Estamos ante un don de Dios (CLICK LEER MÁS)

Recemos para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio del ser humano.

El Papa Francisco nos pide rezar y ofrecer para que la Inteligencia artificial esté al servicio del hombre. Para comprender mejor de qué se trata, reflexionemos juntos en esto.

Podríamos definir la inteligencia artificial como la inteligencia llevada a cabo por máquinas, cuando ésta imita las funciones inteligentes de los seres humanos, para solucionar algún tipo de problema. Su finalidad es maximizar el éxito de una operación y evitar los supuestos errores propios de la mente humana. Esto se realiza por medio de algoritmos que son una secuencia de pasos lógicos para la solución del problema. Se usa en los ámbitos sanitarios, de la comunicación, del transporte, del comercio, de las finanzas, de la justicia y en tantos otros de la vida social, que sería largo de enumerar.

¡Qué grande es la creatividad y la inteligencia humana, imagen y semejanza de la inteligencia divina! El ser humano es capaz de llegar muy lejos, porque Dios le ha dado esta capacidad. Pero este poder no cae en un recipiente inocente. El pecado puede convertir esta herramienta útil en arma mortal. Es por eso que necesita filtros previos que la reorienten al fin último del hombre, que será su usuario. En este sentido la Inteligencia artificial tiene varios desafíos a superar si no quiere ser un medio destructivo en manos de algunos. “Por sus frutos los conocerán” Mt 7, 16

¿Dónde queda la capacidad de reflexión, el pensamiento crítico, la libertad consciente, la custodia de datos personales? ¿Hay igualdad de oportunidades para todos o el beneficio es para un sector de elite? ¿Se tiene en cuenta la dignidad de la persona y se respeta su dimensión espiritual? ¿La inteligencia artificial salvaguarda la vida del hombre en todos los casos? ¿La inversión económica utilizada para estos sistemas, es proporcional a las inversiones realizadas para calmar las necesidades vitales de los sectores marginados del mundo? Estos interrogantes no siempre tienen una respuesta satisfactoria. Sin embargo dice el Papa “estos peligros no deben ocultarnos el gran potencial que ofrecen las nuevas tecnologías, estamos ante un don de Dios es decir ante un recurso que puede dar frutos de bien” (Papa Francisco, Pontificia Academia para la vida, 28 de febrero 2020).

La invitación es a asegurar un futuro en el que la máquina ayude al hombre y no a la inversa.

“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?” (Lc 9, 25). Somos una ‘construcción perfecta’ de Dios, libres y creativos a su imagen y semejanza, ninguno creado en serie, cada uno único irrepetible e irremplazable, tenemos forma de recipiente capaz de contener y dar Amor. Nuestra ‘Máquina” tiene un ‘software espiritual’ capaz de tejer el mundo de los vínculos fraternos. ¿Vamos a dilapidar este tesoro a cambio de bagatelas? Ninguna inteligencia artificial, por más perfecta que sea podrá jamás ni de lejos hacer una tarea de orden espiritual. En este campo no tiene injerencia otro poder que no sea el Poder Divino a quien pertenecemos. Pues entonces luchemos para humanizar el mundo y no para maquinizarnos a nosotros mismos.‘Maquina’

La inteligencia artificial que no tenga en cuenta  a la persona humana completa, su dimensión físico-psíquico-espiritual-personal y comunitaria, más que inteligencia es una brutalidad disfrazada con vestidos de gala, que esconde detrás el desquicio de una mente que perdió su ‘Norte’. Esto nos puede pasar a todos con repercusión a mayor o menor escala. ¿Tratas de tomar conciencia diaria de dónde vienes y a dónde vas? ¿Qué lugar das al hermano en tus objetivos y progresos diarios?

San Pablo dice “nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Cor 2, 16). No hay mente más poderosa que ésta, que puede sondear los misterios de Dios, hasta transformarse en Amor. Este es el verdadero progreso de la humanidad. La inteligencia artificial al servicio de la inteligencia espiritual, para el bien de todos y accesible a todos. Es una tarea de todos, cada uno aportando su grano de arena, a favor de los que son responsables en esta área, usen de sus conocimientos y habilidades según el plan de Dios, que es el primer Proveedor de su ciencia. Desde nuestro lugar podremos ofrecer el buen uso de nuestra inteligencia, nutriéndola con lo que alimenta y no con chatarra. Esto será un aporte que el Señor tomará y potenciará, para ayudar a los que están al frente de batalla.

“En efecto, como creyentes, no tenemos nociones preestablecidas con las que responder a las preguntas sin precedentes que la historia hoy nos plantea. Nuestra tarea es, más bien, caminar junto con los demás, escuchando atentamente y poniendo en contacto la experiencia y la reflexión. Debemos dejarnos interpelar como creyentes, para que la Palabra y la Tradición de la fe nos ayuden a interpretar los fenómenos de nuestro mundo, identificando caminos de humanización, y por tanto de evangelización amorosa, para recorrerlos juntos. Así podremos dialogar provechosamente con todos aquellos que buscan el desarrollo humano, manteniendo a la persona en todas sus dimensiones, incluidas las espirituales, en el centro del conocimiento y las prácticas sociales. Nos enfrentamos a una tarea que involucra a la familia humana en su totalidad.

Se entrevé una nueva frontera que podríamos llamar “algor-ética“. Su objetivo es asegurar una verificación competente y compartida de los procesos con los que se integran en nuestra era las relaciones entre los seres humanos y las máquinas. En la búsqueda común de estos objetivos, los principios de la Doctrina Social de la Iglesia brindan una contribución decisiva: dignidad de la persona, justicia, subsidiariedad y solidaridad. Expresan el compromiso de ponerse al servicio de cada persona en su totalidad y de todas las personas, sin discriminación ni exclusión. Pero la complejidad del mundo tecnológico nos exige una elaboración ética más articulada para que este compromiso sea verdaderamente incisivo”. (Papa Francisco, Pontificia Academia para la vida, 28 de febrero 2020).

Compaginar lo digital con las necesidades integrales de la persona es una tarea artesanal que solo la puede equilibrar la luz del Espíritu Santo. Es un desafío pero no es imposible. Justamente este año tuvimos la alegría eclesial de la beatificación del “genio de la informática en el cielo”, del apasionado por las nuevas tecnologías, un joven anunciador del Evangelio en la web y en medio de su vida cotidiana. Si tan solo con 15 años logró tanto, es posible que si viviera hoy estaría colaborando de lleno en esta tarea.

Fue beatificado este 10 de octubre de 2020 (16:30 hora local) en Asís, en la Basílica Papal de San Francisco.

Carlo Acutis encarnó el servicio a Cristo y a los hermanos a través de la tecnología, demostrando así que es posible que el progreso esté al servicio del ser humano. Cristo en la Eucaristía, Cristo en la computadora, Cristo en las calles se amasaban en su corazón de discípulo continuamente. Pidamos su intercesión para crecer y orientarnos a un verdadero progreso cada vez más humanizante.

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