Queridos hermanos y hermanas:
En nuestra catequesis de hoy contemplamos el nacimiento de Jesús en Belén. Él entra en la historia haciéndose compañero de camino. Él mismo, desde el vientre materno, estuvo siempre en camino. Primero, de Nazaret hasta la casa de Isabel y Zacarías — misterio de la Visitación—; después, de Nazaret a Belén para cumplir con el censo. Esto muestra la humildad de Dios, que no evade ni socava las estructuras del mundo, sino que las ilumina y las recrea desde dentro. Dios en Jesús camina en la historia.
Otro signo de la humildad de Jesús es que no nace en un palacio, sino en un lugar destinado a los animales. Él no se manifiesta en el clamor, sino en el silencio; no se impone, se ofrece. Los pastores, que son gente muy sencilla y gente humilde, son los primeros que reciben esta buena noticia. El Salvador que es tan esperado nace para los sencillos, para ellos, para ser Pastor de su pueblo. Ellos lo acogen con asombro y se ponen en camino para ir a su encuentro, y sus corazones se llenan de esperanza.

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