Cómo el Sagrado Corazón inspiró a José Gregorio Hernández, el científico y filántropo que hoy es beato (CLICK LEER MÁS)

JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ

DEVOTO DEL SAGRADO CORAZÓN

F. Javier Duplá sj.

“La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo. La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones, porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Pero fue Jesús mismo quien, en el siglo diecinueve, en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón. Dos, pues, son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.” 1

Foto:www.ar-ar.facebook.com/jesusymaria13

Que José Gregorio Hernández era un hombre muy religioso, todo el mundo lo sabe. Iba a misa todos los días y comulgaba, algo muy infrecuente en aquellos días. Pasaba grandes ratos en adoración delante del Santísimo Sacramento. Rezaba todos los días el Ángelus, como aprendió de su madre, y hacía un buen rato de oración en su casa. Se enfrentó a los intelectuales positivistas desde su posición de ferviente católico y supo unir de una manera admirable ciencia y fe. En su habitación tenía un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús. 2

Al regresar de sus estudios en París se hace padre y madre de sus hermanos, que habían perdido a sus progenitores, les aconseja, les ayuda económicamente. “Como una madre consuela a un hijo, así les consolaré yo” (Is 66,13).

“José Gregorio se reconocía como instrumento de aquella ayuda divina que hace a los hombres buenos y que no puede ejercer “José Gregorio se reconocía como instrumento de aquella ayuda divina que hace a los hombres buenos y que no puede ejercer.

Foto:www.twitter.com/AntanoValencia

Tenía como confesor y director espiritual a monseñor Juan Bautista Castro, octavo obispo metropolitano de Caracas, quien encomendó la República de Venezuela al Santísimo Sacramento del altar en 1904 y transmitió esta devoción a su dirigido José Gregorio. Él le recomendó que no se hiciera sacerdote, sino que Dios le quería como médico de los pobres y profesor extraordinario. José Gregorio le hizo caso, aunque le costó tomar esa decisión.

La vida contemplativa le sirvió de fundamento para su vida activa profesional y su vida familiar. Íntegro en su carácter, fiel a la verdad, disciplinado en su misión de profesor y de médico. La muerte de su hermano Benjamín en 1894, a quien diagnosticó tal vez demasiado tarde, le hunde en una amargura desconocida, de la que pudo salir gracias a su espiritualidad.

Tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco en la Iglesia de las Mercedes en diciembre de 1899. Sintió atracción desde joven por la vida conventual, como le dice a su amigo Dominici en carta de octubre de 1912. Ingresa en un convento de cartujos en 1908, pero el mismo prior le disuade de continuar, porque su vocación es para la vida activa.

Foto:www.papaboys.me

San Claudio de la Colombière recibió como encargo dar a conocer la devoción al Corazón de Jesús, ese Corazón que tanto ha amado a los hombres y ha recibido ingratitudes. De ahí que “sea imposible concebir la fe o la religión si no es una relación personal de amor”. 4 Y esa fue sin duda la fe de José Gregorio, que aceptaba y creía en los dogmas, pero más importante para él era el amor a Cristo crucificado y resucitado.

“El Apostolado de la Oración realiza una función profética, porque promueve directa o indirectamente la espiritualidad del Corazón de Cristo”. “Para seguir verdaderamente a Jesús, para ser en verdad cristiano, hay que estar unido a Cristo en su servicio a los más pequeños, como gesto concreto de su amor al Padre”. 5 Y esto lo cumplió cabalmente nuestro JGH, como todo el mundo lo decía y era por eso tan admirado. No cobraba cuando su cliente era pobre, adivinaba la enfermedad que el paciente no sabía expresar, visitaba varias veces a los que él había recetado. Eran maneras prácticas de cumplir lo que el Corazón de Jesús quería de sus fieles devotos, que era amar a los demás como su Corazón les amaba.

