Magnífica Humanitas — Papa León XIV y la ética de la inteligencia artificial (CLICK LEER MÁS)

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad.

Cimentados en Cristo, la piedra viva, experimentamos la acción poderosa y misteriosa del Espíritu Santo, y creemos que todo esfuerzo humano auténtico por cooperar con Él en pro del bien será bendecido por el Padre celestial. Deseamos entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, para identificar juntos nuevos caminos para el bien común y la promoción de una vida digna para todos.

En 1891 León XIII publicó la Encíclica Rerum novarum, cuyo 135° aniversario celebramos este año con profunda gratitud. Con ese documento, mi querido Predecesor impulsó aquella reflexión sobre la sociedad, la economía y la política que hoy llamamos «Doctrina social de la Iglesia». La Doctrina social es hoy un patrimonio de sabiduría, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y orientaciones concretas para actuar.

Las «res novae» de nuestro tiempo. Si en su momento León XIII hablaba de «nuevos asuntos», hoy debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica. La digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando rápida y profundamente nuestro mundo. La técnica no debe considerarse como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre.

Capítulo Primero — Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio. La Iglesia camina en la historia de la humanidad, dialogando con las ciencias humanas y leyendo los signos de los tiempos a la luz de la fe. Desde León XIII hasta el Magisterio reciente, el desarrollo de la Doctrina social se ha sostenido en una constante fidelidad al Evangelio y una atenta lectura de la realidad.

Capítulo Segundo — Fundamentos y principios. El ser humano, imagen del Dios trinitario, posee una igual dignidad inviolable. De allí se derivan el altísimo valor de los derechos humanos y los principios que vertebran la doctrina social: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social, todos orientados al desarrollo humano integral.

Capítulo Tercero — Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA. El paradigma tecnocrático y el poder digital exigen una mirada lúcida. La inteligencia artificial es una ayuda valiosa que, sin embargo, requiere atención, responsabilidad, transparencia y gobernanza. Frente a las narrativas del transhumanismo y posthumanismo, recordamos que el límite, el corazón y la grandeza del ser humano se iluminan plenamente en el humanismo cristiano, en la gracia del «más que humano» que es Cristo.

Capítulo Cuarto — Custodiar lo humano en la transformación: verdad, trabajo, libertad. La verdad es un bien común indispensable para la democracia; necesitamos una ecología de la comunicación y una alianza educativa para la era digital, donde la escuela ocupe un rol central. La dignidad del trabajo debe ser defendida en plena transición digital, atendiendo al desempleo y promoviendo una economía que valore a la persona. Familia y jóvenes son condiciones sociales de la esperanza. Custodiar la libertad significa romper las cadenas de las nuevas esclavitudes, las dependencias y el control social.

Capítulo Quinto — La cultura del poder y la civilización del amor. Denunciamos la normalización de la guerra, el uso desmedido de la fuerza, las armas guiadas por IA y la crisis del multilateralismo. Frente al supuesto realismo político, proponemos construir la civilización del amor: desarmar las palabras, edificar la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo, relanzar el diálogo y sostener la diplomacia y el multilateralismo. Orar y esperar es también una forma concreta de acción.

Conclusión. El Verbo se hizo carne y nos hace un solo cuerpo en Cristo. La obra de nuestro tiempo, sostenida por el canto de esperanza del Magníficat, consiste en custodiar y promover esta magnífica humanidad, para que las herramientas que el ingenio humano produce, incluida la inteligencia artificial, sirvan siempre al florecimiento de la persona y a la fraternidad universal.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 15 de mayo de 2026, en el 135° aniversario de la Encíclica Rerum novarum. — LEÓN XIV.

Fuentes: Carta Encíclica «Magnifica Humanitas» de Su Santidad León XIV

Cardenal Baltazar Porras Cardozo

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