Intención del Papa: Octubre 2022  Por una Iglesia abierta a todos (CLICK LEER MÁS)

Recemos para que la Iglesia, fiel al Evangelio y valiente en su anuncio, viva cada vez más la sinodalidad y sea un lugar de solidaridad, fraternidad y acogida.

LA SINODALIDAD EN LA VIDA  Y EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA

COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL

2 de marzo de 2018

4.1 Para la renovación sinodal de la vida y de la misión de la Iglesia

Foto: www.synod.va/es.html

104. «Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación»[130]. Por lo tanto, en el cumplimiento de su misión, la Iglesia está llamada a una constante conversión que es también una «conversión pastoral y misionera», consistente en una renovación de mentalidad, de actitudes, de prácticas y de estructuras, para ser cada vez más fiel a su vocación[131]. Una mentalidad eclesial plasmada por la conciencia sinodal acoge gozosamente y promueve la gracia en virtud de la cual todos los Bautizados son habilitados y llamados a ser discípulos misioneros. El gran desafío para la conversión pastoral que hoy se le presenta a la vida de la Iglesia es intensificar la mutua colaboración de todos en el testimonio evangelizador a partir de los dones y de los roles de cada uno, sin clericalizar a los laicos y sin secularizar a los clérigos, evitando en todo caso la tentación de «un excesivo clericalismo que mantiene a los fieles laicos al margen de las decisiones»[132].

105. La conversión pastoral para la puesta en práctica de la sinodalidad exige que se superen algunos paradigmas, todavía frecuentemente presentes en la cultura eclesiástica, porque expresan una comprensión de la Iglesia no renovada por la eclesiología de comunión. Entre ellos: la concentración de la responsabilidad de la misión en el ministerio de los Pastores; el insuficiente aprecio de la vida consagrada y de los dones carismáticos; la escasa valoración del aporte específico cualificado, en su ámbito de competencia, de los fieles laicos, y entre ellos, de las mujeres.

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106. En la perspectiva de la comunión y de la puesta en acto de la sinodalidad, se pueden señalar algunas líneas fundamentales de orientación en la acción pastoral:

a. la activación, a partir de la Iglesia particular y en todos los niveles, de la circularidad entre el ministerio de los Pastores, la participación y corresponsabilidad de los laicos, los impulsos provenientes de los dones carismáticos según la circularidad dinámica entre “uno”, “algunos” y “todos”;

b. la integración entre el ejercicio de la colegialidad de los Pastores y la sinodalidad vivida por todo el Pueblo de Dios como expresión de la comunión entre las Iglesias particulares en la Iglesia universal;

c. el ejercicio del ministerio petrino de unidad y de guía de la Iglesia universal por parte del Obispo de Roma en la comunión con todas las Iglesias particulares, en sinergia con el ministerio colegial de los Obispos y el camino sinodal del Pueblo de Dios;

d. la apertura de la Iglesia católica hacia las otras Iglesias y Comunidades eclesiales en el compromiso irreversible de caminar juntos hacia la plena unidad en la diversidad reconciliada de las respectivas tradiciones;

e. la diaconía social y el diálogo constructivo con los hombres y las mujeres de las diversas confesiones religiosas y convicciones para realizar juntos una cultura del encuentro.

Octubre de 2022 – Sínodo de los Obispos

Septiembre 2017

COMENTARIO PASTORAL

P. Fco. Javier Duplá s.j.

La sinodalidad, propuesta y proclamada por el papa Francisco, es efectivamente el camino actual de renovación de la Iglesia. ¿Y en qué consiste la sinodalidad? En la comunión y participación en la misión de la Iglesia de todos los que somos cristianos. Sínodo significa camino común que todos – laicos, religiosos, sacerdotes, pastores, obispos, papa – debemos hacer para llevar el reinado de Dios en estos momentos al mundo, tan necesitado de un programa positivo, espiritual y trascendente. Una comunidad sinodal significa una comunidad que escucha a todos, empezando por los más humildes, que no tienen títulos eclesiásticos, pero saben y sienten que Dios está con todos los hombres y mujeres de buena voluntad y que quieren vivir en el Espíritu Santo, como dice el Apocalipsis: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Apoc 2,7).

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Oír al Espíritu y luego actuar de acuerdo con Él en la cercanía y amor con los prójimos, en la entrega personal a muchas obras apostólicas, en la tolerancia de los que no piensan igual (por ejemplo en lo político), en la reconciliación de los que se han ofendido o hecho daño.

Tenemos que superar la imagen de una Iglesia dividida entre los saben y gobiernen y los gobernados o sometidos. Jesucristo lo demostró en su vida eligiendo a gente trabajadora y no a los escribas y fariseos, algo que no supieron aceptar los poderosos de aquel tiempo. La Iglesia actual no es así, pero todavía tenemos que acostumbrarnos a saber que todos los que seguimos a Cristo podemos aportar ideas, enfoques, propuestas y críticas que ayuden a toda la Iglesia a dar un aporte al mundo actual tan necesitado de amor y paz.

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El Papa Francisco lo expresa muy bien cuando dice que hay rasgos en la cultura eclesiástica que “expresan una comprensión de la Iglesia no renovada por la eclesiología de comunión. Entre ellos: la concentración de la responsabilidad de la misión en el ministerio de los Pastores; el insuficiente aprecio de la vida consagrada y de los dones carismáticos; la escasa valoración del aporte específico cualificado, en su ámbito de competencia, de los fieles laicos, y entre ellos, de las mujeres.” Cada uno de estos rasgos merece una consideración más amplia que todos y cada uno debemos pensar y proponer, para que así la solidaridad se vaya haciendo efectiva.

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