Intención del Papa: Enero 2024 Por el don de la diversidad en la Iglesia (CLICK LEER MÁS)

POR EL DON DE LA DIVERSIDAD EN LA IGLESIA

INTENCIONES DE ORACIONES

CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE

ORACIÓN

ENERO 2024

Oremos al Espíritu Santo para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica.

AUDIENCIA GENERAL, Francisco, 1 de octubre de 2014

Desde los inicios el Señor colmó a la Iglesia con los dones de su Espíritu, haciéndola así cada vez más viva y fecunda con los dones del Espíritu Santo. Entre estos dones se destacan algunos que resultan particularmente preciosos para la edificación y el camino de la comunidad cristiana: se trata de los carismas. En esta catequesis queremos preguntarnos: ¿qué es exactamente un carisma? ¿Cómo podemos reconocerlo y acogerlo? Y sobre todo: el hecho de que en la Iglesia exista una diversidad y una multiplicidad de carismas, ¿se debe mirar en sentido positivo, como algo hermoso, o bien como un problema? En el lenguaje común, cuando se habla de «carisma», se piensa a menudo en un talento, una habilidad natural. Se dice: «Esta persona tiene un carisma especial para enseñar. Es un talento que tiene». Así, ante una persona particularmente brillante y atrayente, se acostumbra decir: «Es una persona carismática». «¿Qué significa?» «No lo sé, pero es carismática». Y decimos así. No sabemos lo que decimos, pero lo decimos: «Es carismática».

Foto:www.desdelafe.mx

En la perspectiva cristiana, sin embargo, el carisma es mucho más que una cualidad personal, que una predisposición de la cual se puede estar dotados: el carisma es una gracia, un don concedido por Dios Padre, a través de la acción del Espíritu Santo. Y es un don que se da a alguien no porque sea mejor que los demás o porque se lo haya merecido: es un regalo que Dios le hace para que con la misma gratuidad y el mismo amor lo ponga al servicio de toda la comunidad, para el bien de todos. Hablando de modo un poco humano, se dice así: «Dios da esta cualidad, este carisma a esta persona, pero no para sí, sino para que esté al servicio de toda la comunidad». Hoy, antes de llegar a la plaza me encontré con muchos niños discapacitados en el aula Pablo VI. Eran numerosos y estaban con una asociación que se dedica a la atención de estos niños. ¿Qué es? Esta asociación, estas personas, estos hombres y estas mujeres, tienen el carisma de atender a los niños discapacitados. ¡Esto es un carisma! Una cosa importante que se debe destacar inmediatamente es el hecho de que uno no puede comprender por sí solo si tiene un carisma, y cuál es. Muchas veces hemos escuchado a personas que dicen: «Yo tengo esta cualidad, yo sé cantar muy bien». Y nadie tiene el valor de decir: «Es mejor que te calles, porque nos atormentas a todos cuando cantas». Nadie puede decir: «Yo tengo este carisma». Es en el seno de la comunidad donde brotan y

florecen los dones con los cuales nos colma el Padre; y es en el seno de la comunidad donde se aprende a reconocerlos como un signo de su amor por todos sus hijos. Cada uno de nosotros, entonces, puede preguntarse: «¿Hay algún carisma que el Señor hizo brotar en mí, en la gracia de su Espíritu, y que mis hermanos, en la comunidad cristiana, han reconocido y alentado? ¿Y cómo me comporto respecto a este don? ¿Lo vivo con generosidad, poniéndolo al servicio de todos, o lo descuido y termino olvidándome de él? ¿O tal vez se convierte en mí en motivo de orgullo, de modo que siempre me lamento de los demás y pretendo que en la comunidad se hagan las cosas a mi estilo?». Son preguntas que debemos hacernos: si hay un carisma en mí, si este carisma lo reconoce la Iglesia, si estoy contento con este carisma o tengo un poco de celos de los carismas de los demás, si quería o quiero tener ese carisma.

