Queridos hermanos y hermanas:
En esta catequesis reflexionamos sobre el Espíritu Santo y la Iglesia en el libro de los Hechos de los Apóstoles. El autor de ese libro sagrado —que es el evangelista Lucas— destaca la misión universal de la Iglesia como signo de una nueva unidad entre todos los pueblos. Por tanto, se dan dos movimientos: la universalidad y la unidad. Por una parte, el Espíritu Santo impulsa a la Iglesia a abrir las puertas y salir para anunciar el Evangelio a todos, a todossin distinción —es la universalidad— y, por otra parte, reúne a la comunidad íntimamente en torno a Cristo; es el “vínculo de unidad”.
Sin embargo, sabemos que alcanzar y mantener la unidad en la Iglesia no es fácil, como sucede también en otros ámbitos. Si bien todos queremos la unidad de la Iglesia, es difícil de obtener, incluso a veces es difícil de mantener en una familia. Un punto de examen para ver por qué nos cuesta tanto es ver a quién ponemos en el centro. No olvidemos que la unidad de Pentecostés, es decir, la que hace posible el Espíritu Santo, se realiza poniendo en el centro a Cristo y no a nosotros mismos. Cuando en una familia cada uno de nosotros se pone al centro no funciona.
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