Intención de Oración del Papa Marzo 2025: Por las familias en crisis (CLIKLEER MÁS)

POR LAS FAMILIAS EN CRISIS

INTENCIONES DE ORACIONES

MARZO 2025

«Oremos para que las familias divididas encuentren en el perdón la curación de sus heridas, redescubriendo incluso en sus diferencias las riquezas de cada uno «.

La historia de una familia está surcada por crisis de todo tipo, que también son parte de su dramática belleza. Hay que ayudar a descubrir que una crisis superada no lleva a una relación con menor intensidad sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión. 

No se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo, a partir de las posibilidades que abre una nueva etapa. 

Foto: www.catequesisdegalicia.org

Cada crisis implica un aprendizaje que permite incrementar la intensidad de la vida compartida, o al menos encontrar un nuevo sentido a la experiencia matrimonial. De ningún modo hay que resignarse a una curva descendente, a un deterioro inevitable, a una soportable mediocridad. Al contrario, cuando el matrimonio se asume como una tarea, que implica también superar obstáculos, cada crisis se percibe como la ocasión para llegar a beber juntos el mejor vino. Es bueno acompañar a los cónyuges para que puedan aceptar las crisis que lleguen, tomar el guante y hacerles un lugar en la vida familiar. Los matrimonios experimentados y formados deben estar dispuestos a acompañar a otros en este descubrimiento, de manera que las crisis no los asusten ni los lleven a tomar decisiones apresuradas. Cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón. La reacción inmediata es resistirse ante el desafío de una crisis, ponerse a la defensiva por sentir que escapa al propio control, porque muestra la insuficiencia de la propia manera de vivir, y eso incomoda. Entonces se usa el recurso de negar los problemas, esconderlos, relativizar su importancia, apostar sólo al paso del tiempo. Pero eso retarda la solución y lleva a consumir mucha energía en un ocultamiento inútil que complicará todavía más las cosas. Los vínculos se van deteriorando y se va consolidando un aislamiento que daña la intimidad. En una crisis no asumida, lo que más se perjudica es la comunicación. De ese modo, poco a poco, (1) alguien que era «la persona que amo» pasa a ser (2) «quien me acompaña siempre en la vida», luego (3) sólo «el padre o la madre de mis hijos», y, (4) al final, «un extraño». 

Foto: www.es.aleteia.org

Para enfrentar una crisis se necesita estar presentes. Es difícil, porque a veces las personas se aíslan para no manifestar lo que sienten, se arrinconan en el silencio mezquino y tramposo. En estos momentos es necesario crear espacios para comunicarse de corazón a corazón. El problema es que se vuelve más difícil comunicarse así en un momento de crisis si nunca se aprendió a hacerlo. Es todo un arte que se aprende en tiempos de calma, para ponerlo en práctica en los tiempos duros. Hay que ayudar a descubrir las causas más ocultas en los corazones de los cónyuges, y a enfrentarlas como un parto que pasará y dejará un nuevo tesoro. Pero las respuestas a las consultas realizadas remarcan que en situaciones difíciles o críticas la mayoría no acude al acompañamiento pastoral, ya que no lo siente comprensivo, cercano, realista, encarnado. Por eso, tratemos ahora de acercarnos a las crisis matrimoniales con una mirada que no ignore su carga de dolor y de angustia.

Papa Francisco.

COMENTARIO PASTORAL

Siempre decimos, y con toda razón, que la familia es la base de una sociedad sana, buena, productiva y en paz. Pero estamos asistiendo en nuestra cultura occidental a un aumento preocupante de matrimonios fracasados. Además de los cónyuges, que son los primeros perjudicados, los hijos también pierden un sustento fundamental para su vida presente y futura. Ver pelearse a los padres, escuchar sus gritos o sus tristes silencios como respuesta, no les conduce a un desarrollo psicológico equilibrado. Cuando llegan a la adolescencia es fácil que sucumban a invitaciones a consumir droga, a formar parte de grupos violentos, a buscar compensaciones afectivas en el ámbito sexual. Vidas perdidas.

Foto: www.es.aleteia.org

El noviazgo debe convertirse en una época de conocimiento personal, de generosidad, de disposición a aceptar las propias limitaciones y las de la pareja. El enamoramiento es una etapa bonita pero pasajera, porque se limita al atractivo corporal o emotivo, al que terminan por acostumbrarse. Una vez que se tiene experiencia de la convivencia en común, es cuando más evidentes son las limitaciones que todo el mundo tiene. Y es cuando entra en juego lo que el papa Francisco dice: la capacidad de perdonar. Porque casi siempre las ofensas no son pretendidas, sino causadas por el descuido de no saber dominar lo que se sabe que molesta a la pareja. Hace falta generosidad para pedir perdón, pero es necesario. Eso no tiene que ver con el malentendido orgullo del varón, que supuestamente pierde puntos cuando se muestra débil. Al revés: hace falta más coraje para reconocer los propios fallos y confesarlos con humildad.

Foto: www.fundacionlabuenanoticia.org

Tener fe, vivir una vida cristiana sincera y con alegría, ayuda mucho a superar las crisis matrimoniales. Pidamos al Señor que en este mes mejoren mucho las relaciones matrimoniales que están en problemas en amigos a los que queremos.

 P. Fco. Javier Duplá sj.

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