamos a citar.

Frederic Ozanam

Fr-Ozanam

La cuestión que en nuestros días divi­de a los hombres ya no es una cuestión política sino una cuestión social.- si la sociedad no será más que una explotación monumental en beneficio de los más fuertes, o tina consagración de cada uno al bien de todos y, sobre todo, a la protec­ción de los débiles. Hay muchos hombres que tienen demasiado y siguen queriendo tener más; hay otros muchos que no tie­nen bastante, que no tienen nada y están dispuestos a arrebatar si no se les da. En­tre ambas clases de hombres está prepa­rándose una lucha y […] amenaza con ser terrible: por un lado el poder del oro, por el otro el poder de la desesperación. […] Cada día vemos que se va haciendo más profunda la división que ha nacido en la sociedad, Ya no son las opiniones políti­cas lo que divide a los hombres, sino los intereses más que las opiniones. Aquí el campo de los ricos; ahí el de los pobres. En el primero un egoísmo que quiere retenerlo todo; en el otro un egoísmo que querría arrebatarlo todo, y entre ambos un odio irreconciliable.

(Cartas a M. Jammot y a M. X. en 1836)

Gentes de bien: se os ha dicho que ha­béis salvado a Francia […]. Habéis aplastado la revuelta; pero os queda todavía un enemigo a quien no conocéis suficiente­mente, de quien no os gusta que os hablen y del que nosotros hemos decidido habla­ros […]: la miseria.

Sacerdotes: es de justicia reconocer que amáis a los pobres de vuestras parroquias, que acogéis con caridad al menes­teroso que toca a vuestra puerta y que no le hacéis esperar cuando os llama a la ca­becera de su lecho. Pero ha llegado la hora de preocuparos más de esos otros pobres que no mendigan, que viven ordi­nariamente de su trabajo […]. Agotad el crédito que todavía os queda entre tantas familias cristianas, presionadlas a tiempo y a destiempo. Y estad seguros de que, forzándolas a que ellas mismas se desnu­den, les ahorráis el disgusto de ser des­nudadas por manos más rudas. No os asustéis cuando los malos ricos […] irri­tados por vuestras palabras, os traten de comunistas, igual que antaño trataban a san Bernardo de fanático y de insensato […].

Ricos: la previsión tiene sus límites: y Aquél que nos enseñó a pedir el pan de cada día, nunca nos aconsejó que nos ase­guráramos diez años de lujo […].

Representantes del pueblo: vuestro trabajo no servirá ni para un día si descuidáis este problema formidable de la miseria, que no soporta más retrasos.

Dios no hace a los pobres. […] Es la libertad humana la que hace a los pobres […]. Y líbrenos Dios de calumniar a aquellos a los que el evangelio bendice, haciendo a las clases inferiores sufrientes, responsables de sus males y sirviendo así a los malos corazones que, cuando han descubierto algún error en el pobre, ya se creen dispensados de socorrerlo. (Artículo en L Ere Nouvelle, en 1848)

Hay explotación siempre que el patrón considera al obrero no como un socio, co­mo un auxiliar, sino como un instrumento del que hay que sacar el mayor rendimien­to posible al menor precio posible. Y la explotación del hombre por el hombre es esclavitud, (trata de blancos […].

(Oeuvres, VIII, p. 588)

 

 

Obispo W. E. von Ketteler

 

ketteler

Nunca ha habido una dictadura del dinero copio la de nuestros días, y es perceptible la estrecha vinculación de ese poder del dinero y el liberalismo: […] Atrae hacia sí a todos los ricos del mun­do para calcular medios con los que aumentar todo lo posible el disfrute de lo material y con esa lógica le parece abso­lutamente correcto que el 90% de la humanidad, excluidos de toda satisfacción material, vivan sólo para servir al disfrute del 10% de elegidos y para facilitárselo hasta la saciedad […]. El libera­lismo quiere hacer a todos iguales. Pero en lugar de cumplir esa promesa, ha crea­do una diferencia entre los hombres ma­yor que todas las antiguas […]. La supre­sión de las jerarquías sociales no sirve para nada, mientras la propiedad en ma­nos de unos pocos destroce toda igualdad entre los hombres en todos los campos de la vida humana […]. El liberalismo des­troza incluso la igualdad ante la ley.

