Intención del Papa Marzo 2023: Por las víctimas de los abusos (CLICK LEER MÁS)

Por las víctimas de los abusos

“Oremos por los que sufren a causa del mal recibido por parte de los miembros de la comunidad eclesial: para que encuentren en la misma Iglesia una respuesta concreta a su dolor y sufrimiento”.

ENCUENTRO “LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA”

 […] Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades. Solo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistemáticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opinión pública sobre un problema que antes se consideraba un tabú, es decir, que todos sabían de su existencia, pero del que nadie hablaba. Esto también me trae a la mente la cruel práctica religiosa, difundida en el pasado en algunas culturas, de ofrecer seres humanos —frecuentemente niños— como sacrificio en los ritos paganos.

Sin embargo, todavía en la actualidad las estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (OMS, Unicef, Interpol, Europol y otros), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados, en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar. De hecho, muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda.

Foto: www.nytimes.com

Detrás de esta reticencia puede estar la vergüenza, la confusión, el miedo a la venganza, los sentimientos de culpa, la desconfianza en las instituciones, los condicionamientos culturales y sociales, pero también la desinformación sobre los servicios y las estructuras que pueden ayudar. Desgraciadamente, la angustia lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo. Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales. […] Estamos, por tanto, ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia. La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños.

Foto: adn.celam.org

No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.

Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad. Hermanos y hermanas, en la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de la ira de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos. El eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder. Nosotros tenemos el deber de escuchar atentamente este sofocado grito silencioso. […] ¿Cuál es, por tanto, el “significado” existencial de este fenómeno criminal? Teniendo en cuenta su amplitud y profundidad humana, hoy no puede ser otro que la manifestación del espíritu del mal.

Foto: www.upo.es

Si no tenemos presente esta dimensión estaremos lejos de la verdad y sin verdaderas soluciones. Así pues, el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. La Iglesia, para lograr dicho objetivo, tiene que estar por encima de todas las polémicas ideológicas y las políticas periodísticas que a menudo instrumentalizan, por intereses varios, los mismos dramas vividos por los pequeños. Por lo tanto, ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial. Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos.

Papa Francisco.

COMENTARIO PASTORAL

P. Fco. Javier Duplá s.j.

Ya lo dijo Jesucristo: “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, pero ¡ay del hombre por quien viene el escándalo!” (Mt 18, 6-7). Tremendas palabras del Señor que tratan de frenar esta situación repetida una y otra vez en la historia humana. Los niños son inocentes, no creen que pueden ser objeto de deseo sexual por parte de los adultos y menos si son de su familia cercana. Y tampoco sienten que las personas de autoridad cercanas a ellos puedan abusar, y menos si son sacerdotes o religiosos.

Foto: www.vaticannews.va

Bien dice el Papa que esto ha ocurrido siempre en todas las culturas y sociedades, pero que hasta hace unos pocos años se ocultaban tales abusos. Pues bien, mejor es que aparezcan a la luz y así puedan ser corregidos y prevenidos. Si ocurren en la comunidad eclesial, la credibilidad moral de la Iglesia queda afectada. Como dice el Papa, “el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren”, sabiendo que por Iglesia entendemos no sólo las autoridades, sino todos los fieles practicantes, solidarios con el dolor y dispuestos a ayudar en el esfuerzo de eliminar este mal.

Foto: www.aciprensa.com

La oración de este mes pone de relieve que estamos ante el misterio del mal. Los siete pecados capitales se apoyan en las tendencias naturales a querer vivir mejor (avaricia), al placer (gula, lujuria, pereza) y a sobresalir en las relaciones con los demás (soberbia, ira, envidia). Algunos sienten más unas inclinaciones al mal y no tanto otras, pero todos tenemos que combatirlas con la oración, los sacramentos y el amor a Dios y a los demás.

Pidamos con fervor que disminuya ese flagelo del abuso de menores, y que las autoridades de la Iglesia lo combatan con toda honestidad y confianza en Dios.

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