POR EL CLAMOR DE LA TIERRA
INTENCIONES DE ORACIONES
SEPTIEMBRE 2024
«Oremos para que cada uno de nosotros escuche con el corazón el clamor de la Tierra y de las víctimas de las catástrofes ambientales y de la crisis climática, comprometiéndonos personalmente a cuidar el mundo que habitamos.«
DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA 6ª REUNIÓN MUNDIAL DEL FORO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Francisco 10 de febrero de 2023
[…] Desgraciadamente, asistimos a una crisis social y medioambiental sin precedentes. Si realmente queremos cuidar nuestra casa común y mejorar el planeta en el que vivimos, son imprescindibles cambios profundos en los estilos de vida, son imprescindibles modelos de producción y de consumo. Deberíamos escuchar más a los pueblos indígenas y aprender de su forma de vida para comprender adecuadamente que no podemos continuar devorando codiciosamente los recursos naturales, porque “la tierra se nos ha confiado para que pueda ser para nosotros madre, la madre tierra, capaz de dar lo necesario a cada uno para vivir” (cf. Videomensaje a la Conferencia de 500 representantes nacionales e internacionales: “Las Ideas de la Expo 2015 – Hacia la Carta de Milán”, 7 febrero 2015). Por tanto, la contribución de los pueblos indígenas es fundamental en la lucha contra el cambio climático. Y esto está comprobado científicamente. Hoy más que nunca son muchos los que reclaman un proceso de reconversión de las estructuras de poder consolidadas que rigen en la sociedad, en la cultura occidental y, al mismo tiempo, transforman las relaciones históricas marcadas por el colonialismo, la exclusión y la discriminación, dando lugar a un diálogo renovado sobre la forma en la que estamos construyendo nuestro futuro en el planeta.
Necesitamos con urgencia acciones mancomunadas, fruto de una leal y constante colaboración, porque el desafío ambiental que estamos viviendo y sus raíces humanas tienen un impacto en cada uno de nosotros. Un impacto no sólo físico, sino psicológico y cultural Por ello pido a los Gobiernos que reconozcan a los pueblos indígenas de todo el mundo, con sus culturas, lenguas, tradiciones, espiritualidades, y que se respete su dignidad y derechos, con la conciencia de que la riqueza de nuestra gran familia humana consiste precisamente en su diversidad. Sobre esto voy a volver después. Ignorar a las comunidades originarias en la salvaguarda de la tierra es un grave error, es el funcionalismo extractivista, ¿no?, por no decir una gran injusticia. En cambio, valorar su patrimonio cultural y sus técnicas ancestrales ayudará a emprender caminos para una mejor gestión ambiental.
En este sentido, es encomiable la labor del FIDA por asistir a las comunidades indígenas en un proceso de desarrollo autónomo, gracias sobre todo al Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas, si bien estos esfuerzos se deben multiplicar todavía y acompañar con más decidida y clarividente toma de decisiones, en una transición justa. Me quiero detener en dos palabras que son claves en esto: El buen vivir —o el vivir bien— y la armonía. El vivir bien, no es el “dolce far niente”, la “dolce vita” de la burguesía destilada. No, no. Es el vivir en armonía con la naturaleza, el saber buscar, no tanto el equilibrio, sino más bien la armonía, que es superior al equilibrio.
El equilibrio puede ser funcional; la armonía nunca es funcional, es soberana en sí misma. Saber moverse en la armonía, eso es lo que da la sabiduría que nosotros llamamos el bien vivir: La armonía entre una persona y su comunidad; la armonía entre una persona y el ambiente; la armonía entre una persona y toda la creación. Las heridas contra esta armonía son las que evidentemente estamos viendo que destruyen los pueblos. El extractivismo, en el caso de la Amazonía, por ejemplo; la desforestación o, en otros lugares, el extractivismo de la minería. Entonces, siempre buscar la armonía. Cuando los pueblos no respetan el bien del suelo, el bien del ambiente, el bien del tiempo, el bien de la vegetación o el bien de la fauna, ese bien general, cuando no respetan esto, caen en posturas no humanas, porque pierden ese contacto con —voy a decir la palabra— la madre tierra. No en un sentido supersticioso, sino en un sentido de aquella que nos da la cultura y nos da esa armonía. […]
COMENTARIO PASTORAL
Cambios profundos en los estilos de vida, en los modelos de producción y de consumo: esto tenemos que hacer si queremos que perdure la vida en la Tierra, porque la estamos acabando, nos dice el Papa Francisco. Y tiene toda la razón del mundo. Porque tener varios carros, e incluso un yate, viajar por todo el mundo, gastando miles y millones, comprar tanta ropa que no se la pueda usar… es un disparate total, que lleva a gastar y gastar y consumir y consumir los recursos naturales en la producción y el consumo. Y esto lleva a la contaminación global. “Sabemos que cada vez que aumente la temperatura global en 0,5 grados centígrados, aumentarán también la intensidad y la frecuencia de grandes lluvias y aluviones en algunas zonas, sequías severas en otras, calores extremos en ciertas regiones y grandes nevadas en otras […] Si llega a superar los 2 grados, se derretirían totalmente las capas de hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida, con enormes y gravísimas consecuencias para todos” (Francisco, Exhortación Apostólica, Laudate Deum, n. 5, 4 octubre 2023). “Lamentablemente la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda.” (n. 13) Este es precisamente el nudo gordiano del problema, que los que pueden hacer mucho para que el cambio climático no ocurra, están solamente orientados a ganar más y más dinero, aunque no lo necesitan y no se lo van a llevar cuando se mueran.
El aumento de la temperatura de los océanos, su acidificación y disminución de oxígeno están llevando a la muerte de grandes extensiones de algas marinas y a la extinción de muchas especies acuáticas. Este es un fenómeno imposible de revertir en el curso de centenares de años, según dicen los expertos, de forma que por ahí también se está poniendo la soga al cuello el ser humano.
Los prodigiosos avances tecnológicos recientes, como el de la inteligencia artificial, llevan a pensar que tal vez se podrán encontrar soluciones científicas y técnicas al cambio climático. Pero mientras este pensamiento no pasa de ser un deseo, los problemas causados por el hombre se multiplican. Como dice el Papa, “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo” (n. 23). Para utilizar bien tanto poder tiene que haber un crecimiento muy grande en responsabilidad, valores y creencias religiosas. Este crecimiento nos lleva a vernos como parte de la naturaleza, no como un ser ajeno que dispone de ella a su antojo.
Los pueblos indígenas de todo el mundo saben vivir respetando y queriendo a la Pacha Mama o Madre Tierra. El extractivismo petrolero y la tala indiscriminada en la selva amazónica los arrincona y, si puede, los elimina. ¡Qué disparate! No aprendemos de ellos, de su vida sencilla, de su sentimiento grupal de apoyo y respeto por la naturaleza. Todavía estamos a tiempo de imitarlos y salvar así nuestra casa común. Que Dios nos ayude a lograrlo.
P. Fco. Javier Duplá sj.

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