Intención Universal-Julio (CLICK LEER MÁS)

Intención de oración universal: Nuestras familias

Nuestro mundo, a menudo tentado y guiado por lógicas individualista y egoísta, no poca veces pierde el significado y la belleza de los vínculos estables, del compromiso con las personas, del cuidaddo incondicional, de la asunción de responsibilidad en favor del prójimo, de la gratuidad y del don de uno mismo. Por esta razón, es difícil entender el valor de la familia, y se acaba por concebirla según la misma lógica que privilegia al individuo en lugar de las relaciones y del bien común. Y esto a pesar del hecho de que en los ultimos años de crisis económica la familia ha representado el amortiguador socila más poderoso, capaz de redistribuir los recurso segun las nesecidades de cada uno.

Por el contrario, el pleno reconocimiento y el apoyo adecuado a la familia deberían sel el primer interés por parte de las instiuciones civiles, llamadas a favorecer la creación y el crecimiento de familias fuertes y serenas, que se ocupen de la educaión de los hijos y atiendan las situaciones de debilidad. De hecho, quien aorende a vivir relaciones auntenticas dentro de la familia, será tambien más capaz de vivirlas en contextos más amplios, desde la escuela hasta el mundo del trabajo; y quien se ejercita en el respecto y el servicio en el hogar podrá tambien praticarlos mejor en la sociedad y en el mundo.

Ahora bien, el objetivo de un apoyo más fuerte a las familias y de su valorización más apropiada, debe lograse a través de una obra incansable de sensibilización y de dialogo. este es el compromiso de Foro desde hace veinticinco años, durante los cuales habéis llevado a cabo un gran numero de iniciativas, estableciendo una relación de confianza y colaboración con las instituciones. Os insto a que continuéis haciéndos promotores de propuesta que muestren la belleza de la familia, y que casi obliguen, por que son convincentes, a reconocer su importancia y preciosidad. Os animo, por lo tanto, a dar testimonio de la alegría del amor, que ilustré en la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, donde recogí los frutos del providencial itinerario sinodal sobre la familia, recorrido por toda la Iglesia. De hecho, no hay mejor argumento que la alegría que, transparentándose desde el interior, demuestra el valor de las ideas y de las vivencias e indica el tesoro que hemos descubierto y deseamos compartir.

FRANCISCO.

COMENTARIO PASTORAL

“Yo no creo en la familia. La familia es una mentira construida por quien organizó este mundo para poder controlar mejor a la gente y explotar mejor la obediencia a las normas y a las leyendas… La familia no es más que el portavoz de un sistema que no puede permitirse desobedecer”. Este texto, tomado de una obra de Oriana Fallaci (Carta a un niño que nunca nació) no expresa la opinión de la famosa periodista, sino de un sistema totalitario, que ella describe al niño que lleva en su seno. De hecho, ella quisiera que ese niño tuviera también un padre amoroso y preocupado por él, cosa que no ocurrió porque murió antes de los cinco meses.

La familia es la institución más natural de los seres vivos de rango superior. Ella hace posible el crecimiento de seres absolutamente dependientes, de la madre en primer lugar, pero también del padre; de ellos reciben afecto incondicional, protección y alimento. Ellos enseñan a vivir, muestran qué vale la pena asimilar y qué hay que rechazar, qué es bueno y qué es malo, empujan a las relaciones familiares más amplias y luego a las sociales, corrigen lo que en el egoísmo natural del niño perjudica a los demás. Puede decirse que la calidad de vida un país, su verdadero PIB, depende las familias que lo componen.

La educación de los hijos es un derecho primordial: enseñarles a leer, transmitirles la fe religiosa, abrirles perspectivas de futuro y, sobre todo, darles buen ejemplo de unión familiar, de comprensión, de perdón por las desavenencias que lleva consigo la estrecha convivencia de cada día.

Nada puede sustituir al padre y a la madre en esta preciosa tarea, aunque cuando falta uno de ellos son los abuelos los que cumplen ese papel. Lo que no se puede aceptar es un niño o una niña abandonados a su suerte, sin cercanía afectiva, sin protección. De ahí surgen las bandas criminales que causan destrucción y miseria.

Recemos por los novios prontos a contraer matrimonio, para que se propongan ser en el futuro padres y madres como Dios manda y Venezuela necesita.

P. Fco. Javier Duplá sj.

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