Boletín No.76 Julio 2026 : Cuidado de la Casa Comun (CLICK LEER MÁS)

ÁLVARO LACASTA S.J.

DIRECTOR NACIONAL DE LA RED

MUNDIAL

DE ORACIÓN DEL PAPA. VENEZUELA

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EDITORIAL

El 5 de junio se conmemoró el Día Mundial del Medio Ambiente, y la fecha viene bien para decir algo que muchos prefieren no mirar de frente: el único hogar que tenemos está gravemente herido. Contaminación, deforestación, explotación indiscriminada de sus recursos. El aire que respiramos, los ríos y mares que nos alimentan, los glaciares que regulan el clima, las selvas que producen oxígeno… todo eso está pidiendo atención, y no de forma abstracta. La escasez y la contaminación del agua ya golpean a millones de personas. La pérdida de biodiversidad no tiene marcha atrás. El calentamiento global acelera sequías, inundaciones, migraciones forzadas. Y como casi siempre, quienes menos tienen son los primeros en sufrirlo, y lo sufren peor.

Todavía se puede cambiar el rumbo. Pero la urgencia es real, no un recurso retórico. Hace falta transformar tanto los hábitos personales como los modelos económicos: apostar por energías limpias como la solar, la eólica o la hidroeléctrica; reducir y sustituir el plástico de un solo uso; practicar una agricultura que no agote la tierra; regular la minería para proteger suelos y cuencas. Conservar y restaurar bosques, humedales, manglares. Proteger las áreas marinas. Garantizar el acceso al agua como derecho humano y no como mercancía. Nada de esto se logra solo desde un sector: la ciencia, la política y la sociedad civil tienen que empujar juntas hacia políticas públicas firmes y una educación ambiental que realmente cale.

Y sí, cada gesto cuenta. Ahorrar agua en casa, separar y reducir residuos, elegir un transporte que contamine menos, consumir con cabeza, apoyar las iniciativas locales de reforestación. Pero no alcanza con lo individual. Se necesitan también decisiones colectivas: leyes que frenen la deforestación de una vez, incentivos reales a las tecnologías limpias, sistemas que pongan en el centro a las comunidades más vulnerables cuando se habla de justicia ambiental.

Cuidar la Tierra no es una consigna bonita para repetir una vez al año. Es, en el fondo, una manera de reconciliarnos con el planeta y con los demás. Actuar ahora significa cuidar la vida que tenemos y no hipotecar la esperanza de quienes vienen después.

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