(Schriften, München 1911,111, 244-59)

Ya no es posible engañarse sobre el hecho de que toda la existencia de la casi totalidad de la clase trabajadora (lo cual significa: de la gran mayoría de los hom­bres de los estados modernos) está ex­puesta a las oscilaciones del mercado y del precio de las mercancías para la su­pervivencias de sus familias y para resolver el problema cotidiano del pan necesa­rio […]. No conozco nada más digno de acusación que este estado de cosas. […] Este es el mercado de esclavos de nuestra Europa liberal, configurado según el patrón de nuestro liberalismo ilustrado […]. Hemos de preguntamos qué es lo que ha convertido al trabajo en una mer­cancía de mercado y qué es lo que hace bajar su precio hasta el último peldaño de la escala de las necesidades vitales. [Y la razón es]: el salario del trabajador se regula por la ley de la oferta y la deman­da y, al igual que otras mercancías, la oferta y la demanda se regulan según la ley de la competencia. (Ibid. III, 17-18. ¡Parecen palabras de hoy!)

Lacordaire

lacordaire_2

 

Miseria es no ganarse la vida por más empeño que se ponga en ello. ¿Es posible que haya en el inundo hombres que pue­den y quieren ganarse la vida con el trabajo y no lo consiguen? Efectivamente. […] Extraño fenómeno el de un hombre que tiene derecho a la vida, que no puede vivir sino del trabajo, que lo pide y no lo encuentra. Ese fenómeno existe […]. Y aún no basta: el miserable turba el sueño de los que gozan, aunque no hay que te­mer ninguna revolución: es molesto para quien vive en edificios bien acondiciona­dos e iluminados […] gozando de magní­ficos espectáculos, pensar que quizás a la puerta de la calle haya lázaros que se con­tentarían con unas migajas de pan y que no las tienen porque nadie se las da. Lo natural será deshacerse de esa miseria que tiene el atrevimiento de existir y de pertur­bar sus goces.

(Conferencia en Bruselas, 1847, Obras completas, ed. Bruño, XIV, 57-85)

Nada hay en el mundo a lo que Dios maldiga más que el lujo […]. El lujo es la ruina de la limosna, la ruina de las familias, la ruina de las sociedades. […] Las cosas tienen sus límites en las necesida­des que Dios ha querido. Pero las necesidades que Dios no ha querido, las que ha creado nuestra vanidad, ésas no tienen límites.

(Conferencia en 1851, Ibid. XV, 175ss)

Jesucristo quiso que la Iglesia fuese pobre como lo había sido él; no le formó          patrimonio en la tierra. […] El pobre es un misterio en la iglesia […].

La razón jamás podrá admitir la dig­nidad del pobre. […] El pobre es un sacramento […] que no exige de nosotros preparación alguna sino que nos comuni­ca la gracia y nos dispone a recibir los otros sacramentos.

(Conferencia en 1853, Ibid. XV, 62ss)

