ÁLVARO LACASTA S.J.
DIRECTOR NACIONAL DE LA RED
MUNDIAL
DE ORACIÓN DEL PAPA. VENEZUELA
*******************//*******************

EDITORIAL
<<Jesús es el Hijo de Dios que nos salva haciéndose hombre, despojándose de su gloria y humillándose >>.

Vemos este misterio concretamente en el punto central del pesebre, es el Niño acostado sobre las pajas en un pesebre. Esta <<es la señal>> que Dios nos da en la Navidad: lo que fue en esa fecha para los pastores de Belén, lo es este año y lo será para siempre. Cuando los ángeles anuncian a Jesús, vayan a encontrarlo, y el signo es, encontrarán un niño sobre un pesebre. Esa es la señal: el Trono de Jesús, es el pesebre, el camino durante su vida predicando o la cruz final de su vida.
Este signo nos muestra el <<estilo>> de Dios. Nos preguntamos cuál es el estilo del Niño Jesús. No lo olvidemos nunca, el estilo de Dios es la cercanía, la compasión, la ternura. Nuestro Dios es cercano, compasivo y tierno. En el Niño Jesús de Belén se ve el estilo de Dios. No nos toma por la fuerza, no nos impone su verdad y su justicia, de ninguna manera. Quiere atraernos con el amor, con la ternura, y con la compasión.

Para los cristianos la Navidad y su tiempo es la celebración de la <<proximidad y de la humanidad>> de nuestro Dios, como dice Pablo en una carta a su amigo Tito. Dios se dejó apasionar por el ser humano que quiso ser uno de ellos. Como dice Fernando Pessoa en la portada del boletín: <<Él es el eterno Niño, el Dios que faltaba; el divino que sonríe y juega: el niño tan humano que es divino>>.
Que alegría interior sentimos cuando pensamos que seremos juzgados por un Dios Niño. Más que condenarnos, quiere convivir y entretenerse con nosotros eternamente. La Navidad es una fiesta de luz, de fraternidad universal, fiesta de la familia reunida alrededor de una mesa. Más que bien comer en la noche de Navidad, se comulga con la vida de unos y otros. Por un momento olvidamos los compromisos cotidianos, el peso de nuestro trabajo, las tensiones entre familiares y amigos y nos hermanamos en alegre comensalidad.
Así pues, la Navidad quiere comunicarnos que Dios no es una figura severa y de ojos penetrantes para analizar nuestras vidas. Aparece como un niño recién nacido. No juzga, sólo quiere recibir cariño y jugar. De repente, del pesebre vino una tenue voz: ¿criatura humana por qué tienes miedo de Dios? ¿No ves que su madre fajó su frágil cuerpecito? ¿No escuchas cómo llora suavemente? Más que ayudar, necesita ser ayudado y cubierto de cariño. ¿Qué otra cosa podríamos hacer delante de un Niño sabiendo que es Dios humanado? En esta fiesta, intentemos ver con los ojos del corazón. Todos hemos sido educados para mirar con los ojos de la razón, por eso somos fríos.

El Papa Francisco nos ofrece la Encíclica dedicada a la importancia del Corazón. Explica por qué es necesario <<volver al corazón>> en un mundo en el que estamos tentados de <<convertirnos en consumistas insaciables y esclavos de los engranajes de un mercado. Con los ojos del Corazón, ¿quién soy yo ante el Niño Jesús?
Contempla con los ojos del corazón al Niño–Dios. Veremos mejor el triple amor que brota del pesebre de Belén: el amor sensible de su corazón físico <<y su doble amor espiritual, el humano y el divino, en el que encontramos <<lo infinito en lo finito>>.
NAVIDAD ES ALEGRÍA Y FIESTA,
PERO NO PUEDE SER AJENA AL DOLOR DEL MUNDO
Es la situación predominante en nuestro mundo transformado por la tecno-ciencia. Oímos mil voces y ruidos producidos por nuestra cultura científico-técnica. No prestamos atención a las voces de la naturaleza y de la Tierra. Estas voces actuales son gemidos y gritos de una vida herida y crucificada. A nuestras agresiones, ya seculares, arrancando todo de ella sin observar los efectos secundarios, peligrosos e incluso nocivos, ella ha replicado con mensajes en forma de tsunamis, terremotos, huracanes, tornados, inundaciones devastadoras, nevadas nunca antes vistas, en una palabra, con eventos extremos.

Como no escuchamos los mensajes contenidos en tales eventos, nos mandó otras señales potentes que tocaron directamente nuestras vidas: la inmensa gama de bacterias y virus, desde la simple gripe, el VIH, el ébola hasta culminar en el coronavirus. Este afectó solo a los seres humanos y perdonó a los demás organismos vivos. Todos se movilizaron para encontrar un antídoto, las diferentes vacunas. Pocos se preguntaron de dónde venía. Vino de la naturaleza, en la cual nuestra intervención utilitarista destruye el hábitat de esos micro-organismos. Así que buscaron otro hábitat, viniendo a instalarse en nuestras células. Invisible, puso a todos los poderes militaristas, sus bombas nucleares y químicas, de rodillas e impotentes.
¿Por qué afirmo esto? Porque no hemos aprendido nada de la lección que la Tierra y la naturaleza quisieron darnos con la Covid-19. El aislamiento social que imponía, nos daba la ocasión de pensar sobre lo que hemos hecho hasta ahora con el sistema-vida y sobre qué tipo de mundo queremos habitar.
¡Feliz tiempo de Navidad y buen inicio de Año Nuevo!

Visitas: 17