Foto:www.nsapostoles.archimadrid.es

El carisma es un don: sólo Dios lo da. La experiencia más hermosa, sin embargo, es descubrir con cuántos carismas distintos y con cuántos dones de su Espíritu el Padre colma a su Iglesia. Esto no se debe mirar como un motivo de confusión, de malestar: son todos regalos que Dios hace a la comunidad cristiana para que pueda crecer armoniosa, en la fe y en su amor, como un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. El mismo Espíritu que da esta diferencia de carismas, construye la unidad de la Iglesia. Es siempre el mismo Espíritu. Ante esta multiplicidad de carismas, por lo tanto, nuestro corazón debe abrirse a la alegría y debemos pensar: «¡Qué hermosa realidad! Muchos dones diversos, porque todos somos hijos de Dios y todos somos amados de modo único». Atención, entonces, si estos dones se convierten en motivo de envidia, de división, de celos.

Como lo recuerda el apóstol Pablo en su Primera Carta a los Corintios, en el capítulo 12, todos los carismas son importantes ante los ojos de Dios y, al mismo tiempo, ninguno es insustituible. Esto quiere decir que en la comunidad cristiana tenemos necesidad unos de otros, y cada don recibido se realiza plenamente cuando se comparte con los hermanos, para el bien de todos. ¡Esta es la Iglesia! Y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en la comunión, no puede equivocarse: es la belleza y la fuerza del sensus fidei, de ese sentido sobrenatural de la fe, que da el Espíritu Santo a fin de que, juntos, podamos entrar todos en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida. Hoy la Iglesia festeja la conmemoración de santa Teresa del Niño Jesús. Esta santa, que murió a los 24 años y amaba mucho a la Iglesia, quería ser misionera, pero quería tener todos los carismas, y decía: «Yo quisiera hacer esto, esto y esto», quería todos los carismas. Y rezando descubrió que su carisma era el amor. Y dijo esta hermosa frase: «En el corazón de la Iglesia yo seré el amor». Y este carisma lo tenemos todos: la capacidad de amar. Pidamos hoy a santa Teresa del Niño Jesús esta capacidad de amar mucho a la Iglesia, de amarla mucho, y aceptar todos los carismas con este amor de hijos de la Iglesia, de nuestra santa madre Iglesia jerárquica.

COMENTARIO PASTORAL

Los dones del Espíritu Santo se derramaron desde Pentecostés a los apóstoles reunidos con la Virgen María y de allí se repartieron a todos los creyentes. Así fue expandiéndose rápidamente esa primera comunidad, gracias a los dones o carismas que el Espíritu derramaba en todos y cada uno. Así ocurre ahora. El carisma es un don de Dios a cada cristiano para que el que lo recibe lo invierta en beneficio de la comunidad eclesial. ¿Todos hemos recibido algún carisma? Desde luego que sí: el de saber aconsejar al desorientado, el de acompañar al enfermo y a los ancianos, el de comentar de manera atractiva un pasaje del evangelio, el de saber organizar bien en la parroquia la catequesis, el de dar clases de educación de la fe, el de educar con amor a los hijos, el de acompañarlos con cariño en los difíciles tiempos de su adolescencia, y un largo etcétera que cada uno puede completar.

Los carismas sirven para construir la Iglesia, para hacer que la comunidad eclesial sea centro de atracción y de ayuda para todos, para superar los momentos difíciles de persecución, como ocurre en Nicaragua y en varios países africanos.

Foto:www.famvin.org/es

El Papa nos invita a que nos preguntemos si tenemos algún carisma y si lo ponemos al servicio de los demás. No se trata de saber si tenemos cualidades personales, que indudablemente cada uno tiene, sino de saber si tenemos algún don de Dios que ponemos al servicio de la comunidad.

El regalo de los carismas expresa muy bien lo que es la sinodalidad: todos lo reciben, sean obispos, sacerdotes, religiosos o laicos. A todos les impulsa a caminar juntos para que se instale y amplíe el reinado de Dios en la tierra.

www.consolataamerica.org

Estos dones o carismas los regala el Espíritu a todas las comunidades que creen en Dios y confiesan a Cristo como Redentor. Es decir, todas las comunidades cristianas, no sólo la católica, reciben estos dones. Estos dones van indicando el camino hacia la unidad de las Iglesias cristianas, que en estos tiempos ha avanzado mucho. Dios sabe cuándo llegará la unión, pero a nosotros no corresponde pedir para que así sea, porque sabemos que la unión de las Iglesias es un regalo de Dios al mundo increyente. Roguemos en este mes con insistencia para su gracia, su regalo, su don, sus carismas se repartan por todo el mundo.

P. Fco. Javier Duplá sj.

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