SIGLOS XX-XXI

Hermann Kutter

Hermann_Kutter

La cristiandad […] sirve a Dios con to¬da clase de piedad y beatitud, pero olvida que Dios quiere ser servido mediante el amor a los débiles y la superación de la maldad. […]. Voy a deciros una cosa: el dinero ha cegado vuestro corazón, ha enloquecido vuestra razón y ha roto vuestra fuerza. El dinero ha arrancado de vuestros corazones la justicia, el derecho, la verdad y el amor, para plantar en ellos su propia moral. […]
Al igual que Dios, el Dinero tiene también sus diez mandamientos […]. ¿O es que nunca los habéis oído?: No tendrás otro Dios más que a mí. No te harás imágenes ideas o reflexiones imprácticas. No respetarás nada de lo que hay en el cielo o en la tierra, pues yo, el Dinero, soy un Dios fuerte que castiga su desprecio en los hijos y en los nietos, y paga su adoración con bienestar y riqueza. No hablarás mal del Dinero pues él no deja sin castigo a nadie que lo haga. Dedicarás seis días a los asuntos del Dinero, y el séptimo a pensar en él. Honrarás al Dinero mientras vivas, para que puedas vivir largos días, y os vaya bien a ti y a los billetes que él te da. No malgastarás nada. No adulterarás en tu unión con el Dinero. Robarás tanto como puedas. Utilizarás contra tus prójimos falsos testimonios y prác¬ticas mentirosas, pues eso le agrada al Dinero. No desearás los bienes de otro que no sea el Dinero. […]
A la luz de esta moral, el hombre ve la vida de otra mane¬ra y se abre a nuestros ojos un mundo dis¬tinto. Ahora comprendemos por qué el rico y el poderoso se creen de más valor que el pobre: es que miden a los hombres sólo con el Dinero porque él así lo orde¬na. […]. No cabe oposición mayor entre el Reino de Dios y el señorío del Dinero. No cabe mayor incapacidad de compren¬sión que la que tienen los adoradores del Dinero para la existencia del Dios vivo. Por eso vosotros no entendéis la cuestión social […]. Hay que dejar muy claro que la humanidad está prisionera de una sinrazón terrible y que nuestro sistema de producción es una cadena de injusticias y de desobediencias contra el Creador.
(Sie müssen. Ein ojfenes Wort an die christliche Gesellschaft, Berlín 1904,
Selección de frases)

Karl Barth

Karl Barth

La comunidad cristiana es testigo de que el Hijo de Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Esto significa para ella que, libre de toda falsa imparcialidad, ha de mirar preferentemente hacia abajo, también en el terreno político. Intervendrá preferentemente y de manera particular a favor de aquellos que, por su posición social y económica, son débiles y por ello amenazados: en favor de los pobres. Y hará especialmente responsable de ellos a la comunidad civil. Lo primero (para la Iglesia) es dedicar a esos pobres su amor en forma de diakonía.

Pero esto primero no permite descuidar lo otro (que entra en el campo de su responsabilidad política): el compromiso por una configu¬ración de la convivencia que excluya el que la igualdad de todos ante la ley se convierta en un pretexto para una desi¬gualdad fáctica entre ricos y pobres, entre empresarios y obreros, en lo que toca a atención y protección social. La comuni¬dad cristiana aparece en el campo político necesariamente en compromiso y en lucha por la justicia social. Y a la hora de elegir entre las diversas posibilidades sociales […], se decidirá por la que ofrezca una mayor medida de justicia social, dejando al margen otras consideraciones.
(Christengemeinde und Búrgergemeinde, Zurich 1946, p. 27)
El mandamiento de Dios, en la medi¬da en que se le pueda y se le quiera escu-char, será siempre y en todas circunstan¬cias una llamada hacia la oposición, hacia la humanidad y en contra de todas las ma¬neras de pisotearlas. Y, por tanto, una lla¬mada a favor de los débiles y contra la prepotencia de los fuertes. Desgraciada¬mente, la comunidad cristiana ha tardado mucho en comprender esto, en su rela¬ción con el moderno desarrollo capitalis¬ta del proceso de trabajo, y se ha hecho corresponsable de la injusticia que carac-teriza a este sistema.
(Kirchliche Dogmatik,III/4, 624)

Teilhard de Chardin

Teilhard de Chardin

Tienes mil veces razón en trabajar por hacer reinar en tu instituto el amor hacia el pobre: es la actitud más cristiana, más social y más educativa que puedas incul¬car en tus alumnos. Hacerles inclinar con verdadera simpatía ante los miserables es, en cierto modo, inculcarles un solo hábito, la quintaesencia de toda formación huma¬na y católica. Jamás te excederás en este sentido.
Para amar a nuestro prójimo «de mo¬do distinto a como lo hacen los paganos», hay que saber sobrenatural izar nuestras simpatías. Y esta sobrenaturalización será siempre sospechosa e incompleta, si no se la rodea de la aureola de un amor que al¬cance a los miserables, a los menos inte-resantes y a los menos simpáticos.
(Cartas a su prima Marguerite en 1918; en
Génesis de un pensamiento, p. 109 y 158)

 

