Queridos hermanos y hermanas:
Hoy reflexionamos sobre cómo la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo, tiene mucho que decir al sacramento del matrimonio, a la familia. En el matrimonio cristiano, el hombre y la mujer se entregan el uno al otro, su relación es la primera y fundamental realización de la comunión de amor que es la Trinidad. En ella, el Padre es la Fuente de todo amor, el Hijo es el Amado que corresponde con amor, y el Espíritu Santo es el Amor que los une.
Nosotros decimos que el Espíritu Santo es un don, es más, que es el don por excelencia,el regalo por excelencia. Por eso, para responder a la vocación del matrimonio, que es también donación, se necesita dejar entrar al Espíritu Santo. No es casualidad que algunos padres de la Iglesia latina hayan usadoimágenes propias del amor conyugal, como el beso y el abrazo, para hablar de cómo en la Trinidad el Espíritu Santo es el don recíproco del Padre y del Hijo, y esla razón de la alegría que reina entre ellos.
Hoy hay tantos esposos sobre quienes se podría decir, como dijo María a Jesús en Caná de Galilea: «No tienen vino» (Jn 2,3) —les falta la alegría, les falta el amor—. Y es el Espíritu Santo quien sigue haciendo el milagro que hizo Jesús en aquella ocasión.
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