Papa Francisco sobre José Gregorio Hernández

La compasión de la caridad no se contenta con donar sus bienes, sino que exige el don de uno mismo y eso lo sabía muy bien José Gregorio. Esta exigencia de salir incesantemente de sí mismo es la participación deseada en la pasión del Señor crucificado y glorificado. José Gregorio interrumpía su descanso si le llamaban para atender a un enfermo. Eso fue lo que hizo el día que murió: salió apresuradamente para atender a una señora y luego le compró los medicamentos en la botica de la esquina Amadores. Al cruzar la calle con prisa le atropelló un carro y al caer se partió la nuca y murió inmediatamente. Fue una muerte sin apenas dolor y, sobre todo, sin dar trabajo a nadie, como a él le gustaba.

Oración al Dr Jose Gregorio Hernandez para sanación de enfermos

Estas breves notas conducen al sentimiento de que José Gregorio es un gran modelo a seguir, especialmente en estos tiempos tan malogrados. El Sagrado Corazón de Jesús nos conceda que él interceda por esta su querida patria para que vea tiempos mejores, más ajustados a su amor por nosotros.

Entronización del Sagrado Corazón de Jesús

“José Gregorio Hernández, expone en esta plegaria los sublimes sentimientos y sólida fe que anidan en su alma, así, pudo realizar esta oración con tanto amor que conmueve a todo corazón humano”. Fuente

“Gloria al Sagrado Corazón de Jesús, cuya misericordia ha sido infinita con los siervos felices de este hogar, al escogerlo entre millares, como herencia de amor y santuario de reparación por la ingratitud humana.

¡Con cuanta confusión, Señor Jesús, esta porción de tu rebaño fiel acepta el honor insigne de verte presidir nuestra familia; cómo te adora en silencio y se regocija al verte compartir bajo el mismo techo las fatigas, los afanes y también los castos goces de estos hijos tuyos!

¡Ah!, no somos dignos, es verdad, que Tú entres en esta humilde morada, pero Tú has dicho ya unas palabras reveladoras tu Corazón Santísimo, y nuestras almas han sentido sed de Ti, y han hallado las aguas vivas, que saltan hasta la Vida eterna, en tu Costado herido, ¡oh buen Jesús! Por eso, contritos venimos a entregarnos a Ti, que eres la Vida inmutable. Permanece entre nosotros, ¡oh Corazón sacrosanto!. Pues sentimos ansias supremas de amarte. Y hacerte amar, y Tú eres la razón ardiente que ha de abrazar al mundo para regenerarlo.

¡Ah, sí! que esta casa sea tu refugio, tan dulce como el de Betania, donde encontraste solaz en las almas amigas que han escogido la mejor parte en la intimidad venturosa de tu Corazón; sea éste, Salvador amado, el asilo pobre pero cariñoso del Egipto en el destierro de tus enemigos.

‘Ven, Señor Jesús, ven…, pues en esta casa, como en Nazaret, se quiere con entrañable amor a la Virgen María, a esa Madre tan tierna que Tú mismo nos diste: ven a llenar con Tu presencia deliciosa los vacíos que la muerte y la desgracia han dejado entre nosotros…

¡Ah! Si Tú, el Amigo fidelísimo, hubieras estado en nuestras horas de duelo, ¡cómo se hubieran endulzado tantas lágrimas y cuánto bálsamo de paz hubiéramos sentido en aquellas heridas secretas que solo Tú conoces…!

¡Ven! …, porque se acerca tal vez para nosotros la tarde angustiosa de nuevos pesares, y declina el día fugaz de nuestra juventud y de nuestras ilusiones; quédate con nosotros, porque ya anochece, y el mundo perverso quiere envolvernos en las tinieblas de sus negaciones y nosotros te queremos a Ti, porque sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida Eterna Jesús, como en tiempo antiguo: “Es preciso que desde hoy me deis hospedaje en vuestra casa”. Sí, Señor, establece aquí tu tabernáculo, a cuya sombra vivimos de tu compañía, nosotros que te proclamamos nuestro Rey, porque no queremos que otro reine sino sólo Tú,

¡Viva siempre amado, bendecido y glorificado en este hogar el Corazón triunfante de Jesús: ven a nos tu Reino! Amén”.

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