Charles Péguy

Charles Péguy

La libreta de ahorros es el libro y el compendio del pensamiento moderno. Es¬te libro es el único suficientemente fuerte para resistir los embates del evangelio: porque es la Biblia del dinero que es el verdadero Anticristo […]. Los ricos llegan a creer que la pobreza ha dejado de exis¬tir una vez que han logrado rodearla opor¬tunamente de silencio. Hay dos categorías de ricos: ricos incrédulos y ricos creyentes. Los primeros, obviamente, no conocen el cristianismo puesto que lo rechazan. Los segundos aún lo conocen menos puesto que creen que pueden creer en él y practi¬carlo a pesar de su riqueza […]. No sé qué hacer de una caridad que capitule a diario ante los poderosos del mundo […]. La falta de caridad de los cristianos, combinada con su excesiva riqueza material es la que ha creado esa cosa horrenda: que las fábricas se hayan hecho un mundo cerrado para la Iglesia y que la Iglesia se haya hecho un mundo cerrado para las fábricas.
(De la antología de J. L. Martín Descalzo sobre Péguy, Palabras cristianas, Sala¬manca 2002, p. 95ss)
No hay que disimular que, si la Igle¬sia ha dejado de ser la religión oficial del estado, sigue siendo la religión oficial de la burguesía. Por eso la fábrica le está ce¬rrada y ella está cerrada a la fábrica: por¬que es y actúa como la religión oficial, la religión formal del rico. Y esta es la razón por la que la Iglesia no es nada y, sobre todo, no es nada de lo que era y se ha con¬vertido en lo más contrario a ella misma.
(Notre Jeunesse, en Oeuvres Complétes, N, 171-72)

E. Mounier

E. Mounier

A muchos de los que disertan sobre el comunismo les ha faltado ir a mezclarse con las casas y los hombres de ese subur¬bio que se llama rojo y que, de cerca, no es más que gris, tan gris que parece estar sellado para siempre con el color de los días. Ese suburbio que se piensa que está asediando a París y que basta recorrer para darse cuenta de que es París el que lo cerca y lo fuerza desde hace cinco gene¬raciones a un destino desesperado. Ese suburbio donde ayer quiere decir humi¬llación, hoy inquietud y mañana amena¬za. Donde, si se llega a comulgar con él, aunque sólo sea por unas horas, las pala¬bras justas te entran en seguida por la piel. No: nuestra filosofa no quiere re¬nunciar a esas malas compañías.
(Oeuvres, IV, 17-18)
El capitalismo defiende la iniciativa y la libertad de unos pocos sometiendo a la esclavitud la mayoría. Nosotros quere¬mos para todos el constreñimiento mate¬rial de unas instituciones necesarias, con el fin de asegurar a todos una libertad material sin peligros. […] La economía tiene por función satisfacer las necesidades de todos. Más allá de eso ha cumplido su cometido y las energías deben hallar otro empleo que no sea desarrollarlas artificial¬mente. Por tanto la actividad económica está subordinada a una ética de las necesidades. […] El capital carece de derecho en una comunidad humana, si no ha naci¬do del trabajo y no colabora a un trabajo.
(Obras, Barcelona 1974, 1, 313)

Monseñor Romero

Monseñor Romero

 

El mundo de los pobres es clave para comprender la fe cristiana […]. El encuentro con los pobres nos ha hecho recobrar la verdad central del evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión. […] Ahora sabemos mejor lo que significa la encarnación, qué significa que Jesús tomó carne realmente humana y que se hizo solidario de sus hermanos en el sufrimiento, en los llantos y quejidos, en la entrega. Sabemos que no se trata de una encarnación universal, que es imposible, sino de una encarnación preferencial y parcial, una encarnación en el mundo de los pobres. Desde ellos podrá la Iglesia ser para todos, podrá prestar un servicio pastoral a los poderosos a través de una pastoral de conversión; pero no a la inversa como tantas veces ha ocurrido. […] Los antiguos cristianos decían: la gloria de Dios es el hombre que vive (Gloria Dei vivens homo). Nosotros podríamos concretar eso diciendo: gloria Dei vivens pauper (la gloria de Dios el pobre que vive). Creemos que, desde la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres y creemos también que, poniéndonos del lado del pobre e intentando darle vida, sabremos en qué consiste la eterna verdad del evangelio.
(Discurso cuando el doctorado H.C. en Lovaina. En La voz de los sin voz, San Salvador 1980, 184ss)
Es inconcebible que se diga alguien cristiano y no tome, como Cristo, una op-ción preferencial por los pobres […] ¡Eso ya no es cristianismo! […] Muchos creen que cuando la Iglesia dice «por los pobres» ya se está haciendo comunista, ya está haciendo política […]. (Homilía del 09/09/1979)

