PARA CRECER EN LA COMPASIÓN POR EL MUNDO
INTENCIONES DE ORACIONES
JUNIO 2025
«OREMOS PARA QUE CADA UNO DE NOSOTROS ENCUENTRE CONSOLACIÓN EN LA RELACIÓN PERSONAL CON JESÚS Y APRENDA DE SU CORAZÓN LA COMPASIÓN POR EL MUNDO«

“La multiplicación de los panes y de los peces. Podemos entender tres mensajes de este evento. El primero es la compasión. Frente a la multitud que lo sigue y, por así decirlo, «no lo deja en paz», Jesús no reacciona con irritación; no dice: «Esta gente me está molestando». No, no. Reacciona con un sentimiento de compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad, sino por necesidad. Pero atención: la compasión, que Jesús siente, no es simplemente sentir lástima; ¡es más! Significa sufrir con, en otras palabras, empatizar con el sufrimiento del otro, hasta el punto de asumirlo. Jesús es así: sufre junto con nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros. Y el signo de esta compasión es la curación de innumerables personas que realizó. Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras necesidades, aunque legítimas, no son tan urgentes como las de los pobres, que carecen de las necesidades básicas de la vida. A menudo hablamos de los pobres. Pero cuando hablamos de los pobres, ¿percibimos que este hombre, esta mujer o estos niños carecen de lo esencial para vivir? Que no tienen comida, ni ropa, ni medicinas… Y que los niños no tienen los medios para ir a la escuela. Mientras que nuestras necesidades, aunque legítimas, no son tan urgentes como las de los pobres que carecen de lo esencial para vivir.” (Homilía en la misa del 3 de agosto de 2014)

Abrir el corazón a la compasión y no cerrarse en la indiferencia. Es la fuerte invitación que hizo esta mañana el Papa Francisco durante su homilía de la Misa celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. “La compasión, de hecho, nos lleva por el camino de la verdadera justicia», salvándonos así de estar encerrados en nosotros mismos. El Pontífice hizo esta reflexión a partir del pasaje del Evangelio de Lucas propuesto por la liturgia del día (Lc 7, 11-17) en el que se narra el encuentro de Jesús con la viuda de Naín, que llora la muerte de su único hijo mientras es llevado a la tumba.
El Evangelista dice que Jesús tuvo compasión. Y el Papa observó que es como si dijera que el Señor «fue víctima de la compasión». Había mucha gente acompañando a esa mujer, pero Jesús ve su realidad: ella se queda sola a partir de ese momento y hasta el final de su vida, es viuda, y ha perdido a su único hijo. Es, precisamente, la compasión, lo que nos hace comprender profundamente la realidad. (Debora Donnini – Ciudad del Vaticano, Misa matutina en Santa Marta)
COMENTARIO PASTORAL

La fiesta de la Divina Misericordia, que se celebra el segundo domingo de Pascua, podría también llamarse la fiesta de la Compasión de Jesús. El Señor se compadece de nosotros, no solo de los creyentes y practicantes, sino de todos. Porque todos tenemos necesidad de compasión, de amor cercano, de sintonía con alguien que nos quiere. Y ese es Jesucristo en grado sumo, total. Como decía el papa Francisco, en la Iglesia entran “todos, todos, todos”. En el corazón de Cristo entramos todos, todos, todos.
Pero no siempre tenemos esos sentimientos de compasión. La indiferencia, el mirar para otro lado ante la necesidad de los demás, es un jarro de agua congelada sobre el corazón del que sufre. Sufre carencias básicas de alimentación, vivienda, trabajo. Sufre carencias básicas de afecto y cercanía. Y muchas veces respondemos mirando para otro lado. ¡Dios nos cambie este corazón! Como dice bonitamente el profeta Ezequías: “Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo. Arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ez. 36, 26).

Para lograrlo, para lograr cambiar ese corazón helado, tenemos que meternos en el corazón de Jesucristo, tenemos que sentirnos queridos por él, ayudados por él, perdonados y animados por él. Dentro de su corazón aprenderemos la compasión por los demás, la ternura, el afecto incondicional. Este mundo en el que vivimos exhibe progresos tecnológicos increíbles, pero retrocesos humanos lamentables. El solipsismo a que llevan los celulares usados a todas horas, la invasión de la inteligencia artificial, que desplaza y arrincona la creatividad personal, son lacras que llevan a una sociedad sin compromiso por los que sufren. Tenemos que pedirle una y otra vez en este mes de junio a Jesús que nos meta en su corazón, que nos contagie su compasión, para que así trabajemos por un mundo mucho mejor.
P. Fco. Javier Duplá sj.

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