Intención de Oración Universal Noviembre (CLICK LEER MÁS)

Intención de oración universal: La inteligencia artificial.

Recemos para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio del ser humano.

 “Es importante reiterarlo: «La inteligencia artificial, la robótica y otras innovaciones tecnológicas deben emplearse de tal manera que contribuyan al servicio de la humanidad y a la protección de nuestra casa común, en lugar de lo contrario, como algunos análisis, lamentablemente, prevén.» (Mensaje al Foro Económico Mundial en Davos, 12 de enero de 2018). La dignidad inherente de cada ser humano debe colocarse firmemente en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción.

A este respecto, conviene señalar que la denominación de “inteligencia artificial”, aunque ciertamente de efecto, puede ser engañosa. Los términos ocultan el hecho de que ―a pesar del útil cumplimiento de las tareas serviles (es el significado original del término “robot”) ―, los automatismos funcionales siguen estando cualitativamente distantes de las prerrogativas humanas del saber y del actuar. Y por lo tanto pueden llegar a ser socialmente peligrosos. Además, el riesgo de que el hombre sea ‘tecnologizado’, en lugar de la técnica humanizada, ya es real: a las llamadas “máquinas inteligentes” se atribuyen apresuradamente las capacidades que son propiamente humanas.

Necesitamos entender mejor qué significan, en este contexto, la inteligencia, la conciencia, la emocionalidad, la intencionalidad afectiva y la autonomía de la acción moral. Los dispositivos artificiales que simulan las capacidades humanas, en realidad, carecen de calidad humana. Hay que tenerlo en cuenta para orientar su regulación de uso y la investigación misma, hacia una interacción constructiva y equitativa entre los seres humanos y las últimas versiones de las máquinas. Las máquinas, de hecho, se propagan en nuestro mundo y transforman radicalmente el escenario de nuestra existencia. Si conseguimos tener en cuenta estas referencias también en los hechos, el extraordinario potencial de los nuevos descubrimientos puede irradiar sus beneficios a cada persona y a toda la humanidad.

DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA

FRANCISCO, 25 de febrero de 2019

COMENTARIO

La pregunta clave en este tema de la inteligencia artificial es: ¿llegarán las máquinas inventadas y dirigidas por el hombre a sobreponerse a sus inventores y a dirigirles la vida? Aunque parezca absurdo, puesto que el efecto no puede superar a la causa, algunos científicos e investigadores lo afirman sin embarazo. Un profesor de la universidad de Jerusalén – Yuval Noah Harari – dice que la ingeniería biológica, ayudada por la inteligencia artificial, “fusionará el cuerpo orgánico con dispositivos no orgánicos, como manos biónicas, ojos artificiales o millones de nanorrobots que navegarán por nuestro torrente sanguíneo, diagnosticarán problemas y repararán daños”. Este autor niega la realidad del alma, niega también la realidad del libre albedrío. Según él, las elecciones que hacemos no son libres, sino predeterminadas genéticamente. “Si los organismos en verdad carecen de libre albedrío, ello implica que podemos manipular e incluso controlar sus deseos mediante el uso de drogas, ingeniería genética y estimulación directa del cerebro”.

Estamos en una era de la religión de los datos. “Las ciencias de la vida han acabado por ver a los organismos como algoritmos bioquímicos”. Todo se puede explicar en procesos matemáticos predecibles y manejables. “Los organismos son algorítmicos; jirafas, tomates y seres humanos son sólo métodos diferentes de procesar datos”.

Frente a este rebajamiento del ser humano, hay que resaltar y entender mejor, como dice el Papa, “la inteligencia, la conciencia, la emocionalidad, la intencionalidad afectiva y la autonomía de la acción moral. Los dispositivos artificiales que simulan las capacidades humanas, en realidad, carecen de calidad humana.” Todo lo que produce el ser humano, los afectos, la creatividad musical y artística, la conciencia, etc., no pueden estar por encima de quien los produce. Los avances que están ocurriendo en nuestros días permiten que sean las máquinas las que hagan trabajos que se consideran pesados y repetitivos. Esto, que parece bueno, tiene el lado malo de dejar sin trabajo a millones. El futuro de los empleos es malo, según el autor: “Millones de puestos de trabajo serán sustituidos por robots, que usarán algoritmos que ya se van inventando y aplicando. Casi el 100% de los siguientes empleos desaparecerán para 2033: televendedores, agentes de seguros, árbitros deportivos, cajeros, camareros, guías de viajes, transportistas.”

El progreso es por lo tanto ambiguo, puede servir para construir o para destruir, como es el caso de la energía atómica. Tenemos que enseñar a las jóvenes generaciones el buen uso de los avances científicos y tecnológicos. Pidamos a Dios nuestro Padre que la raza humana no se enajene o autodestruya por la inconsciente creencia de que todo progreso es bueno. Hagámoslo ver a los que en el futuro serán los científicos: que sus descubrimientos sean para el bien y no para el mal.

P. Fco. Javier Duplá sj.

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