Intención Junio 2022: Por las familias (CLICK LEER MÁS)

Recemos por las familias cristianas de todo el mundo, para que, con gestos concretos, vivan la gratuidad del amor y la santidad en la vida cotidiana.

ÁNGELUS, Francisco 27 de diciembre de 2018

A imitación de la Sagrada Familia, estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza. En la familia se podrá experimentar una comunión sincera cuando sea una casa de oración, cuando los afectos sean serios, profundos, puros, cuando el perdón prevalezca sobre las discordias, cuando la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios. De esta manera, la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría. Al mismo tiempo, halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; la familia evangeliza con el ejemplo de vida. Es cierto, en cada familia hay problemas, y a veces también se discute. “Padre, me he peleado…”; somos humanos, somos débiles, y todos tenemos a veces este hecho de que peleamos en la familia. Os diré una cosa: si nos peleamos en familia, que no termine el día sin hacer las paces. “Sí, he discutido», pero antes de que termine el día, haz las paces. Y sabes ¿por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa. No ayuda. Y luego, en la familia hay tres palabras, tres palabras que hay que custodiar siempre: “Permiso”, “gracias”, “perdón”. “Permiso”, para no entrometerse en la vida de los demás. Permiso: ¿puedo hacer algo? ¿Te parece bien que haga esto? Permiso. Siempre, no ser entrometidos.

Permiso, la primera palabra. “Gracias”: tantas ayudas, tantos servicios que nos hacemos en la familia: dar siempre las gracias. La gratitud es la sangre del alma noble. «Gracias”. Y luego, la más difícil de decir: «Perdón”. Porque siempre hacemos cosas malas y muchas veces alguien se siente ofendido por esto: “Perdóname”. No olvidéis las tres palabras: “permiso”, “gracias”, “perdón”. Si en una familia, en el ambiente familiar hay estas tres palabras, la familia está bien. 

Encuentro Mundial de las Familias – Roma 2022

COMENTARIO PASTORAL

Uno de los mayores regalos que puede recibir un ser humano es nacer en una familia con fe cristiana practicante. Esa fe le orienta a la niña y al niño para que su vida vaya en una dirección preciosa de amor a los demás y a Dios. Si falta la familia, es decir, si no están padre y madre dedicados a los hijos, el resultado ya lo conocemos: peligro de asociación del joven con bandas criminales o de tráfico de drogas, falta de sentido de la propia vida, rechazo de los valores que construyen las vidas humanas y una sociedad estable.

El Papa Francisco, como muchos de nosotros, creció en una familia amorosa y estable, en la que los padres daban buen ejemplo. Eso es lo fundamental para la vida futura de los hijos, aunque haya a veces choques y malentendidos, porque cada miembro de la familia es diferente. El Papa se fija en el día a día y propone esas tres palabras: “permiso”, “gracias” y “perdón”, que se refieren a situaciones cotidianas en las que todos y cada uno – padre, madre, hijos – abordan malentendidos con espíritu positivo. Se trata de gestos concretos que promueven un ambiente positivo y agradable: no dejar ropa sucia tirada, ayudar a poner y quitar la mesa, aprender a cocinar cosas sencillas, ayudar con la tarea a los hermanos pequeños, salir juntos de paseo, programar las vacaciones para pasarlas si es posible todos juntos, y un largo etcétera que inventan la creatividad y el amor.

El amor verdadero es gratuito, ni se compra ni se vende, como dice la canción. No hay mejor lugar para comprobarlo que dentro de la familia. Las sociedades son estables si hay muchas familias estables y amorosas. En las estadísticas se mide el PIB, el porcentaje de analfabetismo, el número de alumnos por nivel educativo y un largo etcétera, y eso está muy bien, Pero no se mide ni se puede medir el ambiente familiar, la felicidad dentro de hogar, el buen ejemplo de los padres. Eso es lo que le pedimos al Señor en este mes: que Él lo mida, lo incremente y haga así posible una familia cristiana más cercana a su corazón, especialmente en este mes, dedicado al Corazón de Jesús.

P. Fco. Javier Duplá sj.

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