ÁLVARO LACASTA S.J.
DIRECTOR NACIONAL DE LA RED
MUNDIAL
DE ORACIÓN DEL PAPA. VENEZUELA
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EDITORIAL
Como cristianos, el 2 de noviembre conmemoramos a los difuntos de la familia, y demás difuntos de la humanidad. El Papa nos ofrece su palabra y criterio, la expectativa y sorpresa que conlleva esta fecha.
La Espera expresa el sentido de la vida, porque vivimos a la espera del encuentro con Dios.Todos vivimos a la expectativa, con la esperanza de escuchar un día aquellas palabras de Jesús: <<Venid, benditos de mi Padre>> (Mt 25,34).
La Sorpresa. Esta cita del Evangelio no es para endulzar el saber de la Palabra de Dios, en este día. Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento y te dimos de beber? …
Porque frecuentemente, por conveniencia o comodidad, tendemos a suavizar el mensaje de Jesús, a diluir sus palabras: <<Todo lo que hiciste a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hiciste>>, sentencia Jesús.
El evangelio explica cómo vivir la espera y la sorpresa; pues vamos al encuentro de Dios amando porque él es amor.
El día de nuestra despedida, la sorpresa será feliz si ahora nos dejamos sorprender por la presencia de Dios que nos espera entre los pobres y heridos del mundo. No tengamos miedo de esta sorpresa: avancemos a lo largo de la vida, en las cosas que nos dice el evangelio, para ser juzgados justos al final. Dios espera ser acariciado no con palabras sino con hechos.
Hoy es un buen día para rezar y orar por nuestros familiares difuntos, y por nosotros mismos.
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Amigos: les sugiero con cierta vehemencia la lectura de los artículos:
<<El peligro de una guerra nuclear y de un cielo nuevo>>. L. Boff.
<< Cuidar, ser cuidado, pero ¿quién cuida del cuidador?>> L. Boff.
<<Los pueblos no se suicidan>> Luis Ugalde s.j.

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