BOLETÍN N0. 3 ENERO-2020 (CLICK LEER MÁS)

La esperanza sonríe en el umbral del año que comienza susurrando “este año será más feliz”

Alfred Tonnyson, Poeta inglés

EDITORIAL

Conviene a animarnos a dar razón de la esperanza no a nivel “teórico”, con palabras, sino sobre todo con el testimonio de vida, y eso tanto dentro de la comunidad cristiana como fuera de ella. Si Cristo está vivo y vive en nosotros, en nuestro corazón, entonces debemos dejar también que se haga visible, no esconderle, y que actúe en nosotros. La novedad de la esperanza –Jesús de Nazaret-
vivió el amor hasta el fondo, dejándose romper por la muerte, como una semilla se deja romper bajo la tierra. Precisamente ahí germinó la esperanza. Como cristianos podemos sembrar amargura, podemos sembrar perplejidad, y eso no es el cristiano, y quien hace esto no es buen cristiano. El mayor impedimento de la vida es la esperanza
que, por depender del mañana, pierde el de hoy. Dispones de lo queestá en manos de la fortuna y sueltas lo que está en las tuyas. Es el Espíritu Santo quien no solo nos hace capaces de tener esperanza, ser también nosotros consoladores y defensores de los hermanos de un pueblo demasiado herido y frustrado.

Acabamos de celebrar la Navidad –Dios-con-nosotros, él viene a caminar con cada uno a lo largo del Año Nuevo, erguidos con Esperanza, confiando en Dios que está ya trabajando para realizar lo que humanamente parecía imposible el año anterior, porque el ancla está en la playa del cielo.
Feliz aquel que abriga aún la Esperanza de sobrenadar en este mar de errores.

Álvaro Lacasta, s.j.
Director Nacional de la
Red Mundial de Oración del Papa

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