Intención del Papa Francisco Junio 2024: Por el cuidado pastoral de los enfermos (CLICK LEER MÁS)

POR EL CUIDADO PASTORAL DE LOS ENFERMOS.

INTENCIONES DE ORACIONES

JULIO 2024

“Oremos para que el sacramento de la Unción de los Enfermos dé a las personas que lo reciben y a sus seres queridos la fuerza del Señor, y se convierta cada vez más para todos en un signo visible de compasión y esperanza.”

Por el cuidado pastoral de los enfermos – El Video del Papa 7 – Julio 2024

Hoy quisiera hablaros del sacramento de la Unción de los enfermos, que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. Antiguamente se le llamaba «Extrema unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios. Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano», en el Evangelio de Lucas (10, 30-35).

Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la misa crismal del Jueves Santo, precisamente en vista de la Unción de los enfermos. El vino, en cambio, es signo del amor y de la gracia de Cristo que brotan del don de su vida por nosotros y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Por último, se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación.

Este mandato se recalca de manera explícita y precisa en la Carta de Santiago, donde se dice: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con el óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado» (5, 14-15). Se trata, por lo tanto, de una praxis ya en uso en el tiempo de los Apóstoles. Jesús, en efecto, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y por quienes sufren y les transmitió la capacidad y la tarea de seguir dispensando en su nombre y según su corazón alivio y paz, a través de la gracia especial de ese sacramento.

Esto, sin embargo, no nos debe hacer caer en la búsqueda obsesiva del milagro o en la presunción de poder obtener siempre y de todos modos la curación. Sino que es la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo y también al anciano, porque cada anciano, cada persona de más de 65 años, puede recibir este sacramento, mediante el cual es Jesús mismo quien se acerca a nosotros. Pero cuando hay un enfermo muchas veces se piensa: «llamemos al sacerdote para que venga». «No, después trae mala suerte, no le llamemos», o bien «luego se asusta el enfermo». ¿Por qué se piensa esto? Porque existe un poco la idea de que después del sacerdote llega el servicio fúnebre. Y esto no es verdad. El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Es necesario llamar al sacerdote junto al enfermo y decir: «vaya, le dé la unción, bendígale».

Foto:www.pothe.org

Es Jesús mismo quien llega para aliviar al enfermo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados. Y esto es hermoso. No hay que pensar que esto es un tabú, porque es siempre hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno. Pero el consuelo más grande deriva del hecho de que quien se hace presente en el sacramento es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada —ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él. ¿Tenemos esta costumbre de llamar al sacerdote para que venga a nuestros enfermos —no digo enfermos de gripe, de tres-cuatro días, sino cuando es una enfermedad seria— y también a nuestros ancianos, y les dé este sacramento, este consuelo, esta fuerza de Jesús para seguir adelante? ¡Hagámoslo!

Papa Francisco.

COMENTARIO PASTORAL

El sacramento de la unción de los enfermos manifiesta la presencia amorosa del Señor en el momento de la enfermedad. Otros sacramentos hacen presente al Señor en momentos clave de la vida: nacimiento (Bautismo), adolescencia (Confirmación), Matrimonio o Sacerdocio, arrepentimiento de lo mal hecho (Confesión), celebración de la presencia y de la acción de Dios en nosotros (Eucaristía). Pues bien, la enfermedad es un momento clave para sentir a Jesucristo junto a nosotros cuando sufrimos. Él sabe muy bien lo que es sufrir y, a diferencia de nosotros, asumió el dolor porque lo quiso así, como consecuencia de la maldad humana. La enfermedad es consecuencia de una infección externa o de un desgaste interior de nuestro cuerpo y ambas realidades son inevitables. Aceptar esta realidad con paciencia y alegría nos acerca a quien quiso sufrir el dolor por amor a cada uno de nosotros.

 El sacramento de la unción de los enfermos da fuerza al enfermo, una fuerza interior superior a las medicinas, porque el enfermo siente que Jesús está con él, que le toma de la mano, que le mira a los ojos y le dice: Estoy contigo, te amo, sufro cuando tú sufres, el dolor es transitorio, ya lo verás. Y los parientes del enfermo rezan por él, le ponen en las manos de un Dios que nos quiere a todos, enfermos y sanos, con todo su amor infinito. El sacramento de la unción de los enfermos da la esperanza, ayuda a que el enfermo se cure si es lo que Dios quiere para él.

Visitar a los enfermos es una obra de misericordia que les ayuda, sobre todo si les decimos que recibir el sacramento no es señal de muerte próxima (como se creía antiguamente), sino de vida prolongada en este mundo. La experiencia de sufrir una enfermedad grave acerca al enfermo a la comunión, a la común unión con todos los que sufren. Cuando se cure de esa enfermedad, no se olvide de aconsejar el alivio que significa recibir el sacramento de la unción, y así hará un apostolado que muchos enfermos graves necesitan. Roguemos al Señor en este mes por tantos enfermos que no tienen quienes les alivien y consuelen.

P. Fco. Javier Duplá sj.

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