En un mensaje dirigido al pueblo de Venezuela, el Padre Arturo Sosa S.J., General de la Compañía de Jesús, expresó su profunda tristeza y solidaridad tras los devastadores terremotos que han sacudido el país. En su declaración, destaca la fragilidad de la situación actual y la necesidad de unidad y generosidad en tiempos de crisis. El Padre Sosa invita a la comunidad a levantarse en solidaridad, reconociendo tanto el dolor de las víctimas como la esperanza que surge en medio de la adversidad. Su llamado a la acción resuena con la urgencia de reconstruir no solo las estructuras físicas, sino también el tejido social que une a los venezolanos.
Mensaje de Oración y Esperanza
Sacudidos otra vez, queridos hermanos, queridas hermanas, querido pueblo de Venezuela, hemos sido sacudidos. Sí, otra vez. Los terremotos han sacudido nuestra tierra, dejando una estela de destrucción y mucho dolor por las víctimas muy numerosas, tantos desaparecidos, la pérdida de casas, negocios. Nuestra cotidianidad se ha visto muy afectada, transformada. Una nueva sacudida que nos levanta de los asientos para echar una mano a otros.
Los terremotos han puesto de manifiesto nuestra fragilidad y también nuestra generosidad. Han producido una vasta destrucción en una zona grande del país y señalado lo que estaba deteriorado desde antes en todo el país, en su planta física y en su tejido social. Dentro y fuera de Venezuela son tantas personas, comunidades, grupos que sostienen nuestro dolor con su oración, buscan y encuentran modos de ayudar solidariamente. Necesitamos y estamos profundamente agradecidos de tanta ayuda pequeña y grande que recibimos de todas partes.
Queridas hermanas, queridos hermanos, esta sacudida hace brotar muchas emociones. Me siento entrañablemente conmovido y llamado a renovar la esperanza en quien puede convertir la sacudida en solidaridad, en fraternidad. La buena noticia es que él, Jesús, cargó con nuestras enfermedades y dolores para curarlos, para enseñarnos el camino de la fraternidad que hace posible reconstruir y reconciliar como cuerpo apostólico inspirado en el carisma recibido a través de San Ignacio de Loyola para contribuir a la misión del Señor Jesús encomendada a su iglesia pueblo de Dios en marcha.
Queremos responder a la llamada que acompaña esta nueva sacudida que hemos recibido. El Señor sigue cumpliendo su palabra de estar con nosotros todos los días hasta el fin de la historia. Levantemos nuestra mirada y nuestra oración para recibir la gracia que necesitamos para seguir recorriendo la ruta de la justicia, la reconciliación y la paz. Que la mano generosa que ayudan la emergencia se convierta en constancia en el largo y complejo proceso de reconstrucción de todas las dimensiones de nuestra vida como pueblo, como país.
Queremos responder a la llamada de seguir caminando. Cuando ya no seamos noticias en los medios, reconociendo nuestra fragilidad, pedimos ayuda para no desmayar en el largo camino de reconstruirnos y reconciliarnos como pueblo, como país, como iglesia, como seguidores de Jesús, el crucificado resucitado. Contamos con el Señor, contamos con nuestra madre María, con tantas personas que nos dan su mano, su mano fraterna. Con el corazón arrugado por el tanto dolor, damos gracias a Dios por las manos amigas y porque su esperanza no defrauda.
Fuente: Revista SIC

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