Asamblea episcopal de Puebla

 

 

Asamblea episcopal de Puebla

«Rostros en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo: rostros de niños golpeados por la pobreza antes de nacer […], de jóvenes desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad […], de indígenas marginados en situaciones inhumanas […], de campesinos relegados y a veces privados de tierra […], de obreros mal retribuidos […], de subempleados y desempleados por las duras exigencias de crisis económicas […], de marginados y hacinados urbanos con carencia de bienes frente a la ostentación de otros sectores sociales […], de ancianos marginados por la sociedad del progreso» (n° 2602 ss; en la edición de la BAC, pp. 432-22). […] El evangelio nos debe enseñar que, ante las realidades que vivimos, no se puede hoy en América Latina amar de veras al hermano y por tanto a Dios, sin comprometerse a nivel personal y en muchos casos a nivel de estructuras, en el servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se siguen en el plano de esas realidades temporales […] (n. 327). […] El compromiso evangélico de la Iglesia […] debe ser un compromiso con los más necesitados (1141).
Pablo VI
La Biblia desde sus primeras páginas nos enseña que la creación entera es para el hombre […]. Todo hombre tiene el derecho de encontrar en la tierra lo que necesita. Todos los demás derechos, sean los que sean, incluido el de propiedad y comercio libre, están subordinados a ello: no deben estorbar sino facilitar su realización. Y es un grave y urgente deber social hacerlos volver a su finalidad primera.
(Populorum progressio 22)
La aversión surge contra vosotros precisamente en aquellos mismos a quienes ofrecéis […] trabajo. Vuestras empresas, maravillosos frutos de vuestro esfuerzo ¿no son acaso motivo de disgustos y de choques? Las estructuras mecánicas y burocráticas funcionan perfectamente, pero las estructuras humanas todavía no […] ¿No se dice de vosotros que sois los capitalistas y los únicos culpables? ¿No sois el blanco de la dialéctica social? Ha de tener algún vicio profundo, una radical insuficiencia este sistema, si desde sus comienzos cuenta con semejantes reacciones sociales […]. El sistema económico-social, creado por el liberalismo manchesteriano y que todavía perdura en el criterio de la unilateralidad de la posesión de los medios de producción, de la economía encaminada a un provecho privado prevalente, no trae la perfección, no trae la paz, no trae la justicia, si continúa dividiendo a los hombres en clases irreductiblemente enemigas y caracteriza a la sociedad por el malestar profundo y lacerante que la atormenta.
(Discurso a los empresarios católicos, 08/06/1964)

Juan Pablo II

juan pablo

 

Pertenece a la enseñanza y a la praxis más antigua de la iglesia la convicción de que ella misma, sus ministros y cada uno de sus miembros, están llamados a aliviar la miseria de los que sufren cerca o lejos, no sólo con lo «superfluo» sino con lo «necesario». Ante los casos de necesidad no se debe dar preferencia a los adornos superfluos de los templos y a los objetos preciosos del culto divino: al contrario, podría ser obligatorio enajenar estos bie¬nes para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello.
(Sollicitudo re¡ socialis, 31)

Francisco, obispo de Roma
El mensaje cristiano tiene un conteni¬do ineludiblemente social […]. Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. […] Hacer oídos sordos al clamor de los pobres cuando nosotros somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre […].
A los defensores de la ortodoxia se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpa¬bles, respecto a situaciones de injusticia intolerables […].
No se puede tolerar que se tire comida cuando hay tanta gente que pasa hambre. […] Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la ma¬yora se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. […] El salario justo permite el acceso adecuado a los bienes destinados al uso común. […]
Sin un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos […] será imposible erradicar la violencia que, tarde o temprano, provocará su explosión. […] La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar […]. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación finan¬ciera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los pro¬blemas del mundo.
(Textos de la Evangelii gaudium, 2013)