Boletín No.26 Abril 2022 (CLICK LEER MÁS)

Álvaro Lacasta s.j.

Director Nacional de la Red Mundial

de Oración del Papa. VENEZUELA.

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EDITORIAL

Desde el principio de su Pontificado el

Papa Francisco viene recibiendo furiosos

ataques de cristianos tradicionalistas

y supremacistas blancos.

Acabo de leer de Leonardo Boff: el tema:“Ataques despiadados contra el Papa Francisco, “justo entre las naciones”. La verdad es que me ha dejado perplejo y dolido. No podía ser de otra manera. En toda mi vida de Jesuita he tratado de ser fiel al magisterio de la Iglesia. Las reglas de San Ignacio “para sentir con la Iglesia” procuré comentarlas siempre y fielmente en los ejercicios espirituales.

Foto: www.elpais.com

No puedo pasar por alto el desparpajo y la insolencia con la cual se ensañan personas contra el Santo Padre.

Nada más electo el Papa Francisco, los Cardenales le encomendaron la tarea de la Reforma de la Curia Romana. No sólo era urgente, sino, como tal, la Iglesia, pueblo de Dios, necesitada de escuchar la voz Profética del Pastor de los Pastores.

Desde el principio de su pontificado, hace nueve años, el Papa Francisco viene recibiendo furiosos ataques de cristianos tradicionalistas y supremacistas blancos casi todos del Norte del mundo, de Estados Unidos y de Europa. Hasta hicieron un complot, involucrando millones de dólares, para deponerlo, como si la Iglesia fuera una empresa. Todo en vano. Él sigue su camino, en el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas, de los perseguidos por causa de la justicia.

Las razones de esta persecución, son varias, geopolíticas, disputa de poder, otra visión de la Iglesia y el cuidado de la Casa Común. Los ataques serán porque a nivel personal es sumamente austero, sencillo y humilde; porque su mirada no lo aparta un instante de los 3.000 obispos católicos.

“Una Iglesia pobre, para los pobres, ha manifestado como primer mandamiento franciscano.

La consigna no da lugar a error: Los más marginados son la carne de la Iglesia. Puertas adentro, ¿podrá y querrá  parte de la Curia acepar ese legado que implica un inevitable sismo en el Gobierno Católico de Roma?

¿Podrá el Papa llevar su misión que implica una refundación de la Iglesia? ¿Conseguirá parte del Vaticano alinearse definitivamente con su líder que plantea el viaje de timón acaso más radical en los últimos 100 años?

De algo estamos seguros, este es el Papa más dialogista, abierto y oportuno para los tiempos que ocurren en un mundo en permanente cambio. Astuto y carismático como ningún otro, sabe que su revolución ya camina por la cuerda floja. Sólo los audaces están dispuestos a hacer equilibrio y llegar al otro extremo sin fallar en el intento.

¿Podrá conseguirlo Francisco? Su valentía, seguridad y confianza posiblemente son más que meros indicios. Sólo quienes intentan asumir el riesgo pueden modificar el rumbo. Y la esperanza, se sabe, es último que se pierde.

Tengo presente el comentario del P. Antonio Spadero, s.j. Director de la Civiltá Católica, después de la entrevista con el Papa Francisco:

“Cuando entro a su habitación, el Papa ofrece que me siente en una butaca. Sus problemas de espalda hacen que él deba ocupar una silla más alta y rígida que la mía. El ambiente es simple y austero. Sobre el escritorio el espacio de trabajo es pequeño. Me impresiona lo esencial de los muebles y las demás cosas. Los libros son pocos, son pocos los papeles, pocos los objetos. Entre estos , una imagen de san Francisco, una estatua de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, un crucifijo y una estatua de San José sorprendido en el suelo, muy parecida a la que vi en su despacho de rector y superior provincial en el Colegio Máximo de San Miguel.

La espiritualidad de Bergoglio no está hecha de energías en armonía, como las llama él, sino de rostros humanos, Cristo, San Francisco.

El Papa me acoge con esa sonrisa que a estas alturas ha dado la vuelta al mundo, y que ensancha los corazones.

Corresponde totalmente ese testimonio con la aportación siguiente. Lo que está escandalizando a los cristianos tradicionalistas es su estilo de ejercer el ministerio de unidad de la Iglesia. Ya no se presenta como el pontífice clásico vestido con los signos paganos tomados de los emperadores romanos, especialmente la famosa “mozzeta”, aquella capita blanca llena de símbolos del poder absoluto del emperador y del papa.  Francisco se libró rápidamente de ella y se vistió una “mozzeta” blanca sencilla, como la del gran profeta de Brasil, Dom Helder Cámara, y su cruz de hierro sin ninguna joya.

Me cuesta creer que lo que escandaliza sea porque se negó a vivir en un palacio pontificio y escoger una simple casa de huéspedes, Santa Marta. Allí entra en la fila para servirse y comer junto a todos. No calza la marca “Prada”, sino sus zapatos viejos y gastados. Renunció a todos los títulos honoríficos de los Papas y escribió únicamente, Franciscus, Pontifex. Desde  el inicio del pontificado dijo expresamente que no iba a presidir la Iglesia con el derecho canónico sino con el amor y la ternura. Muy frecuentemente repite que quiere una Iglesia pobre y de pobres.

