A este fenómeno lo venceremos ENTRE TODOS, no individualmente (CLICK LEER MÁS)

EDITORIAL

“Bienaventurado quien sabe que,

detrás de todas las palabras, está aquello

que no se puede decir”

R.M.Rilke

Frecuentemente se escribe en nuestro tiempo entre el ahora y el después, los cambios sustanciales que vendrán. Hay opiniones para todos los gustos y sabores. Algunos hablan de un porvenir feliz y optimista, otros no quieren volver a la normalidad anterior, ni por equivocación. El futuro, al parecer de la mayoría depende de las reflexiones y conclusiones del momento presente. Y, todo porque como humanidad un microorganismo nos trae por la calle de la amargura…

Nos encontramos ahora reflexionando, entre otras cosas, que dependemos unos de otros, más de lo que pensábamos, y que al sucumbir muchas de las cosas por las que nos afanamos, y las que nos tenían distraídos, resulta que son muy pocas indispensables y necesarias. En este día, primero de agosto de 2020, cuando escribo estas líneas, veo y oigo en internet que las diferencias de opiniones son antagónicas socialmente, política y económicamente. Los gobiernos y la OMS bailan al son de los brotes y rebrotes de la pandemia. Se quiere más libertad personal, después de 6 meses de cuarentena. No se quiere, en muchos países, más restricciones, ni mascarillas, ni distancia física. Se crea un ambiente festivo, agresivo. La OMS acaba de proclamar: “La pandemia será muy larga”. ¿En qué quedamos? Sigue habiendo mucho miedo, y el temor a nuevos confinamientos, por brotes de contagio. En varios países, está a la orden del día.

En medio de este caos y confusión vamos aceptando que la vida es sagrada y no tiene precio. Constatamos, así mismo, que realidades fundamentales como el amor, el servicio, la solidaridad no dependen de la plata y del oro, sino de nuestra responsabilidad, atención y sensibilidad.

Nos recordó el Papa Francisco: “Estamos todos en la misma barca”. Un mínimo de atención nos dice que mientras unos viajan en primera otros van oprimidos en tercera y en la bodega.Unos siguen disfrutando de los privilegiosdel restaurant de cubierta, y otros, esforzados y valientes a juro, se encuentran trabajando duro, arriesgando sus vidas para que no sucumbamos todos. Más humildad y menos egoísmo.

Se viene afirmando que después de la pandemia cosas importadas en el plano económico y político serán iguales. Ojalá que sea así. Recordemos como la revolución francesa proclamó la igualdad, la libertad y la fraternidad; durante los siglos posteriores los defensores de la libertad y los de la igualdad han tenido numerosas peleas.

Libertad e igualdad con oportunidades que las ensalzaban, mientras que la hija pobre y postergada ha sido la fraternidad. Exactamente lo que hoy puede salvarnos. Fruto de la reflexión actual es que no vemos igualdad ni libertad; no vivimos más fraternalmente en una mesa en la cual se puede comer y beber juntos y vivir en paz.

En este Boletín se ofrecen dos orientaciones muy particulares al respecto. En una de ellas se indica cómo aprender a vivir las dificultades de la fe en medio de las pruebas cotidianas de la pandemia: compasión, copadecencia y la solidaridad. La otra reflexión nos muestra la solidaridad, clave vital frente a la pandemia. Una y otra son un servicio humano y cristiano necesario en el pantano del Covid-19 para lograr un mundo más fraterno y justo. Comencemos a idearlo en el momento presente.

En definitiva, una pandemia no se derrota individualmente, sino con una articulación social e institucional que oriente todos los esfuerzos en una sola dirección, para sumar intensidad y eficacia.

Álvaro Lacasta, s.j.

Boletin-Agosto2020

Red-Mundial-Venezuela-VE

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