Como dice el gran eclesiólogo Jean-Yves Congar, con este Papa se consolidó el cambió más decisivo de la Iglesia que tantos problemas creó y del cual ya nunca se ha liberado; el ejercicio centralizado, autoritario  y hasta despótico del poder. En las 27 proposiciones de la bula, el Papa es considerado el Señor absoluto de la Iglesia, el Señor único y supremo del mundo, volviéndose la autoridad suprema en el campo espiritual y temporal. Esto nunca ha sido dicho.

Basta con leer el canon 331 en el cual dice que “el Pastor de la Iglesia universal tiene el poder ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal”. ¿Quién de los humanos sino Dios, puede atribuirse tal concentración de poder? Aquí se realiza aquello que Thomas Hobbes constata en su Leviatán: “Señalo como tendencia general de todos los hombres, un perpetuo e inquieto deseo de poder y más poder, que sólo cesa con la muerte. La razón de esto radica en el hecho de que no se puede garantizar el poder si no es buscando todavía más poder”. Esta ha sido, en parte, la trayectoria de la Iglesia en relación con el poder, que persiste hasta el día de hoy. Dista años luz de la visión de Jesús que quería un poder-servicio y no un poder –jerárquico.

De todo ello enfatiza Leonardo Boff: “se aleja el Papa Francisco, lo que causa indignación a los conservadores y reaccionarios, claramente expresado en el libro de 45 autores de octubre de 2021: De la –paz de Benedicto a la guerra de Francisco- organizado por Peter A. Kwasniewski.

Existe un problema de geopolítica eclesiástica: los tradicionalistas rechazan  a un Papa que viene “del fin del mundo”, que trae al centro de poder del Vaticano otro estilo, más próximo a la gruta de Belén que a palacios de emperadores. Nuevos estilos de vivencia de la fe y en permanente diálogo con el mundo, especialmente con los condenados de la Tierra, que tienen siempre una palabra que decir sobre las llagas que sangran en el Cuerpo Crucificado, presente en los empobrecidos y oprimidos. Puede ser que lo que más molesta a los cristianos anclados en el pasado es la visión de la Iglesia vivida por el Papa: una Iglesia “hospital de campaña” siempre en salida “rumbo a las periferias existenciales”.

Ella acoge a todos sin preguntar su credo o su situación moral. Es suficiente que sean seres humanos en busca de sentido de la vida y sufridores de las adversidades de este mundo globalizado, injusto, cruel y sin piedad. Jesús vino a enseñar a vivir: la confianza total en Dios-Abbá, a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión con los caídos en los caminos, el cuidado con lo creado. El Papa Francisco predica incansablemente la misericordia ilimitada por la cual Dios salva a sus hijos e hijas, pues Él no puede perder a ninguno de ellos, frutos de su amor, “pues es el apasionado amante de la vida”. Por eso afirma  que “por más que alguien esté herido por el mal, nunca está condenado sobre esta tierra a quedar para siempre separado de Dios. Su obra más importante muestra la preocupación por el futuro de la vida de la madre Teresa. Elabora una ecología integral que abarca el ambiente, la sociedad, la política, la cultura, lo cotidiano y el mundo del espíritu. La Laudato Sí expresa el verdadero sentido en el subtítulo “sobre el cuidado de la Casa Común”. Todo esto adquiere su sentido pleno cuando dice que “estamos en el mismo barco, o todos nos salvamos o nadie se salva. Grandes investigadores de la ecología mundial afirmaron con esta contribución: el Papa Francisco se pone a la cabeza de la discusión ecológica  contemporánea.

Casi desesperado, pero aún lleno de esperanza, propone un camino de salvación: la fraternidad universal y el amor social, en función de lo cual se cuenta con todos los esfuerzos humanos.

Foto: www.elcolombiano.com

El Papa caminando solo por la Plaza de San Pedro bajo una lluvia fina, en tiempos de la Pandemia, quedará con una imagen indeleble y un Símbolo de su misión de Pastor que se preocupa y reza por el destino de la humanidad. Revela todo su optimismo y esperanza contra toda esperanza: “Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quite la alegría de la esperanza”.

Tienen que ser enemigos de su propia humanidad quienes condenen inmisericordiosamente las actitudes tan humanitarias del Papa Francisco, en nombre de un sector del cristianismo un tanto estéril, convertido en un fósil del pasado. Los ataques feroces que le hacen pueden ser todo menos cristianos y evangélicos. El Papa Francisco los tolera imbuido de la humildad de San Francisco de Asís y de los valores de Jesús histórico. Con razón, merece el título:

“JUSTO ENTRE LAS NACIONES”

P.D. Sugiero la lectura del artículo de Leonardo Boff: Ataques despiadados contra el Papa Francisco, “justo entre los justos”.

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